Estados Unidos ha extendido este programa a 12 nuevos países —entre ellos seis africanos: Etiopía, Lesoto, Mauricio, Mozambique, Seychelles y Túnez—, elevando a 50 el número total de naciones incluidas. La medida golpea de lleno al continente africano y se cuela, con una ironía evidente, en el Mundial de 2026 que el país coorganiza bajo el lema «United 2026».
Washington endurece su política y África paga el precio. La ampliación del programa cristaliza una estrategia migratoria percibida como una sanción económica encubierta contra países emergentes, especialmente africanos y caribeños. Cabe precisar que los procedimientos de inmigración permanente, como la Green Card o la reagrupación familiar, no se ven afectados.
Anunciada el 18 de marzo para entrar en vigor el 2 de abril, la medida obliga a los solicitantes de visados de turismo y negocios a depositar una fianza de 15.000 dólares. Aunque esta suma es reembolsable si se respetan las condiciones del visado o si la solicitud es denegada, en la práctica constituye una barrera financiera difícil de superar.
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El Departamento de Estado defiende la medida apoyándose en una tasa de cumplimiento del 97% en el programa piloto lanzado en 2025. «El programa de fianza ha demostrado su eficacia para reducir significativamente los casos de estancia irregular», sostiene la administración Trump. Cerca de 1.000 extranjeros han obtenido visados bajo este sistema y el 97% regresó a su país dentro del plazo legal. En contraste, más de 44.000 visitantes procedentes de los países ahora afectados superaron la duración autorizada de su estancia durante el último año del mandato de Joe Biden.
Washington añade además un argumento económico. «La expulsión de un extranjero en situación irregular cuesta más de 18.000 dólares de media. Este programa permite ahorrar hasta 800 millones de dólares anuales», subraya el Departamento de Estado.
Críticas por discriminación y freno a los intercambios
La geografía de los países afectados alimenta las críticas. Cerca de la mitad son africanos, entre ellos potencias demográficas y económicas como Nigeria o Angola, y ahora también Túnez. Diversos actores denuncian una lógica de «pay to play» que obstaculiza los intercambios económicos legítimos.
El impacto es inmediato. Una pyme etíope que quiera negociar un contrato en Chicago debe bloquear 15.000 dólares, una suma que puede equivaler a varios años de salario local.
Como consecuencia, reuniones y conferencias previstas en Estados Unidos se trasladan a otros países, privando a la economía estadounidense de ingresos y aislando aún más a las empresas africanas.
Las multinacionales, por su parte, se ven obligadas a crear cuentas de garantía o recurrir a visados más largos y costosos, lo que incrementa sus costes operativos.
En varios países africanos, las reacciones no se han hecho esperar. En Túnez, medios y analistas critican el «silencio diplomático» del Gobierno y la ausencia de una estrategia clara.
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La medida, unida a las críticas de organizaciones de derechos humanos por el endurecimiento de los controles —incluidos los de redes sociales—, coloca a la administración Trump en una posición delicada en la escena internacional.
El Mundial 2026 bajo presión
La política estadounidense impacta de lleno en un evento concebido para celebrar la unidad: el Mundial de la FIFA 2026, organizado por Estados Unidos, Canadá y México bajo el lema «United 2026».
Nueve selecciones africanas —Sudáfrica, Argelia, Cabo Verde, Costa de Marfil, Egipto, Ghana, Marruecos, Senegal y Túnez— participarán en este torneo ampliado a 48 equipos, un récord histórico.
De ellas, solo Marruecos, Sudáfrica, Egipto y Ghana no están afectados por la fianza. En cambio, Argelia, Cabo Verde, Costa de Marfil, Senegal y Túnez sí lo están.
Las consecuencias son inmediatas. La fianza se aplicará a jugadores sin visados específicos, cuerpos técnicos, personal administrativo y médico, delegaciones oficiales y, especialmente, aficionados.
Para muchas familias africanas, el coste total del viaje se dispara, haciendo prácticamente inaccesible asistir al torneo.
El riesgo es una caída significativa de la presencia de aficionados africanos en los estadios y una pérdida de impacto económico para las ciudades anfitrionas.
Marruecos no figura en ninguna de las listas de países sometidos a esta fianza, lo que supone una ventaja para sus aficionados y delegaciones.Si la República Democrática del Congo logra clasificarse, también quedaría fuera del programa.
A menos de tres meses del inicio del torneo, la medida introduce un criterio económico y geográfico que choca con los valores de universalidad del fútbol.
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El Mundial 2026 corre el riesgo de convertirse en escenario de tensiones geopolíticas y desigualdades económicas, donde el acceso al espectáculo dependa del poder adquisitivo.
Los nuevos países incluidos son Camboya, Etiopía, Georgia, Granada, Lesoto, Mauricio, Mongolia, Mozambique, Nicaragua, Papúa Nueva Guinea, Seychelles y Túnez.Estos se suman a los 38 ya incluidos: Argelia, Angola, Antigua y Barbuda, Bangladesh, Benín, Bután, Botsuana, Burundi, Cabo Verde, Costa de Marfil, Cuba, Yibuti, Dominica, Fiyi, Gabón, Gambia, Guinea, Guinea-Bisáu, Kirguistán, Malawi, Mauritania, Namibia, Nepal, Nigeria, Uganda, República Centroafricana, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Tayikistán, Tanzania, Togo, Tonga, Turkmenistán, Tuvalu, Vanuatu, Venezuela, Zambia y Zimbabue.
