En la Universidad de Foulaya, en la región de Kindia, a más de 100 kilómetros de Conakri, un encuentro entre economistas, estudiantes y actores del desarrollo permitió debatir sobre los grandes desafíos económicos del país.
En el centro de los intercambios: el plan Simandou 2040, la cuestión minera y el proyecto Simandou, considerado como uno de los principales motores estructurantes de la transformación económica guineana.
El doctor Oumar Totiya Barry recordó la magnitud de las ambiciones: «El plan Simandou 2040 constituye el marco general para el desarrollo social y económico de Guinea durante los próximos 15 años. Para financiar los 122 proyectos incluidos en este plan, será necesario movilizar al menos 200.000 millones de dólares. Creo que para reunir esta cantidad se puede recurrir tanto a recursos internos como externos. Pienso que este plan se completará con una estrategia de movilización de recursos».
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Según la Presidencia guineana en su sitio web, Simandou 2040 se presenta como una nueva hoja de ruta de desarrollo estructurada en torno a 122 megaproyectos y 36 grandes reformas, destinadas a modernizar el entorno económico, reforzar las infraestructuras y respaldar la industrialización.
En el centro de esta estrategia figura el gigantesco yacimiento de hierro de Simandou, considerado uno de los proyectos mineros más importantes del mundo y llamado a convertirse en el principal motor del crecimiento, la industrialización y la creación de empleo en el país.
Las autoridades aspiran a elevar el PIB hasta unos 152.000 millones de dólares de aquí a 2040, frente a los cerca de 35.000 millones actuales, gracias a un crecimiento económico medio estimado en más del 10% anual.
Pero más allá de las cifras, la viabilidad de un programa de este calibre depende de una comprensión profunda de las dinámicas económicas, especialmente de aquellas vinculadas al sector minero.
Para este economista, resulta esencial abrir el debate: «la cuestión minera no se limita a un debate entre ingenieros o estadísticos. Es una cuestión social que afecta a la vida de las comunidades, donde el Estado se sitúa en primera línea. En consecuencia, se trata de un debate multidimensional que debe involucrar a un conjunto amplio de actores. El sector minero es un escenario de luchas sociales, políticas y geopolíticas en el que se entrecruzan actores internacionales, empresas mineras, grandes potencias y ONG».
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En el anfiteatro, los estudiantes también expresaron su interés por estas cuestiones, a menudo percibidas como técnicas, pero profundamente arraigadas en la realidad del país.
Fanta Barry, estudiante de Comunicación, dio testimonio del interés que suscita el plan y de la importancia de debatirlo: «Fue apasionante reconectar con nuestra historia y con los problemas a los que se enfrenta la economía guineana, así como comprender hacia dónde se dirige».
Entre las ambiciones del Gobierno, el potencial minero encarnado en proyectos como Simandou y la necesidad de una gobernanza inclusiva, la transformación económica de Guinea de aquí a 2040 aparece como un desafío complejo, pero estructurante.
La movilización efectiva de los recursos, la transparencia y la implicación de todos los actores serán determinantes para convertir esta visión en una realidad.
