Ruanda. Hace 32 años, el genocidio contra los tutsi: entre memoria, resiliencia y vigilancia

El 10/04/2026 a las 11h41

Ruanda conmemoró el 32º aniversario del genocidio perpetrado contra los tutsi. En Kigali, entre recogimiento, testimonios y discursos oficiales, el país reafirma su compromiso de preservar la memoria al tiempo que se mantiene vigilante frente a las amenazas persistentes.

Como un eco del pasado, la lluvia acompañó las ceremonias de conmemoración del genocidio contra los tutsi. Una lluvia fina y persistente que evocó los recuerdos de abril de 1994, cuando el país se sumió en el horror bajo un cielo igualmente cargado. Treinta y dos años después, en el Memorial del Genocidio de Kigali, Ruanda volvió a reunirse para rendir homenaje a las víctimas y reafirmar su compromiso de no olvidar jamás.

Como marca la tradición, el presidente Paul Kagame y la primera dama depositaron una corona de flores en una fosa común donde reposan más de 250.000 víctimas, antes de encender la llama del recuerdo. Esta llama arderá durante 100 días, en alusión a la duración del genocidio, marcando así el inicio del periodo de Kwibuka.

Pero antes de los discursos oficiales, fue la voz temblorosa de un superviviente la que conmovió a los asistentes. Théoneste Ngiruwonsanga, de 14 años en el momento de los hechos, ofreció un testimonio cargado de emoción, recordando una infancia marcada por el miedo y los primeros indicios de la tragedia. «Vivíamos en un miedo constante», relató, evocando las violencias ya presentes antes de 1994, entre asesinatos, destrucción de viviendas y discriminación en la escuela. Señales premonitorias que, con el tiempo, anunciaban lo peor.

Su relato también puso de relieve el largo camino de reconstrucción. Huérfano tras la pérdida de sus padres, Théoneste Ngiruwonsanga creció entre las ruinas de la tragedia antes de rehacerse. Hoy, casado y padre de cuatro hijos escolarizados, encarna esa resiliencia ruandesa tantas veces evocada, pero pocas veces narrada con tanta fuerza. Con la voz entrecortada por la emoción, quiso agradecer a las fuerzas del Ejército Patriótico Ruandés por haber puesto fin al genocidio.

A continuación, el presidente Paul Kagame tomó la palabra ante autoridades, representantes de los supervivientes y el cuerpo diplomático. En un discurso firme, denunció los persistentes intentos de distorsionar la historia del genocidio, recordando que «estos testimonios no son relatos ordinarios», sino verdades arraigadas en una realidad vivida. También insistió en la necesidad de preservar esta memoria frente a los discursos negacionistas.

El jefe de Estado lanzó además un mensaje contundente: «este país no morirá dos veces». Una declaración que refleja la determinación de Ruanda de defenderse frente a cualquier amenaza, pero también de proteger a las generaciones futuras. Para Kagame, la memoria no debe ser pasiva, sino un muro activo frente a cualquier resurgimiento de la ideología genocida.

Más allá del recuerdo, el presidente ruandés recordó que el genocidio de 1994 no fue un hecho espontáneo, sino el resultado de una preparación metódica, marcada por la propaganda, el adoctrinamiento y la inacción internacional. «La negación del genocidio comienza mucho antes de que el propio genocidio sea cometido», advirtió, alertando sobre señales que aún pueden percibirse hoy, especialmente en la región.

La jornada continuó con una marcha del recuerdo que reunió al presidente, la primera dama y a numerosos jóvenes. A lo largo de un recorrido simbólico de 2,4 kilómetros, los participantes rindieron homenaje a las víctimas, recordando las largas marchas que los tutsi tuvieron que emprender para huir de la muerte en 1994.

Por la noche, una vigilia permitió encender velas en memoria de los desaparecidos, en un ambiente de profundo recogimiento. Los testimonios, como el de Théoneste Ngiruwonsanga, volvieron a subrayar la importancia de transmitir esta memoria a las generaciones futuras, en un contexto en el que persisten los discursos de odio y negación.

Treinta y dos años después, Ruanda sigue conjugando memoria, resiliencia y vigilancia. Si el país pone en valor su unidad recuperada y sus avances, las autoridades insisten en un imperativo: no bajar nunca la guardia frente a las ideologías extremistas.

Kwibuka 32 se inscribe así en una doble exigencia: honrar a las víctimas y alertar al mundo. Porque para Ruanda, recordar no es suficiente: también hay que actuar para que la historia no se repita jamás.

Por Fraterne Ndacyayisenga
El 10/04/2026 a las 11h41