A escasa distancia de la vía rápida que une Tiznit con Dakhla, el visitante debe abandonar el asfalto para adentrarse en una pista rural que conduce a un discreto santuario del saber. Dirigida por la asociación de la Kasbah de Ed-Doura, bajo la supervisión de Mohammed Khar, esta escuela vive hoy una transformación notable. Gracias al apoyo de benefactores y de las autoridades locales, el establecimiento se desarrolla progresivamente para convertirse en un verdadero complejo educativo.
En el seno de esta institución, que acoge a una treintena de internos, la vida cotidiana está marcada por el sonido de los cálamos deslizándose sobre las tablillas de madera recubiertas de arcilla fina y secadas al sol. Se trata de un método de aprendizaje ancestral, inalterado a lo largo de las generaciones, que favorece una concentración absoluta, lejos de las distracciones digitales. El uso del teléfono móvil, por cierto, está estrictamente limitado a los días de descanso semanales.
El establecimiento ya no se limita a su estructura inicial y prosigue hoy su expansión. Actualmente está en marcha un amplio proyecto de casa de huéspedes con capacidad para más de 130 camas, mientras que una nueva mezquita, cuyas obras están ejecutadas al 70%, vendrá a completar el conjunto. A ello se suma la creación de un campo deportivo destinado a ofrecer a los jóvenes estudiantes un marco de vida más equilibrado y propicio para su desarrollo.
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Bajo la supervisión del Ministerio de Habices y Asuntos Islámicos, la institución encarna el modelo religioso marroquí basado en el rito malikí. También se abre a su entorno mediante la organización de concursos de salmodia y encuentros pedagógicos con varias escuelas privadas de la región.
Este dinamismo local se inscribe en una dinámica nacional más amplia. Marruecos cuenta hoy con más de 11.000 escuelas coránicas que acogen a cerca de 450.000 alumnos, lo que da testimonio del profundo apego de la sociedad marroquí a sus raíces espirituales y a la transmisión de valores de moderación y tolerancia.
