El jefe de Estado más derechista del país desde la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990) llegó al frente del país andino con un discurso de firmeza frente a la delincuencia y la inmigración irregular, temas especialmente sensibles para los chilenos.
Una de sus primeras decisiones fue ordenar la construcción de «barreras físicas» en la frontera con Bolivia para impedir el paso de migrantes.
En su primer discurso a la nación, pronunciado desde uno de los balcones del palacio presidencial de La Moneda, en Santiago, Kast aseguró además que el «gobierno de emergencia» prometido no sería solo un «eslogan».
«Para hacer frente a estas situaciones de urgencia en materia de seguridad, salud, educación y empleo, Chile necesita un gobierno de emergencia, y eso es lo que vamos a tener (...), no es un eslogan», declaró Kast, de 60 años, ante miles de partidarios reunidos en la capital chilena.
José Antonio Kast fue investido presidente durante una ceremonia celebrada ante el Parlamento reunido en sesión plenaria en Valparaíso, a 110 kilómetros al oeste de Santiago.
Amplio vencedor en las elecciones presidenciales de diciembre frente a la comunista moderada Jeannette Jara, el dirigente de extrema derecha sucede al presidente de izquierda Gabriel Boric.
Primeras medidas
El miércoles por la noche, el nuevo jefe de Estado firmó seis primeros decretos, de los cuales tres están dedicados a frenar la migración irregular, una de sus promesas de campaña.
«Les encomiendo (...) la tarea de ayudarnos a construir barreras físicas para detener la entrada de la inmigración ilegal» en la frontera con Bolivia, ordenó el dirigente ultraconservador al jefe del Ejército, Pedro Varela.
En Chile, cerca de 337.000 personas extranjeras se encuentran en situación irregular, según los datos oficiales.
El presidente anunció también una «auditoría» de todos los ministerios para evaluar en qué estado el gobierno saliente de Gabriel Boric dejó la administración.
«Se nos entrega un país en peor estado de lo que podíamos imaginar», arremetió Kast en su discurso.
Nuevo aliado
Varios dirigentes de la región asistieron a su toma de posesión, entre ellos Javier Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia), Daniel Noboa (Ecuador), el subsecretario de Estado estadounidense Christopher Landau y la premio Nobel de la Paz venezolana María Corina Machado.
La llegada al poder de Kast inscribe a Chile en una ola de gobiernos conservadores en América Latina y ofrece a los Estados Unidos de Donald Trump un nuevo aliado en la región.
Exdiputado, integrante de una corriente católica conservadora y padre de nueve hijos, José Antonio Kast representa «una derecha conservadora como no se conocía desde el retorno a la democracia», afirma Rodrigo Arellano, analista político de la Universidad del Desarrollo de Santiago.
«Tengo muchas esperanzas con Kast. Llevamos muchos años sufriendo mucho vandalismo y delincuencia en Chile», declaró a la AFP José Miguel Uriona, un comerciante de 65 años de Valparaíso.
Aunque los crímenes violentos han aumentado en la última década, Chile sigue siendo uno de los países más seguros de América Latina, con una tasa de homicidios en 2025 de 5,4 por cada 100.000 habitantes.
«Urgencia nacional»
Martina Vivar, estudiante de 20 años de terapia ocupacional, afirmó haber sentido «rabia» ante la victoria de la «campaña del miedo» de Kast, «como en tiempos de la dictadura».
El nuevo presidente asegura que su gobierno hará frente a «una emergencia nacional». Promete actuar con rapidez para frenar el aumento de los homicidios, los secuestros y la extorsión.
Entre los 24 ministros del gobierno de Kast figuran dos exabogados del antiguo dictador Pinochet, fallecido en 2006 mientras estaba acusado de graves violaciones de los derechos humanos, y una militante antiabortista que asumirá la cartera del Ministerio de la Mujer.
Estos nombramientos habían suscitado la indignación de la oposición. Aunque la derecha se encuentra en una posición de fuerza en el Parlamento, necesitará algunos votos del centroizquierda para aplicar sus promesas electorales.
Se trata de un equipo «con muy poca experiencia en negociación y gestión política» que «puede causarle problemas en el Parlamento», comenta el politólogo Alejandro Olivares, analista de la Universidad de Chile.
