Marruecos avanza con determinación hacia su objetivo de elevar la cuota de energías renovables en su mix eléctrico hasta el 52% en 2030. Según el último informe Renewable Capacity Statistics 2026 de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), la capacidad total de energía limpia instalada en Marruecos se ha más que duplicado en una década, pasando de 2.417 megavatios (MW) en 2016 a 4.851 MW a finales de 2025.
Esta dinámica se sustenta en una estrategia decidida y en un mayor atractivo para las inversiones verdes. Según un informe reciente de la Corporación Árabe de Garantía de Inversiones y Crédito a la Exportación, Marruecos se ha consolidado como el segundo destino árabe de inversión extranjera directa (IED) en energías renovables entre 2003 y 2024, con más de 38.100 millones de dólares. Esto se ha traducido en el lanzamiento de 55 proyectos impulsados por 32 empresas, generando cerca de 12.300 empleos, es decir, el 15% del total creado en la región.
El último informe de IRENA muestra que la dinámica observada en la última década está impulsada especialmente por la energía solar, cuya capacidad instalada ha pasado de 202 MW a 1.086 MW entre 2016 y 2025, es decir, más de cinco veces más. Este rendimiento se debe a proyectos de gran envergadura como el complejo Noor en Ouarzazate y al despliegue acelerado de la energía fotovoltaica.
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Cabe señalar, sin embargo, que la energía solar ha afrontado importantes retos tecnológicos. Las dificultades técnicas encontradas en la central Noor Ouarzazate, basada en tecnología termosolar (CSP), han puesto de relieve los límites de esta tecnología, marcada por costes elevados y una compleja operación y mantenimiento.
Esto ha llevado a Marruecos a reorientar su estrategia en energías renovables hacia la energía fotovoltaica, considerada más competitiva y más rápida de desplegar. Así, proyectos como Noor Midelt han sido rediseñados para priorizar la fotovoltaica combinada con sistemas de almacenamiento, adaptándose a la evolución del mercado global.
Este auge de la solar no ha impedido que la eólica siga dominando el panorama de las energías renovables en Marruecos, con una cuota del 52,5%, según el informe de IRENA. Esta fuente mantiene su impulso, ya que casi ha triplicado su capacidad en una década, pasando de 902 MW en 2016 a 2.452 MW en 2025.
Marruecos lidera ampliamente la producción eólica en el mundo árabe, representando por sí solo cerca del 42% del total regional, según el informe de Daman.
Por el contrario, la hidráulica se ha mantenido estancada en 1.306 MW durante todo el periodo, penalizada por la variabilidad climática y la escasez de recursos hídricos. La bioenergía, por su parte, sigue siendo marginal, con apenas 7 MW.
En cuanto al segmento de energías renovables fuera de red (off-grid), es decir, sistemas autónomos que producen su propia electricidad a partir de fuentes naturales (solar, eólica…) sin conexión a la red pública, el informe de IRENA indica que la capacidad total instalada en Marruecos ha pasado de 25,87 MW en 2016 a 28 MW en 2025.
Esta evolución de las renovables ha permitido que representen actualmente el 39,6% de la capacidad eléctrica total de Marruecos, frente al 28,9% en 2016, acercándose al objetivo del 52% fijado para 2030.
En el mix eléctrico real, las energías renovables representaron el 27% de la producción total de electricidad en 2024, un aumento del 27% en un año, según el informe anual de la Agencia Nacional de Regulación de la Electricidad (ANRE). Este resultado se logró a pesar de una caída del 9% en la producción hidráulica y del 25% en la producción solar, debido a la indisponibilidad de la central Noor III de Ouarzazate.
Cabe señalar que la producción nacional de electricidad se basa en varios segmentos: las centrales de la ONEE, los productores privados que operan mediante contratos con el organismo, los proyectos desarrollados con la Agencia Marroquí de Energía Sostenible (Masen), los operadores del mercado libre regulados por la ley 13-09, así como la autoproducción.
En 2024, la producción nacional alcanzó los 43.713 GWh, un aumento del 3% interanual. El mix sigue dominado por el carbón, que representa el 60% de la producción nacional, pese a un descenso de 4 puntos en un año, seguido de la eólica (21%) y del gas natural (10%).
En este contexto, la cuestión del almacenamiento se vuelve crucial con el auge de la energía fotovoltaica, que enfrenta el desafío de la intermitencia. Marruecos apuesta así por el desarrollo de estaciones de bombeo hidroeléctrico reversible (STEP), que permiten almacenar electricidad, así como por baterías de gran capacidad.
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Asimismo, el gas natural se consolida como una energía de respaldo estratégica para estabilizar la red, mientras que el carbón, aún dominante, está llamado a reducirse progresivamente sin desaparecer a corto plazo.
Marruecos, líder en el Magreb
A nivel regional, Marruecos presenta el mayor crecimiento en el Magreb, superando ampliamente a sus vecinos, Argelia (601 MW) y Túnez (1.206 MW).
Entre 2016 y 2025, Marruecos ha añadido más de 2.400 MW de capacidad renovable neta. Un esfuerzo considerable que seguirá intensificándose, con inversiones destinadas a aumentar. En este sentido, el 4 de noviembre de 2025 se firmó en Rabat un acuerdo estratégico entre el Gobierno, la ONEE, Masen y la Agencia Nacional de Gestión Estratégica de las Participaciones del Estado para producir 5 gigavatios de electricidad verde de aquí a 2030 destinados a la industria marroquí.
Enmarcada en el Programa Nacional de Energías Renovables (PNER), esta iniciativa tiene como objetivo reforzar la soberanía energética del Reino, reducir los costes a lo largo de toda la cadena de valor y garantizar la estabilidad contractual de los proyectos.
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En paralelo, el desarrollo de la desalación de agua de mar, alimentada por energías renovables, refleja la aparición de nuevas sinergias entre políticas públicas, pero también una mayor presión sobre la demanda eléctrica.
En definitiva, en una década, Marruecos ha logrado transformar profundamente su paisaje energético. Sin embargo, el reto no es solo aumentar la capacidad y producir más energía verde, sino construir un sistema eléctrico flexible, resiliente e integrado. Una condición imprescindible para convertir al Reino en un hub de electricidad baja en carbono, especialmente hacia Europa y África.
