Enfermedad del argán en Chtouka Ait Baha: los síntomas de decaimiento siguen siendo limitados

Un argán.

El 21/03/2026 a las 12h43

Mientras circulaban en las redes sociales imágenes alarmantes que hacían temer una epidemia devastadora que afectaría al argán, la Agencia Nacional de Aguas y Bosques (ANEF) aporta un desmentido claro. Los síntomas de decaimiento observados en Chtouka Ait Baha son reales, pero limitados. Su causa no es una enfermedad contagiosa, sino más bien las secuelas de años de sequía y de un clima cada vez más hostil.

Las preocupaciones suscitadas en los últimos días por la propagación de una enfermedad grave que afectaría a los arganes de la región de Chtouka Ait Baha parecen, por ahora, carecer de fundamento epidémico. La Agencia Nacional de Aguas y Bosques (ANEF) quiso reaccionar oficialmente a las informaciones alarmistas difundidas en los últimos días en las redes sociales.

«Sobre la base de los datos de campo y de los diagnósticos técnicos realizados, no existe ninguna enfermedad epidémica virulenta que amenace los bosques de argán en la región», afirmó la Agencia en un comunicado. Las constataciones efectuadas revelan que los síntomas de decaimiento observados siguen siendo muy limitados y localizados, concentrándose en algunos focos dispersos que presentan bajos niveles de degradación, sin impacto significativo sobre el estado general de la cubierta forestal.

Según la ANEF, la situación se debe principalmente a un estrés climático acumulativo, resultado de la sucesión de varios años de sequía, del aumento de las temperaturas y de la escasez de las precipitaciones, y no a la propagación de una enfermedad contagiosa.

«Los datos climáticos registrados durante los últimos siete años son particularmente preocupantes. Reflejan un déficit notable de precipitaciones, acompañado de un aumento continuo de las temperaturas que ha superado los +2,3 °C con respecto a la media de referencia de los últimos treinta años», precisa la ANEF en su comunicado.

Los años 2023 y 2024 estuvieron entre los más secos jamás registrados en la región, con un déficit pluviométrico cercano al 48%. A ello se suma una disminución continua del nivel de las capas freáticas, que afecta directamente al equilibrio hídrico de los suelos y reduce la capacidad de los árboles para abastecerse de agua.

Paradójicamente, ha sido la reciente mejora de las condiciones climáticas la que ha contribuido a la aparición de los síntomas visibles que suscitaron preocupación. El aumento relativo de la humedad ha favorecido, en efecto, el desarrollo de hongos secundarios, así como de líquenes, especialmente en las zonas costeras y en los entornos con alta humedad. Estos organismos se desarrollan principalmente sobre la madera muerta y las ramas secas, lo que explica la aparición de ciertas manifestaciones superficiales de aspecto preocupante. No indican, sin embargo, ninguna infección que se propague de un árbol a otro.

La ANEF asegura que sigue aplicando un programa integrado de vigilancia y protección, que incluye un seguimiento continuo sobre el terreno, análisis de laboratorio e intervenciones selvícolas preventivas. También están en curso acciones de rehabilitación, reforestación y protección de la regeneración natural, paralelamente a la adopción de técnicas destinadas a mejorar la gestión de los recursos hídricos y reforzar la resiliencia de los ecosistemas forestales frente al cambio climático.

La Agencia reafirma que la situación está siendo objeto de un seguimiento regular y riguroso, y que el conjunto de los indicadores disponibles no muestra ningún signo de enfermedad epidémica de carácter contagioso.

Por la redacción
El 21/03/2026 a las 12h43