Las intervenciones del soberano son poco frecuentes, lo que les confiere un significado y una profundidad particulares. El rey habla poco, pero cuando lo hace, sus palabras son claras, precisas y están dirigidas a objetivos concretos.
A primera vista, el pasaje dedicado a la inmigración parece centrarse en una cuestión delimitada: la cooperación migratoria y las dificultades surgidas durante la última crisis de Ceuta. Sin embargo, quedarse en esa lectura, aunque sea importante, supondría pasar por alto lo esencial. Detrás de la cuestión migratoria se perfila una reflexión mucho más profunda sobre la naturaleza de la asociación entre Marruecos y Europa, las responsabilidades de cada parte y, sobre todo, el respeto que merece un Estado soberano.
El mensaje real se resume en una idea central y precisa. Marruecos es un socio, no un país al que se puedan imponer las condiciones de su cooperación.
El fin de una cooperación que se daba por sentada
El soberano comienza recordando un principio que debería ser evidente en unas relaciones internacionales normales. Marruecos cumple sus compromisos y respeta debidamente a sus socios. Por tanto, puede esperar legítimamente que estos le dispensen la misma consideración.
La formulación empleada por el rey no es casual. Remite a una realidad política concreta. A lo largo de los años, el Reino ha consolidado su posición en los mecanismos de cooperación en materia de seguridad, lucha contra las redes criminales y gestión de los flujos migratorios. Su contribución no constituye un favor concedido a Europa, sino que forma parte de una relación de asociación en la que ambas partes deben asumir sus obligaciones.
Sin embargo, las sucesivas crisis han puesto de manifiesto los límites del modelo actual. Es precisamente esta realidad la que reconoce el soberano al señalar que la cooperación ha llegado a sus límites.
No se trata de negar los resultados obtenidos con España. Al contrario, el discurso real reconoce expresamente los avances logrados en distintos ámbitos. Pero ese reconocimiento no equivale a un cheque en blanco. Los éxitos del pasado no pueden justificar la perpetuación de un sistema que ya no responda a las nuevas realidades.
Marruecos anuncia, por tanto, su intención de replantear el marco de esta cooperación.
España, directamente interpelada
El pasaje más firme del discurso se refiere a las declaraciones de algunos responsables políticos y a las posiciones expresadas en determinados medios de comunicación españoles. El rey denuncia su carácter irresponsable y cuestiona la instrumentalización de la situación por parte de algunos sectores.
La elección de las palabras merece atención. El soberano no pone en cuestión el conjunto de las relaciones bilaterales, y mucho menos la cooperación con el pueblo español. Distingue entre la asociación estratégica y los comportamientos políticos y mediáticos que pueden debilitarla.
Pero el mensaje fija un límite infranqueable: la cooperación marroquí no puede quedar sometida a presiones, amenazas o chantajes. Ahí reside la principal fuerza política de sus palabras, que tendrán eco en Madrid.
La cooperación migratoria no puede utilizarse como instrumento para obtener de Marruecos una determinada posición sobre otras cuestiones. Tampoco puede servir de pretexto para campañas de estigmatización ni para cuestionar la soberanía del Reino.
Marruecos quiere que se le juzgue por sus compromisos y sus actos, y no que se le coloque permanentemente en la posición de tener que demostrar su buena voluntad bajo la presión de las polémicas políticas internas españolas. Esta distinción es esencial.
La cooperación es una decisión soberana, no una obligación unilateral que uno de los socios pueda imponer al otro a su antojo.
Un mensaje que va más allá de Madrid
En realidad, el discurso adquiere una dimensión claramente europea. El soberano no se dirige únicamente a España. Anuncia que Marruecos presentará a sus socios, en plural, un documento estratégico con una nueva orientación basada en el codesarrollo, la competitividad económica y la estabilidad regional.
Este anuncio da una perspectiva concreta a la firmeza expresada anteriormente. No se trata simplemente de protestar contra determinadas declaraciones ni de responder a una crisis puntual. Se trata de proponer una revisión del marco en el que deberán desarrollarse las relaciones entre el Reino y sus socios.
Marruecos no actúa de manera impulsiva ni busca la confrontación. Preserva las perspectivas de sus relaciones, pero plantea un marco renovado que se propone poner sobre la mesa.
Europa está directamente concernida. No puede esperar que Marruecos contribuya a proteger sus fronteras, combatir las redes de tráfico de migrantes y gestionar los flujos migratorios sin tener en cuenta el conjunto de los intereses marroquíes.
La cuestión migratoria no puede separarse de los asuntos económicos, la inversión, la movilidad, la juventud y la estabilidad del espacio euromediterráneo. La seguridad europea y el desarrollo de su vecindad meridional están estrechamente vinculados.
El mensaje real invita, por tanto, a los socios europeos a abandonar una relación abordada con demasiada frecuencia desde la perspectiva de las urgencias, las disputas políticas internas y las exigencias inmediatas, para construir una cooperación estratégica más equilibrada.
Esto no significa que todos los socios europeos compartan las actitudes de determinados sectores españoles. El mensaje les recuerda, más bien, que la credibilidad de una asociación depende de unos principios comunes y de la reciprocidad.
La soberanía no se negocia bajo presión
La fuerza de este discurso histórico reside también en su método. El soberano no cierra la puerta a la cooperación. Al contrario, recuerda los avances alcanzados, reconoce la existencia de intereses compartidos y anuncia una nueva propuesta estratégica. La firmeza va acompañada de una oferta explícita de diálogo. Pero ese diálogo debe desarrollarse sobre una base clara y con respeto mutuo.
España y Marruecos son países vecinos. Sus intereses económicos, humanos y de seguridad están profundamente entrelazados. Esta proximidad hace indispensable la cooperación, pero también exige aclarar sus reglas. Estas no pueden prescindir, en ningún caso, del respeto mutuo y de la confianza compartida.
Una relación duradera no puede basarse en la idea de que uno de los socios necesita más al otro y que, por esa razón, debe aceptar presiones. Exige que cada parte reconozca la legitimidad de los intereses de la otra.
Marruecos afirma así su voluntad de mantener la asociación, al tiempo que rechaza que esta se convierta en un instrumento de coerción.
Una nueva etapa en las relaciones con Europa
El anuncio del documento estratégico que se presentará es probablemente el elemento más relevante de cara al futuro. Su alcance real dependerá de su contenido, de su aplicación y de la acogida que le dispensen los socios del Reino. Sería prematuro concluir que Marruecos pretende romper con el modelo europeo existente o cuestionar el conjunto de sus relaciones con España.
La interpretación más sólida es otra. Rabat quiere hacer evolucionar los términos de la cooperación, ampliar sus ambiciones y tener más en cuenta los intereses marroquíes y europeos, dada su estrecha interdependencia.
El Reino ya no quiere presentarse únicamente como un vecino encargado de contribuir a gestionar los problemas de Europa. Aspira a ser reconocido como un socio estratégico cuyas prioridades de desarrollo, necesidades de seguridad y decisiones soberanas deben contar a la hora de definir las políticas comunes.
Esta posición se inscribe en una diplomacia que busca combinar la cooperación, la diversificación de las asociaciones y la defensa de los intereses nacionales.
El discurso todavía no detalla todos los aspectos de esta nueva orientación, pero establece con claridad su principio político.
El verdadero sentido del mensaje real
En definitiva, el pasaje dedicado a España trasciende la crisis migratoria de Ceuta. Plantea una cuestión que afecta al conjunto de las relaciones entre Marruecos y sus socios europeos y que puede formularse con precisión: ¿sobre qué bases queremos cooperar mañana?
El rey responde vinculando esa cooperación a tres exigencias fundamentales:
No se trata de romper con España ni de dramatizar las divergencias. Se trata de recordar que una relación estratégica solo puede perdurar si se apoya en un equilibrio real entre los socios.
Europa tiene mucho que ganar si escucha este mensaje. Marruecos es un vecino con el que comparte grandes desafíos, pero también un Estado que quiere definir libremente sus decisiones y defender sus intereses. Parece haber llegado a su fin el tiempo en que la cooperación marroquí podía darse por sentada, independientemente de las circunstancias políticas.
El mensaje de Su Majestad el rey Mohammed VI es claro. El Reino de Marruecos, una nación con siglos de historia y una monarquía milenaria, como recuerda el soberano, sigue abierto a la asociación. Pero quiere participar en ella como un actor plenamente soberano, respetado y escuchado.
Solo así la cooperación con España y Europa podrá superar la mera gestión de las crisis y convertirse en una verdadera estrategia común de prosperidad y estabilidad, en beneficio de la región y más allá de ella.
Cuando Su Majestad el rey Mohammed VI afirma, en esencia, que «el sentimiento que más aprecio en la vida es el orgullo de ser marroquí», expresa un sentimiento compartido por los marroquíes, de Tánger a Lagouira. Somos un pueblo orgulloso, respetuoso y amable. Todo el mundo lo sabe. Eso no es una debilidad; todo lo contrario. Corresponde a los demás respetarnos como somos, del mismo modo que nosotros los respetamos.
Y el soberano añade: «Afirmamos que la asociación es una elección soberana y un compromiso voluntario, que no puede ser objeto de presión, amenaza ni chantaje alguno».
Para quien quiera entenderlo, no hacen falta más palabras…
