A menos de 100 días del Mundial 2026, Mohamed Ouahbi asume la pesada responsabilidad de dirigir a una selección situada en el octavo puesto del ranking mundial, semifinalista en el último Mundial y, sobre todo, impulsada por una enorme expectativa.
Quien condujo a los Leones del Atlas sub-20 al título mundial en Chile será examinado con lupa el próximo junio en Estados Unidos, Canadá y México, en un contexto en el que el Reino ya prepara 2030. Las expectativas son altas, sí. Pero los ejes de trabajo están identificados.
Dar un nuevo impulso
Este es un primer reto, y ya le había valido críticas a Walid Regragui: rejuvenecer progresivamente la plantilla. La columna vertebral está ahí, los referentes también, pero algunos puestos siguen generando interrogantes y, en ese sentido, Ouahbi deberá inyectar savia nueva sin romper el equilibrio existente. La concentración de marzo, con dos amistosos previstos los días 27 y 31 en Madrid frente a Ecuador y Paraguay, se presenta como un verdadero laboratorio.
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Perfiles revelados durante el Mundial sub-20 podrían llamar a la puerta, como Yassir Zabiri u Othman Maamma. La idea no es revolucionarlo todo, sino anticiparse, como ya se hizo antes de Qatar.
Estabilizar una defensa todavía frágil
Sin duda, uno de los asuntos más sensibles. El talento ofensivo no falta, los perfiles técnicos están ahí, pero atrás el equilibrio sigue siendo frágil, especialmente en los momentos clave. La pareja de centrales se ha visto debilitada por retiradas internacionales, como la de Romain Saïss, por los bajones de rendimiento en los clubes y por la falta de continuidad.
En un Mundial, cada detalle cuenta. Y Marruecos se medirá de entrada a Brasil, un estreno de máxima exigencia en una competición en la que es imposible competir sin una base defensiva coordinada, capaz de gestionar los momentos difíciles y resistir las secuencias de presión. No se trata solo de defender replegado, sino de defender bien: ser rápidos, cerrar los espacios entre líneas, ganar los duelos, controlar la profundidad e imponer un impacto físico constante ante rivales que no conceden respiro.
Recuperar eficacia y pegada ofensiva, afinar el último gesto
El equilibrio empieza atrás, pero se valida arriba. Ouahbi deberá devolver coherencia al funcionamiento ofensivo de nuestros Leones, con un juego elaborado que tendrá que ser más controlado, más fluido, con una salida de balón clara y circuitos bien identificados.
Porque el juego ofensivo no consiste solo en atacar con intensidad; también se prepara, a partir de la recuperación, de un primer pase preciso, de una progresión bien gestionada y de una ocupación inteligente de los espacios. Es toda esa cadena la que el seleccionador deberá estructurar.
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Después llega el momento de la verdad, en los últimos treinta metros. Y ahí surge otro problema que se ha hecho notar en los últimos meses en la selección, especialmente en la última CAN 2025, que debería servir de enseñanza: la definición. Hay que ser eficaces, precisos ante la portería y lúcidos en el último gesto. A este nivel no se perdona la imprecisión, y menos aún en un Mundial, donde la exigencia será mayor y los bloques más compactos. Las ocasiones podrían ser escasas y, por tanto, muy valiosas.
Diversificar los recursos tácticos
Un seleccionador nunca llega con un solo plan en el bolsillo. Prepara varios. Debe saber adaptarse al adversario sin renunciar a su identidad, encontrar el equilibrio adecuado entre imponer su juego y leer el del rival. Porque a este nivel, el otro equipo ha hecho exactamente el mismo trabajo.
En Chile, Ouahbi ya demostró su capacidad para leer un partido, ajustar sobre la marcha y modificar sus circuitos sin desequilibrar su bloque. En el Mundial 2026, la flexibilidad táctica será indispensable: alternar entre presión alta y bloque medio, gestionar las transiciones, variar las bandas de ataque... La riqueza de una plantilla también se mide por su capacidad de adaptación.
Anticipar el relevo en la portería
Naturalmente, el último muro siempre es la última esperanza en un partido. El talento de Yassine Bounou ya no necesita demostración, como tampoco la experiencia de Munir Mohamedi, muy incierto tras su operación. Pero una competición mundial obliga a anticiparse: lesiones, rotaciones y gestión física. Tendrán que emerger porteros fiables. Se conocen nombres como el de Reda Tagnaouti, pero también perfiles más jóvenes como Yanis Benchaouch, sólido en Chile con la selección sub-20.
Tantos frentes que abordar en apenas tres meses antes de la gran cita mundialista. Mohamed Ouahbi se encuentra ante una verdadera obra por construir, que deberá estructurar y afinar en un margen de tiempo reducido antes del gran desafío.
La pausa de marzo ya se perfila como una primera prueba a escala real. Un ensayo estratégico ante Ecuador y Paraguay del que deberá extraer el máximo para sentar sus bases, instalar sus principios y dar referencias claras a su grupo, con el fin de mantener la progresión iniciada en los últimos años y, sobre todo, validar sobre el terreno los primeros efectos de su trabajo.









