Medicina, farmacia, ingeniería: las carreras que aún encarnan el éxito social en Marruecos

El 08/03/2026 a las 11h21

La medicina, la farmacia y la ingeniería continúan concentrando las ambiciones de los jóvenes marroquíes tras el bachillerato. La elección de los estudios nunca responde únicamente a una decisión individual. ¿Qué factores se esconden detrás de estas preferencias y qué implica esta orientación para el futuro de la juventud y de la sociedad?

Desde hace varias décadas, ciertas carreras ocupan un lugar particular en la sociedad marroquí. En un contexto en el que el éxito profesional se percibe ampliamente como la condición primordial para alcanzar una estabilidad económica y social, las decisiones educativas de los jóvenes adquieren una dimensión decisiva. Las elecciones de orientación tras el bachillerato no se reducen a una simple preferencia académica: a menudo se conciben como una inversión a largo plazo, capaz de garantizar un nivel de vida estable y reconocimiento social.

Pero, ¿por qué los estudios de medicina y de ingeniería siguen representando una garantía de éxito social? ¿Se puede hablar de oportunidad individual o de reproducción social? ¿Y qué compromisos imponen estos itinerarios a los estudiantes y a sus familias?

Para Chakib Guessous, sociólogo y médico radiólogo, la historia del país permite comprender en gran medida la persistencia de estas representaciones. «Tras la independencia, los médicos y los farmacéuticos disfrutaban de un nivel de vida claramente superior al de los funcionarios y al de muchas otras categorías profesionales», recuerda.

En una época en la que la economía marroquí aún estaba en proceso de estructuración y las oportunidades profesionales seguían siendo limitadas, estas profesiones simbolizaban a la vez el éxito social, la estabilidad financiera y cierto prestigio. Las familias fueron incorporando progresivamente esta realidad a sus estrategias educativas, animando a sus hijos a orientarse hacia estas profesiones consideradas seguras y valoradas.

Aunque el prestigio social de algunas profesiones médicas ha evolucionado con el tiempo, esta percepción sigue profundamente arraigada. Para muchos padres, los estudios de medicina o de farmacia continúan considerándose una inversión segura. «El médico sigue siendo demandado tanto por la sanidad pública como también en otros países», explica el sociólogo. Esta dimensión internacional refuerza la idea de que estos itinerarios ofrecen perspectivas profesionales relativamente estables, e incluso la posibilidad de movilidad en el extranjero. En un contexto económico a veces incierto, la garantía de poder «vivir dignamente» sigue siendo un argumento determinante en las decisiones de orientación.

Todavía hoy, estas preferencias se reflejan en los datos recientes de la enseñanza superior. Entre 2024 y 2025, la matrícula aumentó con fuerza en varias carreras médicas y profesionalizantes: +9,53% en medicina, +17,67% en farmacia, +10,87% en odontología y +8,05% en ciencias de la ingeniería. Estas evoluciones contrastan con las de otras disciplinas. Las ciencias y técnicas, por ejemplo, registran un retroceso del -4,45%. Esta dinámica confirma una tendencia observada desde hace varios años: los estudiantes privilegian las formaciones asociadas directamente a una inserción rápida en el mercado laboral, mientras que las carreras más académicas o menos profesionalizantes parecen menos atractivas.

Sin embargo, estas elecciones no responden únicamente a una decisión individual. El acceso a determinadas carreras está, en sí mismo, estructurado por mecanismos de selección que van más allá de las solas capacidades académicas de los estudiantes. «Para acceder a los estudios de medicina, hay que obtener una nota alta en el bachillerato. Muchas familias invierten entonces en clases extra para preparar las pruebas de acceso. Y cuando el joven debe dejar su ciudad para continuar sus estudios, a veces a varios cientos de kilómetros, eso representa un coste importante», explica Chakib Guessous. En otras palabras, el éxito escolar suele descansar en una inversión financiera previa: clases particulares, preparación específica para los concursos o, incluso, la posibilidad de costear un alojamiento estudiantil en otra ciudad. En estas condiciones, los estudiantes procedentes de grandes metrópolis como Casablanca o Rabat disponen de una ventaja estructural frente a quienes viven en regiones más alejadas.

Estas dinámicas también se inscriben en una lógica de reproducción social, en la que las trayectorias profesionales tienden a transmitirse de una generación a otra. «Quien posee una clínica incitará de manera natural a sus hijos a convertirse en médicos para asegurar el relevo. Muchos hijos se dicen entonces que seguirán el mismo camino que su padre, puesto que él ha podido vivir correctamente de esa profesión», observa. Este fenómeno no se explica solo por una presión familiar explícita. También se debe a la familiaridad con un determinado universo profesional, al ejemplo parental y a la percepción de un itinerario ya trazado. En algunos casos, los propios hijos aspiran a reproducir la trayectoria de sus padres, por identificación o admiración.

Cuando el éxito también debe ser visible

La dimensión de la independencia profesional constituye asimismo un factor determinante en estas elecciones. «Si estudias física nuclear, no vas a abrir tu propia empresa: casi con toda seguridad serás asalariado. En cambio, en medicina o en farmacia, puedes abrir tu consulta o tu oficina y trabajar por cuenta propia», subraya el médico radiólogo. La posibilidad de ejercer una profesión liberal, crear una actividad propia y controlar el propio futuro económico sigue siendo un argumento de gran peso.

Por el contrario, algunas disciplinas científicas más teóricas, como la física o las matemáticas, suelen conducir a carreras en la investigación o en la enseñanza, menos visibles socialmente y, por lo general, inscritas en el trabajo asalariado.

Por último, un fenómeno más reciente parece influir en las aspiraciones de las nuevas generaciones: la búsqueda de reconocimiento social en el espacio digital. «Hoy, los jóvenes sienten una necesidad de visibilidad, también en el espacio digital. Si el reconocimiento social no llega, a veces se busca a través de las redes sociales, que se convierten en una forma de validación», explica Chakib Guessous.

En un entorno en el que la imagen pública y el reconocimiento simbólico ocupan un lugar cada vez más importante, la elección de una profesión también puede verse influida por la visibilidad que esta proporciona. La orientación, por tanto, no depende únicamente de las capacidades académicas o de las salidas económicas: también se inscribe en un sistema de valores en el que el éxito debe ser reconocido y visible, tanto en la sociedad como en el espacio digital.

Por Camilia Serraj
El 08/03/2026 a las 11h21