Essaouira Dance Summit: los desafíos de la escena electrónica marroquí

Artistas, sellos discográficos y organizadores reunidos en Dar Souiri para el Essaouira Dance Summit, primer componente profesional del MOGA Festival. FOTO DR

El 07/10/2026 a las 13h15

Para celebrar los diez años del MOGA Festival, el Essaouira Dance Summit reunió en Dar Souiri a artistas, sellos discográficos, consultores y organizadores procedentes de Marruecos, Portugal, Reino Unido, Alemania y Estados Unidos. A lo largo de los debates, quedó patente un mismo desafío: transformar la escena electrónica, actualmente centrada principalmente en los eventos, en un sector profesional estructurado. Una ambición que todavía se enfrenta a obstáculos relacionados con la movilidad, la organización y el reconocimiento institucional.

Coorganizado por MOGA, Lisbon Dance Summit, la Fundación Hiba y 4S, con el apoyo del British Council, el Essaouira Dance Summit constituye el primer espacio profesional del festival. Se celebra en el marco del décimo aniversario de un evento que nació en Essaouira en 2016 y que posteriormente se extendió a Costa da Caparica, en Portugal.

Marwane Fachane, director general de la Fundación Hiba y moderador de los paneles, definió desde la apertura el objetivo de la cita: superar «esta visión reduccionista de la fiesta». «Hay carreras profesionales reales», insistió, recordando que los artistas necesitan apoyo y plataformas para desarrollarlas.

El fundador de MOGA, Matthieu Corosine, vinculó la jornada con MOGA Connect, un espacio de conferencias y mesas redondas que el equipo pretende prolongar más allá del festival. Daox, cofundador y director artístico del evento, lo considera «la primera piedra» de un proyecto llamado a convertirse en algo «más concreto y práctico».

Una de las primeras conclusiones de la cumbre es que la internacionalización se prepara desde la escena de origen. Kathleen O’Malley, directora internacional de Ultra Records, explica que el sello analiza primero la actividad del artista en su propio país. Después busca, fuera de ese mercado, «una chispa» en las redes sociales o las plataformas de streaming.

Sin embargo, un tema viral no es suficiente. Los participantes destacaron la importancia de la regularidad y de una identidad artística coherente. El DJ y productor londinense Robin M afirma que no ha tenido ningún lanzamiento ni fecha decisiva, pero ha progresado actuando principalmente con sus propias producciones, que puede «llevar a cualquier parte».

Los datos digitales se han convertido en una herramienta de prospección. Para Meike Nolte, consultora que pasó por Believe y Beatport, las estadísticas de Spotify o Instagram permiten identificar los territorios donde una determinada música encuentra eco. El artista puede utilizar después esos datos ante un club o un promotor local, siempre que conserve la propiedad de su información.

Las redes sociales siguen siendo «una herramienta», según Daox, pero no deben convertir al artista en un influencer. Kathleen O’Malley anima a los músicos a crear sus propios formatos en lugar de esperar una invitación: «Si Tiny Desk no te llama, ¡crea el tuyo!»

El entorno profesional llega después, sin una «fórmula única». Las agencias de booking esperan comprobar una evolución y un mánager experimentado, que suele percibir entre el 15% y el 20% de los ingresos, sigue siendo difícil de conseguir mientras el artista no genere suficientes recursos. El sello, resume Kathleen O’Malley, está para «amplificar la historia que el artista ya está escribiendo».

Los visados, primer obstáculo para la movilidad

Esta dinámica se enfrenta a una dificultad que los profesionales marroquíes describen como permanente: la obtención de visados. Daox puso como ejemplo su propia experiencia. En 2008, su primera actuación en el extranjero, en el Rex Club de París, fue cancelada por falta de visado. Recientemente, invitado a Seúl, recibió tres negativas pese a presentar un expediente completo, antes de obtener finalmente el documento la víspera del evento.

Según él, los artistas consolidados disponen actualmente de visados que les permiten desplazarse a sus principales mercados. La dificultad afecta sobre todo a la nueva generación, que «necesita salir de Marruecos para desarrollar sus redes».

Las soluciones planteadas pasan por reforzar los expedientes y las redes de contactos: cartas oficiales de los sellos, recurrir a contactos antes de contratar a un abogado y disponer de cobertura mediática que pueda ser consultada en internet por los agentes consulares. La Fundación Hiba recordó que solo expide cartas de apoyo a los artistas que han participado en sus programas. También mencionó la idea, impulsada por otros actores, de crear un «corredor de visados culturales».

El segundo panel trasladó el debate del artista a la escena que lo sostiene. Para Billi, DJ lisboeta, los colectivos constituyen «en gran medida los cimientos» de una escena. Su trabajo comunitario, subrayó, «no aparece necesariamente en las estadísticas».

MOGA se apoya en esta realidad. Según Matthieu Corosine, su programación está «casi exclusivamente realizada por colectivos». El festival también funciona como punto de encuentro: el colectivo Reload estableció allí una colaboración con un colectivo de Niza y tiene previsto programar una noche en la ciudad francesa. «El festival dura cinco días, pero sus repercusiones se extienden durante todo el año», resume.

El ejemplo de Lisboa, descrito por Jesper Skibsby, cofundador del Lisbon Dance Summit, muestra que un ecosistema también depende de la presencia de profesionales. A una cultura electrónica consolidada desde los años noventa se sumó la llegada de DJ internacionales, favorecida por un régimen fiscal ventajoso, y posteriormente la instalación de mánagers, agencias y sellos.

Este desarrollo requiere tiempo. Billi reclama a las instituciones recursos, desde espacios y financiación hasta visibilidad digital y conexiones internacionales, dentro de una relación a largo plazo: «Si siempre das a los mismos, no construyes un ecosistema».

Jhobei, cofundador del sello Bizarre Trax, aplica la misma lógica a los intercambios entre Reino Unido y Marruecos. Un intercambio puntual de artistas no es suficiente, considera. Es necesario conectar los sellos y las redes profesionales durante varios años.

La cumbre pone así de manifiesto un mismo desafío en distintos niveles. La internacionalización de los artistas no depende únicamente de su capacidad para producir música o ganar visibilidad en internet. También requiere estructuras locales capaces de acompañarlos y redes profesionales construidas a largo plazo.

Convencer a las instituciones del valor cultural y económico del sector

Uno de los participantes pidió a las instituciones que ayuden al sector a convencer a los poderes públicos «de que no somos simplemente organizadores de fiestas». «No se trata solo de fiesta, es cultura», añadió, aludiendo a un modelo económico y a su impacto social y turístico.

En Marruecos, Matthieu Corosine reconoce el apoyo de las autoridades, sin el cual el festival «no habría tenido lugar». Sin embargo, considera que estas mantienen «un sesgo» respecto al sector. Según él, la publicación el año pasado del estudio sobre el impacto económico de MOGA Essaouira cambió el enfoque: ya no se trata de pedir dinero, sino de invitar a invertir.

La experiencia portuguesa del festival sigue una lógica similar. En Costa da Caparica, el equipo solicitó a los servicios municipales no financiación, sino una forma de legitimidad. Desde entonces se ha firmado un protocolo con la ciudad de Almada, que incorporó a MOGA a su candidatura al título de Ciudad de la Cultura de Portugal para 2028.

Para Matthieu Corosine, esta apertura internacional solo tiene sentido si se apoya en la escena local. Como prueba, cita los más de 35 artistas portugueses invitados este año a Costa da Caparica. «Si no hay raíces, solo están enviando cheques a artistas cabeza de cartel», concluye.

Por Camilia Serraj
El 07/10/2026 a las 13h15