De la sequía al excedente: ¿por qué la política agrícola debe adaptarse al nuevo escenario hídrico?

Un agricultor en Chtouka Ait Baha. AFP o licenciantes . AFP or licensors

El 05/03/2026 a las 14h42

Tras siete años de sequía marcados por déficits de precipitaciones de hasta el 85% y por una caída del nivel de llenado de los embalses hasta el 27%, las lluvias recientes han elevado las reservas hídricas por encima del 70%. Una «volatilidad extrema» que obliga, según Nizar Baraka, a replantear la gestión del agua y el modelo agrícola. Análisis.

La Alianza de Ingenieros Istiqlalianos organizó el pasado lunes un ftour-debate dedicado a la soberanía alimentaria en Marruecos. Durante el encuentro, Nizar Baraka, ministro de Equipamiento y Agua, presentó una serie de datos sobre la evolución de los recursos hídricos del país y su impacto en la agricultura.

El responsable gubernamental subrayó en primer lugar que las aportaciones de agua han disminuido de forma significativa con el paso de las décadas. En el pasado, Marruecos recibía alrededor de 22.000 millones de metros cúbicos de agua al año. Esta cifra descendió a 18.000 millones entre los años ochenta y 2000 y hoy se sitúa en torno a los 14.000 millones. La tendencia refleja una caída cercana a un tercio de los recursos hídricos desde la década de 1940.

El análisis resulta aún más revelador al observar las aportaciones que llegan a los embalses. «Tenemos altibajos, pero durante años el ciclo se situaba en torno a los 12.000 millones de metros cúbicos anuales entre 2008 y 2009», precisó el ministro.

Estas fluctuaciones no impiden que en las series hidrológicas aparezcan años especialmente húmedos. «En 2010 alcanzamos un récord, con 45.000 millones de metros cúbicos de aportaciones», recordó Nizar Baraka. Esa cifra contrasta fuertemente con los últimos años. «En los últimos siete años, entre 2018 y 2025, la media no ha superado los 3.870 millones de metros cúbicos, lo que supone una caída del 75%. Se trata de los niveles más bajos observados desde 1945», insistió.

«Quiero subrayar que es la primera vez que registramos un ciclo de sequía tan largo en la historia de nuestro país», añadió. Como consecuencia, los déficits de precipitaciones alcanzaron niveles muy elevados.

Esta situación se reflejó de inmediato en las reservas hídricas. «No superábamos, hasta el año pasado, el 27% de tasa de llenado de los embalses, lo que equivale a unos 5.000 millones de metros cúbicos», indicó Nizar Baraka. «Esta situación tuvo un impacto directo en la agricultura, ya que varias zonas de regadío, especialmente Doukkala, no pudieron recibir los volúmenes de agua necesarios», explicó.

En estas condiciones, el agua destinada al sector agrícola se redujo de forma drástica. «Antes, alrededor de 3.500 millones de metros cúbicos se destinaban a la agricultura», recordó el ministro. En los últimos años, sin embargo, la cifra ha sido mucho menor. «Hoy apenas se supera 1.100 millones de metros cúbicos», añadió. La reducción alcanza casi dos tercios.

Ante esta presión hídrica, las autoridades se vieron obligadas a establecer prioridades en la distribución del agua. «Tuvimos que reducir en dos tercios los volúmenes destinados a la agricultura. La prioridad se dio al agua potable», explicó. El objetivo era garantizar el suministro a la población, aunque esta decisión tuvo consecuencias para varias producciones agrícolas.

Numerosas explotaciones se vieron obligadas a modificar sus cultivos. En cinco años se arrancaron cerca de 40.000 hectáreas de huertos de cítricos, especialmente en la región de Taroudant. «Y en la región del Souss, la superficie cultivada se redujo un 40% debido a la limitada disponibilidad de agua», añadió.

Cómo volver a abastecerse de agua

En este contexto de estrés hídrico, los agricultores buscaron otras fuentes de abastecimiento. Las aguas subterráneas comenzaron a explotarse con mayor intensidad.

«Los agricultores han sobreexplotado los acuíferos recurriendo a numerosos pozos no autorizados», explicó Nizar Baraka. «Más del 85% de los pozos que existen en Marruecos no están autorizados», señaló. El bombeo se intensificó.

Esta sobreexplotación se refleja claramente en los volúmenes extraídos. Las cifras muestran un desequilibrio entre los recursos renovables y las extracciones. «Disponemos de un potencial explotable de 2.200 millones de metros cúbicos, es decir, lo que se regenera cada año, y sin embargo hemos llegado a explotar una media de 5.400 millones de metros cúbicos», precisó.

La presión sobre los acuíferos se tradujo en una caída significativa de sus niveles. El caso del Souss es especialmente ilustrativo, ya que su acuífero descendió entre 7 y 34 metros entre 2022 y 2023.

La actual temporada hidrológica presenta, no obstante, un contraste marcado con los años anteriores. Las lluvias llegaron tarde, pero con gran intensidad.

Los episodios de precipitación han sido especialmente fuertes este año, señaló el ministro, «lo que ha generado un volumen de aportaciones de 13.870 millones de metros cúbicos». Las infraestructuras hidráulicas absorbieron una parte importante de estas entradas. «Logramos captar alrededor del 60% en los embalses, aunque también tuvimos que proceder a liberaciones de agua», recordó Nizar Baraka.

Los volúmenes excedentarios alcanzaron niveles elevados. «Liberamos el equivalente a 5.000 millones de metros cúbicos, lo que representa un excedente del 130% respecto a la media anual», añadió. Las aguas subterráneas también reaccionaron a las precipitaciones. «En algunas zonas hemos observado una subida de seis metros, e incluso más de treinta metros en determinadas regiones», indicó.

Esta evolución aporta un respiro tras varios años de fuerte tensión hídrica y «devuelve un nuevo impulso a la agricultura, especialmente en el ámbito del riego», subrayó el ministro. Sin embargo, advirtió que la vigilancia debe mantenerse porque «Marruecos ya no se encuentra en un régimen de sequía clásica. Ha entrado en un régimen de fenómenos extremos».

El responsable gubernamental habla de una volatilidad extrema ilustrada por el paso de un déficit del 85% en 2021-2022 a un excedente del 130% en el periodo 2025-2030 en apenas cuatro años. En este contexto, los embalses deben gestionar al mismo tiempo la escasez y las crecidas. «Planificar la producción agrícola en este escenario exige una política del agua radicalmente nueva», afirmó.

Las agencias de las distintas cuencas hidrográficas del país ya han iniciado ajustes en su programación. «Se están poniendo en marcha nuevos programas para responder a las necesidades hídricas de los agricultores».

La cuestión del agua sigue siendo determinante para el sector agrícola. «Entre el 75% y el 85% del agua movilizada en Marruecos se utiliza en la agricultura», recordó Nizar Baraka. Las consecuencias de un déficit hídrico son inmediatas. «Sin agua de riego, la producción nacional de trigo, leguminosas y cítricos se verá afectada».

«Si queremos alcanzar la soberanía alimentaria con una lógica de resiliencia, es imprescindible dominar el agua», afirmó. La cuestión hídrica estructura ya el conjunto de la política agrícola y condiciona directamente la seguridad alimentaria nacional.

El ministro recordó, no obstante, que las tensiones sobre los recursos hídricos siguen presentes. «La situación ha mejorado, pero las limitaciones persisten», advirtió. Las proyecciones climáticas siguen siendo preocupantes, ya que «anticipan una reducción de entre el 20% y el 30% de las aportaciones de agua de aquí a 2050».

Esta evolución agravaría aún más el estrés hídrico. «Podríamos pasar de una situación de estrés hídrico a una situación de escasez», señaló el ministro. Los recursos disponibles por habitante ya han disminuido considerablemente. «Cada ciudadano podría disponer en el futuro de apenas 500 metros cúbicos de agua al año», afirmó.

El contraste con décadas anteriores es evidente. «En 1960, los recursos disponibles alcanzaban unos 2.600 metros cúbicos por habitante», recordó el ministro. Hoy esa cifra se sitúa en torno a los 600.

«La política agrícola ya no puede organizarse sobre la base de una disponibilidad de agua que dejará de existir. La asignación por cuencas, la elección de los cultivos y los perímetros de regadío deben revisarse en coherencia con las nuevas dotaciones hídricas», concluyó Nizar Baraka.

Por Hajar Kharroubi
El 05/03/2026 a las 14h42