Para Ahmet Ndao, profesor de inglés, la vida cotidiana se ha convertido en un verdadero desafío para una gran parte de la población. «En este país es muy difícil vivir para muchas personas que se encuentran sin trabajo o, a veces, con un empleo precario. La situación es extremadamente complicada. Las cargas son numerosas: el alquiler, el agua, la electricidad, sin contar los gastos cotidianos. Todo ello se vuelve muy pesado de soportar. Esa es, además, una de las razones por las que hoy existe tanta desesperanza en este país».
Tras la caída del régimen socialista en 2000, la población mostró un gran interés por las infraestructuras modernas. Los gobiernos de Abdoulaye Wade y luego de Macky Sall multiplicaron, de hecho, los grandes proyectos: autopistas, el Tren Exprés Regional (TER) y el Bus Rapid Transit (BRT). Realizaciones aplaudidas por algunos, pero que, para otros, no responden a las urgencias sociales.
Para el jurista Abdourahmane Maïga, las prioridades debieron estar en otra parte. «Los senegaleses están terriblemente agotados. Ni el BRT, ni el TER, y menos aún estadios construidos por 150.000 millones permitirán a los senegaleses vivir con dignidad. El pan es caro, el arroz es caro, y la vida se vuelve extremadamente cara para los senegaleses. Por ello, hago un llamamiento a las autoridades para que protejan más a las capas más vulnerables de la población».
Leer también : Escasez, inflación y petróleo: la guerra en Oriente Medio sacude a las economías africanas
Al mismo tiempo, el precio de los alquileres no deja de subir. Dakar, una península ya fuertemente urbanizada, carece de espacio mientras la demanda de vivienda sigue siendo muy elevada. Una situación que atrae a numerosos inversores al sector inmobiliario.
Según Elimane Sall, presidente de la Asociación de Inquilinos de Senegal, esta dinámica también contribuye al alza de los precios. «Hoy, muchos extranjeros han invertido en este sector: turcos, indios, marroquíes, chinos, pero también algunos senegaleses que han creado agencias inmobiliarias. Todos estos factores hacen que este fenómeno cobre mayor amplitud, tanto más cuanto que el suelo se vuelve escaso y que ahora solo se puede construir en altura».
Para algunos observadores, uno de los grandes logros del régimen socialista antes de la alternancia de 2000 sigue siendo la inversión en vivienda social. Una política que los gobiernos posteriores también prometieron, pero que, según varios actores, nunca llegó a aplicarse a gran escala.
Bocar Badji, agente municipal, considera sin embargo que esta solución sigue siendo hoy más pertinente que nunca. «El Estado debería quizá buscar nuevos espacios y construir viviendas sociales para facilitar la vida de la población. Pero cuando el Estado no lo hace, la gente se ve obligada a hacinarse en pequeñas habitaciones compartidas o a dejar Dakar rumbo a la periferia, donde a menudo vive en condiciones precarias».
Entre modernidad urbana y dificultades sociales, Dakar sigue transformándose a gran velocidad. Pero para muchos habitantes, la verdadera urgencia no es la altura de los edificios… sino la posibilidad de acceder a una vivienda digna.
