Inicialmente prevista para 2029, la infraestructura estará lista mucho antes de lo esperado. El calendario se ha adelantado en 33 meses, un ritmo de ejecución poco habitual en una obra de estas dimensiones, más aún en un contexto en el que Marruecos afronta una presión creciente sobre sus recursos hídricos y acelera sus inversiones estratégicas en el sector.
Las características técnicas del proyecto dan una idea clara de su envergadura. Con 75 metros de altura y 460 metros de longitud, la presa de Tamri se convertirá en una de las principales infraestructuras hidráulicas de la región de Souss-Massa. Su capacidad permitirá movilizar en torno a 63 millones de metros cúbicos de agua al año, un volumen clave para garantizar un uso simultáneo y equilibrado entre consumo urbano, agricultura y regulación hídrica.
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Pero más allá de sus dimensiones, el verdadero valor del proyecto reside en su concepción. Lejos de limitarse a una única función, la presa ha sido diseñada como una infraestructura multifuncional. Permitirá reforzar el abastecimiento de agua potable para la población, asegurar la irrigación de las explotaciones agrícolas de la zona y actuar como un mecanismo de protección frente a las crecidas, un fenómeno recurrente en este territorio.
El proyecto se inscribe en el marco del Programa Nacional de Abastecimiento de Agua Potable y de Riego 2020-2027, uno de los ejes centrales de la política hídrica del Reino. Y sus efectos ya se perciben sobre el terreno.
Desde el inicio de las obras, se han generado cerca de 600.000 jornadas laborales, lo que ha contribuido a dinamizar la economía local y a ofrecer oportunidades de empleo a numerosas familias de la región. Una muestra del impacto directo que pueden tener las grandes infraestructuras públicas incluso antes de su puesta en servicio.
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A ello se suma una dimensión menos evidente pero cada vez más relevante: su potencial turístico. El futuro embalse, situado en un entorno natural aún poco explotado en comparación con el litoral de Agadir, podría convertirse en un nuevo foco de atracción.
Actividades como el senderismo, la observación de fauna o el desarrollo de un turismo acuático sostenible empiezan ya a perfilarse como oportunidades concretas para diversificar la oferta turística de la región.
