El proyecto del túnel que aspira a unir Europa y África a través del Estrecho de Gibraltar vuelve a situarse en el foco. El Gobierno español ha reactivado su impulso con la aprobación de una nueva inversión de 1,73 millones de euros destinada a la continuidad de los estudios técnicos.
Esta financiación, contemplada para 2026, tiene como objetivo seguir avanzando en la viabilidad de una conexión ferroviaria fija entre España y Marruecos, considerada una de las infraestructuras más ambiciosas a nivel geoestratégico entre ambos continentes.
Los fondos se canalizarán a través de Secegsa, la sociedad pública encargada de liderar los estudios del proyecto y de coordinarse con las autoridades marroquíes en el desarrollo técnico del enlace.
El megaproyecto contempla la construcción de un túnel ferroviario submarino con una longitud estimada de entre 42 y 65 kilómetros, de los cuales cerca de 28 kilómetros bajo el mar. El trazado previsto conectaría Punta Paloma, en Cádiz, con Punta Malabata, en Tánger, dos puntos estratégicos situados en una de las zonas más viables del Estrecho.

En este sentido, los estudios priorizan el denominado «umbral del Estrecho», una franja submarina menos profunda que permite reducir los riesgos técnicos y facilitar la ejecución del túnel frente a otras alternativas más cortas, pero geológicamente más complejas
Según los estudios preliminares, el diseño incluiría dos túneles ferroviarios —destinados al transporte de pasajeros y mercancías— y otro tunel de servicio para labores de mantenimiento y seguridad. La infraestructura alcanzaría una profundidad máxima de hasta 475 metros, lo que la convertiría en una de las obras de ingeniería más complejas del mundo.
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El desarrollo del túnel se plantea en varias fases. La primera etapa, centrada en la construcción de un análisis del terreno, podría prolongarse entre seis y nueve años. A partir de ahí, los hitos más relevantes del proyecto se sitúan en un horizonte de entre 2035 y 2040, en función de los resultados técnicos y del respaldo institucional que vaya teniendo.

El coste estimado del proyecto supera los 8.500 millones de euros solo en su parte española, incluyendo la excavación, los análisis, las terminales y los equipamientos asociados.
Esta cifra refleja la magnitud de una infraestructura que, además de su complejidad técnica, requiere una planificación financiera a largo plazo y una estrecha cooperación entre España y Marruecos.
Una decisión política estratégica
Tras más de cuatro décadas de estudios y avances irregulares, el proyecto vuelve a activarse en un contexto marcado por el relanzamiento de las relaciones entre ambos países. La nueva inversión evidencia una clara voluntad política de retomar una iniciativa considerada clave para reforzar la conexión entre Europa y África.
En este sentido, el túnel no solo representa un reto de ingeniería, sino también una apuesta estratégica por consolidar un eje de transporte y cooperación entre ambas orillas del Mediterráneo.
No obstante, la infraestructura sigue enfrentándose a importantes desafíos, especialmente relacionados con las condiciones geológicas del subsuelo marino, uno de los principales obstáculos que han frenado históricamente su desarrollo.
De materializarse, esta conexión supondría la primera unión fija entre Europa y África, con un impacto directo en el transporte, el comercio y las relaciones económicas entre ambos continentes.
