El proyecto europeo Soil O-Live convierte a Marruecos en punto de encuentro de expertos internacionales. Coordinado por la Universidad de Jaén (UJA), tiene como objetivo impulsar la transformación del modelo agrícola del olivar. Meknés acoge así un nuevo desafío centrado en definir cómo adaptar la gestión del suelo a los retos actuales del sector.
Tras los encuentros previos en Jaén, Mitilene y Trapani, este cuarta cita en la la ciudad Meknes se convertirá hasta el 27 de marzo en el centro de operaciones de este consorcio internacional para seguir impulsando la innovación ecosistema del olivar.
Lejos de ser una cita meramente técnica, el encuentro refleja una preocupación creciente: la necesidad de replantear la base misma sobre la que se sustenta la producción olivarera. En este contexto, el suelo emerge como un elemento clave para garantizar la sostenibilidad futura.
Durante varios días, investigadores, instituciones y actores del sector analizan avances y trazan nuevas líneas de acción con un objetivo común: mejorar la fertilidad del suelo, preservar su biodiversidad y reforzar su capacidad de adaptación frente a un clima cada vez más inestable.

La elección de Marruecos como sede no es casual. El reino, que ha ganado peso en la producción de aceite de oliva en los últimos años, ofrece condiciones especialmente representativas de los retos que enfrenta el conjunto del Mediterráneo, desde la escasez de agua hasta la degradación progresiva de los suelos agrícolas.
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En este sentido, el encuentro busca ir más allá del plano teórico. La combinación de sesiones de trabajo con visitas sobre el terreno apunta a acercar la investigación a la realidad de los agricultores, uno de los grandes desafíos en este tipo de iniciativas.
Además, la participación de organismos internacionales como el Consejo Oleícola Internacional (COI) subraya la dimensión global del proyecto y la necesidad de coordinar esfuerzos en un sector especialmente expuesto a los efectos del cambio climático.
Con este tipo de iniciativas, el olivar mediterráneo empieza a redefinir sus prioridades. El foco ya no está únicamente en producir más, sino en hacerlo mejor: con sistemas más resilientes, sostenibles y capaces de perdurar en el tiempo.
