Jóvenes bailarines vascos y marroquíes usan la danza para demoler con prejuicios y acercar culturas

Bailarines vascos y marroquíes ensayando y afinando la obra antes de su estreno el próximo martes. (VITAL FUNDAZIOA)

El 26/03/2026 a las 18h28

La obra «Barzakh» une a jóvenes de Euskadi y Marruecos a través de la danza contemporánea para construir puentes culturales y superar estereotipos en tiempos de discursos polarizados.

Un grupo de jóvenes bailarines procedentes del País Vasco y de Marruecos protagoniza una obra de danza contemporánea que busca derribar prejuicios y acercar culturas en un momento en que los debates públicos sobre migración y diversidad están marcados por el miedo y la polarización.

El proyecto, fruto del encuentro entre la compañía vasca Proyecto Larrua y la marroquí Dati Drouk, nace tras un viaje creativo a Rabat de Aritz López y Jordi Villaseca, se ha desarrollado como un espacio simbólico en el que confluyen lenguas, memorias, cuerpos y trayectorias vitales distintas.

Barzakh podrá verse el 31 de marzo en la sede de Arkabia en Gasteiz, con un formato íntimo que busca la proximidad entre intérpretes y público, y tendrá su estreno absoluto el 16 de mayo en Rabat.

El título de la obra —Barzakh— hace referencia en árabe a ese espacio intermedio «entre orillas, entre lenguas, entre cuerpos y entre territorios», una metáfora perfecta de un proyecto que no solo es coreográfico, sino también un ejercicio de convivencia y diálogo.

En declaraciones recogidas durante los ensayos, Villaseca ha subrayado que el proyecto nace de la idea de que «el cuerpo puede volver a reunir aquello que muchas veces la política, las ideologías y los prejuicios han separado».

Este trabajo creativo, desarrollado a lo largo de siete semanas entre Euskal Herria y Marruecos, ha servido como un motor para reforzar las alianzas culturales que fomentan el conocimiento hispano-marroquí. Además, de manera especial en Marruecos, se ha colaborado con colectivos que trabajan con mujeres, un sector en ocasiones minoritario y débil en el mundo de la danza si lo comparamos con España.

En un contexto global donde los discursos sobre migración o identidad pueden llegar a ser discriminatorios, proyectos como «Barzakh» ponen entran en escena con otra narrativa: la de la convivencia, el aprendizaje compartido y la superación de estereotipos a través del arte y el movimiento.

Además de su valor artístico, la danza se convierte aquí en un puente entre mundos que parecen lejanos cuando en realidad no lo son, y una forma de generar espacio de encuentro en los que lo diverso no sea «el miedo que se ha apoderado».

Por Rajaa Khouyi Laghzal
El 26/03/2026 a las 18h28