Un grupo de jóvenes bailarines procedentes del País Vasco y de Marruecos protagoniza una obra de danza contemporánea que busca derribar prejuicios y acercar culturas en un momento en que los debates públicos sobre migración y diversidad están marcados por el miedo y la polarización.
El proyecto, fruto del encuentro entre la compañía vasca Proyecto Larrua y la marroquí Dati Drouk, nace tras un viaje creativo a Rabat de Aritz López y Jordi Villaseca, se ha desarrollado como un espacio simbólico en el que confluyen lenguas, memorias, cuerpos y trayectorias vitales distintas.
Barzakh podrá verse el 31 de marzo en la sede de Arkabia en Gasteiz, con un formato íntimo que busca la proximidad entre intérpretes y público, y tendrá su estreno absoluto el 16 de mayo en Rabat.
El título de la obra —Barzakh— hace referencia en árabe a ese espacio intermedio «entre orillas, entre lenguas, entre cuerpos y entre territorios», una metáfora perfecta de un proyecto que no solo es coreográfico, sino también un ejercicio de convivencia y diálogo.
En declaraciones recogidas durante los ensayos, Villaseca ha subrayado que el proyecto nace de la idea de que «el cuerpo puede volver a reunir aquello que muchas veces la política, las ideologías y los prejuicios han separado».
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Este trabajo creativo, desarrollado a lo largo de siete semanas entre Euskal Herria y Marruecos, ha servido como un motor para reforzar las alianzas culturales que fomentan el conocimiento hispano-marroquí. Además, de manera especial en Marruecos, se ha colaborado con colectivos que trabajan con mujeres, un sector en ocasiones minoritario y débil en el mundo de la danza si lo comparamos con España.
En un contexto global donde los discursos sobre migración o identidad pueden llegar a ser discriminatorios, proyectos como «Barzakh» ponen entran en escena con otra narrativa: la de la convivencia, el aprendizaje compartido y la superación de estereotipos a través del arte y el movimiento.
Además de su valor artístico, la danza se convierte aquí en un puente entre mundos que parecen lejanos cuando en realidad no lo son, y una forma de generar espacio de encuentro en los que lo diverso no sea «el miedo que se ha apoderado».
