Mientras una frágil tregua de dos semanas está en vigor desde el 7 de abril de 2026 entre Estados Unidos e Irán, el informe semestral del Banco Mundial publicado un día después, titulado «Situación económica en Oriente Medio, el norte de África, Afganistán y Pakistán: desafíos de los conflictos y la política industrial al servicio del desarrollo», ofrece un diagnóstico sin concesiones del impacto económico que ha sacudido la región MENAAP desde la escalada del 28 de febrero.
Aunque el documento se centra principalmente en el epicentro del conflicto —Irán, Irak y los países del Golfo—, también proporciona, para un observador en África, una lectura precisa y matizada de la situación de los países africanos de la región.
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El análisis, basado estrictamente en los datos del informe, revela un continente a dos velocidades frente a este choque externo: por un lado, exportadores de petróleo que se benefician de la subida de los precios; por otro, economías importadoras y turísticas enfrentadas a una ecuación presupuestaria y social cada vez más compleja.
Los países beneficiados por la crisis
La primera gran línea de fractura señalada por el Banco Mundial es energética. Con el barril de Brent alcanzando los 112 dólares el 27 de marzo —un aumento cercano al 60% desde el inicio de las hostilidades—, los efectos varían radicalmente según el perfil comercial de los países africanos.
Por un lado, el informe destaca una mejora para los exportadores de petróleo fuera del Golfo. «Las previsiones para los exportadores de petróleo, como Argelia y Libia, han sido revisadas al alza debido al aumento de los precios del petróleo y el gas», señala el documento. Argelia mantiene así una previsión de crecimiento del 3,7% en 2026, mientras que Libia, impulsada por inversiones para alcanzar los 2 millones de barriles diarios en 2030, presenta una previsión robusta del 4,5%.
Por otro lado, el panorama se complica para los importadores netos como Marruecos, Túnez y Egipto. El informe subraya que estas economías sufren un «choque negativo de los términos de intercambio», con una factura energética que agrava los déficits exteriores.
En el caso de Túnez, la institución advierte de una vulnerabilidad específica: las presiones inflacionistas se ven acentuadas por la necesidad de mantener subsidios, lo que «incrementa los desequilibrios presupuestarios».
En Marruecos, aunque el crecimiento agrícola sostiene la actividad, el Banco Mundial señala que «el aumento de los precios de la energía y de las materias primas ejerce presión sobre las cuentas corrientes y presupuestarias».
Política industrial: Marruecos y Egipto como modelos
En la parte dedicada a las políticas industriales, el informe cita explícitamente a dos países africanos como ejemplos de diversificación, una estrategia clave en un contexto de volatilidad de los mercados.
Sobre Marruecos, la institución es clara: «la región MENAAP ofrece ejemplos útiles de política industrial, como el caso de la industria automovilística marroquí, cuya producción ha crecido aproximadamente un 14% anual entre 2012 y 2024». Esta dinámica posiciona al país como un polo de estabilidad industrial frente a las turbulencias geopolíticas.
Egipto también destaca: «formó cerca de 43.000 trabajadores cualificados en 2024, mientras que el sector turístico ha duplicado su peso en el PIB en la última década». Estas iniciativas se presentan como herramientas clave para amortiguar los choques externos y generar empleo sostenible.
El Cairo frente al toque de queda energético. Los hogares más modestos de Egipto destinan el 42 % de su presupuesto a la alimentación. El persistente aumento de los precios internacionales de la energía y de los cereales amenaza con lastrar considerablemente el poder adquisitivo.
Los puntos débiles: seguridad alimentaria
El análisis del Banco Mundial resulta especialmente preocupante en el ámbito agrícola. El bloqueo del estrecho de Ormuz afecta directamente a los fertilizantes, ya que la región representa «alrededor del 35% de las exportaciones mundiales de urea». La subida de los precios (+50% en un mes) y el encarecimiento de la energía amenazan los rendimientos agrícolas futuros.
El informe subraya la extrema vulnerabilidad del continente africano: Yibuti presenta una dependencia del 100% en cereales. Además, el 85% del presupuesto de los hogares más pobres se destina a alimentación, lo que convierte cualquier subida de precios en una crisis humanitaria.
Argelia (84%), Túnez (87%) y Egipto (42%) también figuran entre los países donde la seguridad alimentaria es un punto débil. «El impacto del aumento de los precios internacionales, especialmente de la energía y los alimentos, puede traducirse en mayores precios para los consumidores», advierte el informe.
Turismo y remesas: impactos diferenciados
El conflicto ha afectado de inmediato al tráfico aéreo en Oriente Medio, con caídas del 75% en Dubái y del 95% en Doha. En África, sin embargo, el impacto es más limitado.
El informe señala que «las llegadas cayeron un 20% en El Cairo, mientras que Argel y Casablanca registraron descensos inferiores al 10%», lo que confirma cierta resiliencia del Magreb.
En conflictos anteriores, como el de Gaza, Egipto y Túnez incluso registraron aumentos del turismo, beneficiándose de un desplazamiento de flujos hacia destinos considerados más seguros.
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En cuanto a las remesas, el informe advierte de un riesgo clave. A diferencia de crisis anteriores, el alza del petróleo actual está acompañada de perturbaciones en la producción y en las rutas de exportación. «Estas restricciones de oferta podrían neutralizar gran parte de los beneficios», señala el Banco Mundial.
Egipto es especialmente vulnerable, ya que el 73,9% de sus remesas procede del Golfo. Una desaceleración económica en esta región —especialmente en sectores como la construcción— podría afectar directamente a los ingresos de los hogares. Marruecos y Túnez también están expuestos, aunque en menor medida gracias a la mayor diversificación geográfica de sus diásporas.
El informe analiza también el caso de Yibuti, nodo estratégico del comercio en el Cuerno de África. Aunque su posición suele ser una ventaja, el conflicto actual agrava sus dificultades.
El Banco Mundial señala una desaceleración del crecimiento «debido al aumento de los costes de transporte y a las perturbaciones comerciales en los principales corredores». Además, la inestabilidad en el mar Rojo añade un riesgo adicional.
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Mientras el alto el fuego abre la puerta a una tímida reactivación del estrecho de Ormuz, el informe pone de manifiesto las fracturas del continente africano. La mayoría de las economías del norte y del este de África sufren inflación importada, riesgos alimentarios crecientes y una posible reducción de flujos financieros esenciales.
El mensaje del Banco Mundial es claro: en un entorno en el que «la única certeza es la incertidumbre», la supervivencia económica dependerá menos de factores externos y más de la consolidación de políticas industriales específicas y de la diversificación de las economías y de la producción alimentaria.




