En un comunicado difundido este martes 17 de marzo, la Federación Senegalesa (FSF) expresó su rechazo frontal al fallo emitido por el Jurado de Apelación de la Confederación Africana de Fútbol, que reexaminó los hechos ocurridos durante la final disputada en el estadio Moulay Abdellah de Rabat.
El órgano de apelación dio la razón a la reclamación presentada por la Federación Real Marroquí de Fútbol, anulando así la decisión inicial del comité disciplinario. Tras revisar el expediente, consideró que la actuación de la selección senegalesa vulneraba los artículos 82 y 84 del reglamento de la competición, lo que derivó en una sanción contundente: derrota por forfait (3-0) y adjudicación del título a Marruecos.
Desde Dakar, la respuesta no se hizo esperar. La FSF calificó la decisión de «injusta», «sin precedentes» e «inaceptable», y anunció que recurrirá de inmediato ante el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS), con sede en Lausana, con el objetivo de impugnar el fallo.
El origen de la polémica se remonta a los últimos minutos del encuentro. En el tiempo añadido (90+6), el seleccionador senegalés, Pape Thiaw, ordenó a sus jugadores abandonar el terreno de juego tras la señalización de un penalti a favor de Marruecos por parte del árbitro congoleño Jean-Jacques Ndala. Aunque Brahim Díaz falló la pena máxima, el partido quedó interrumpido durante cerca de 16 minutos en medio de la confusión.
Antes de la decisión de la CAF, Senegal se había proclamado campeón gracias a un gol de Pape Gueye en el minuto 94. Un desenlace que ahora queda en entredicho a la espera del veredicto del TAS, que podría reabrir uno de los episodios más polémicos en la historia reciente de la Copa de África.
