Según la consultora Counterpoint Research, varios fabricantes chinos de smartphones se preparan para subir los precios a partir de este mismo mes de marzo, impulsados por el fuerte aumento del coste de las chips de memoria. Se trata de una subida global amplificada por la explosión de la demanda vinculada a la inteligencia artificial generativa, que está provocando una auténtica onda de choque en los mercados emergentes. Y que podría intensificarse aún más con los efectos combinados del conflicto en Oriente Medio.
En África, donde los smartphones chinos de bajo coste concentran el 50% de las ventas, esta crisis podría revelar vulnerabilidades estructurales y acelerar profundas recomposiciones estratégicas. Con un 81% de las ventas por debajo de los 200 dólares y una fuerte dependencia de fabricantes como Transsion (Tecno, Infinix, Itel), el continente se ha convertido en un laboratorio de los desafíos que plantea la reconfiguración global de las cadenas de suministro tecnológicas.
Envíos de smartphones en África y crecimiento anual
Cabe destacar que la escasez mundial de chips de memoria es el resultado de un brusco reajuste sectorial impulsado por dos fuerzas simultáneas. Por un lado, el desvío masivo de la capacidad de producción hacia los servidores de inteligencia artificial, mucho más rentables, ha reducido drásticamente la oferta disponible para la electrónica de consumo, como subraya Counterpoint Research.
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Por otro lado, el aumento del coste de los componentes ha alcanzado niveles históricos: en enero de 2026, los precios de DRAM y NAND marcaron máximos inéditos desde que se comenzó a registrar esta serie en 2016, según la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China.
Esta doble presión repercute con fuerza en la estructura de costes de los smartphones. En el segmento entry-level (menos de 200 dólares), la memoria representa ahora hasta el 43% del coste total de fabricación (Bill of Materials), lo que ha provocado un aumento trimestral del 25% en el primer trimestre de 2026.
En cambio, los dispositivos premium (más de 800 dólares) afrontan un sobrecoste de entre 100 y 150 dólares por unidad, con las chips representando el 23% del BOM. Ante esta situación, los fabricantes están adoptando medidas inevitables: subidas de precios de entre el 15% y el 25%, simplificación de las gamas de productos y reducción de especificaciones técnicas no esenciales para preservar unos márgenes ya muy ajustados en un sector altamente competitivo.
Mercados de alto riesgo y mercados resilientes
El impacto del encarecimiento de las chips de memoria en África pone de relieve profundas fracturas entre los distintos mercados, amplificadas por sus particularidades económicas y comerciales. Manish Pravinkumar, analista de Omdia, resume esta asimetría:«Con el 81% de las ventas por debajo de los 200 dólares en 2025, el grueso del mercado africano está extremadamente expuesto a la inflación de los componentes».
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Nigeria y Kenia serán los países sometidos a mayores presiones. Según los datos de Omdia correspondientes al cuarto trimestre de 2025, Nigeria —el mayor mercado del continente por volumen— registró un crecimiento del 25% en las entregas de smartphones en 2025, pero este rendimiento se sustenta en una dependencia masiva (60%) de modelos con precios inferiores a 200 dólares.
Una subida de precios podría provocar un efecto tijera, empujando a los consumidores hacia el mercado de smartphones reacondicionados o alargando considerablemente los ciclos de renovación.
Kenia, donde el crecimiento de los envíos fue de apenas un 3% interanual, debido a la presión del coste de la vida, refleja una economía en la que el margen financiero de los hogares ya está muy limitado. La subida prevista podría erosionar aún más el poder adquisitivo.
Por el contrario, Egipto, que registró un crecimiento del 22% en los envíos de smartphones en 2025, debería mostrar mayor capacidad de resistencia. Su estrategia de ensamblaje local (para Samsung, Xiaomi y OPPO) podría actuar como amortiguador, reduciendo la dependencia de los costes logísticos y aduaneros. Además, la concentración de ventas (60%) en el segmento 100-199 dólares podría ofrecer un colchón frente a los shocks más extremos del segmento ultra low-cost.
Sudáfrica, con un crecimiento del 38% en los envíos de smartphones en 2025, cuenta con un mercado más maduro. Los dispositivos por debajo de 100 dólares representan solo el 22% de las entregas, y la demanda de 5G y de ofertas pospago, menos sensibles al precio, proporciona una capacidad de absorción única en el continente.
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Argelia registró un aumento del 5% en los envíos de smartphones en 2025. Sin embargo, este crecimiento podría ser vulnerable si se basa en segmentos de entrada sensibles al aumento de los costes. La falta de datos detallados sobre la estructura de su mercado dificulta evaluar su verdadera exposición, aunque su dependencia de las importaciones de componentes podría agravar las tensiones a medio plazo.
Marruecos, por su parte, registró una caída del 3% en los envíos de smartphones en 2025. ¿El motivo? Derechos de importación relativamente elevados del 17,5% introducidos en 2024. Para contextualizar, estos aranceles se situaban en el 2,5% antes de 2024, y se elevaron hasta el 17,5% mediante la Ley de Finanzas de 2024 (tras un proyecto inicial que contemplaba el 30%). La medida buscaba proteger la producción local, pero también encareció los precios y favoreció las importaciones paralelas.
Desde el 1 de enero de 2026, la Ley de Finanzas redujo de nuevo estos derechos al 2,5% para los smartphones ensamblados o importados en kits CKD/SKD, con el objetivo de reequilibrar el mercado y apoyar el despliegue de la 5G. De este modo, se recupera el nivel anterior a 2024, sin aumentos adicionales significativos.
Se espera que este giro contribuya a mitigar el impacto del encarecimiento mundial de las chips, que podría afectar seriamente a la capacidad de gasto de los hogares y debilitar incluso la competitividad de marcas low-cost como Transsion, muy implantadas en el continente.
La hora de las decisiones estratégicas
La crisis de las chips de memoria podría desencadenar una profunda recomposición del panorama competitivo africano, ampliando las diferencias de rendimiento entre las empresas según las estrategias adoptadas. Transsion, líder histórico con el 44% de cuota de mercado en el cuarto trimestre de 2025, está experimentando una desaceleración notable (+3% anual), debido a su fuerte concentración en los segmentos ultra low-cost (menos de 100 dólares), donde la memoria puede representar hasta el 43% del coste total, aumentando su vulnerabilidad.
En cambio, Samsung (+27%) demuestra una notable resiliencia gracias a su diversificación en la gama Galaxy A (400-600 dólares) y a su mayor capacidad para absorber los sobrecostes, mientras que HONOR (+88%) aprovecha su estrategia de subida de gama con la serie X y sus alianzas con operadores como Vodacom y MTN. Por su parte, Xiaomi (+12%) está reforzando su implantación local y optimizando sus canales de distribución para amortiguar los impactos.
Marruecos: desde el 1 de enero de 2026, la Ley de Finanzas redujo los derechos de importación de los smartphones ensamblados o importados en kits CKD/SKD al 2,5%, con el objetivo de reequilibrar el mercado y apoyar el despliegue de la 5G.. Getty Images/iStockphoto
Esta fragmentación refleja una división clara: los actores atrapados en el segmento low-cost sufren al máximo la subida de costes, mientras que quienes operan en el segmento medio absorben mejor el aumento del BOM gracias a márgenes operativos más sólidos y clientes menos sensibles al precio. Cabe señalar que Transsion registró un crecimiento del 7% en 2025, frente al 27% de Xiaomi.
A la luz de estos elementos, dos grandes vías de resiliencia podrían emerger frente a la crisis estructural de costes: la relocalización industrial y las reformas regulatorias específicas. El proyecto emblemático de Huawei en Ghana, que pretende ensamblar smartphones de 40 dólares mediante una asociación con la GSMA, ilustra la primera opción.
Impulsado por las ventajas de Ghana —estabilidad política, zonas francas y posición de hub regional—, el proyecto busca reducir la brecha entre la cobertura de red (90% en 4G) y el uso real de smartphones (53% de penetración). Como afirma el ministro Samuel N. George:«Ghana es la puerta de entrada a África Occidental. Una fábrica local permitiría cerrar la brecha de acceso».
Sin embargo, este modelo se enfrenta a obstáculos operativos —incertidumbre sobre los plazos y desconfianza de los consumidores—, como demuestra el caso de Kenia, donde los dispositivos producidos localmente se perciben como inferiores a las marcas consolidadas.
La segunda vía pasa por innovaciones en las políticas públicas. Egipto demuestra que la reducción de aranceles mejora la accesibilidad, mientras que mecanismos de financiación innovadores —como créditos fraccionados en Nigeria o opciones de leasing en Sudáfrica— permiten amortiguar el impacto de las subidas de precios para los hogares más vulnerables. Combinados, estos instrumentos podrían crear un ecosistema menos dependiente de las turbulencias globales.
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En definitiva, África se prepara para una corrección histórica del mercado en 2026, con una caída prevista del 23% en los envíos, según Omdia, lo que dibuja tres escenarios. Los mercados de alto riesgo (Nigeria, Kenia) podrían registrar un desplazamiento masivo hacia los teléfonos reacondicionados o básicos, debido a su dependencia de los segmentos por debajo de los 200 dólares, que quedan expuestos sin protección a subidas de precios del 15% al 25%.
Por el contrario, los ecosistemas más resilientes (Egipto, Sudáfrica) podrían consolidarse alrededor de actores diversificados como Samsung o Xiaomi, apoyados en una demanda de 5G y servicios pospago menos cíclica.
Aun así, esta crisis también abre una oportunidad estructural: podría acelerar la industrialización digital mediante proyectos como el de Ghana y una reforma de las políticas de acceso universal. Como señala Shenghao Bai, de Counterpoint:«Las medidas clásicas de reducción de costes no serán suficientes. 2026 será el año del reposicionamiento estratégico o del retroceso».
La conclusión es clara: el modelo africano de digitalización basado en smartphones low-cost importados ha llegado a su límite. Ahora exige una reconfiguración urgente, con diversificación de proveedores, subida progresiva de gama y una mayor integración de la soberanía tecnológica en las políticas industriales para construir una resiliencia propia.




