En los últimos días, varias publicaciones virales han generado inquietud en las redes sociales al afirmar la existencia de redes criminales especializadas en el secuestro de niños y el tráfico de órganos. Ante la magnitud de estos mensajes, la DGSN (Dirección General de la Seguridad Nacional) ha desmentido categóricamente esta información, precisando que se trata de rumores infundados.
Según las autoridades, las investigaciones realizadas por los servicios de seguridad sobre algunos incidentes difundidos en internet revelaron que, en la mayoría de los casos, se trataba de malentendidos o de hechos presentados de forma distorsionada. Varias de las grabaciones compartidas masivamente serían antiguas o carecerían de cualquier carácter criminal.
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La propagación de estos rumores se produce en un contexto marcado por la emisión de la serie de Ramadán «Och Tmâa» en Al Aoula (La Primera cadena pública). Esta obra dramática presenta una red femenina dirigida por un personaje llamado «Chama», dedicada al tráfico de recién nacidos. Este paralelismo entre la ficción televisiva y los contenidos que circulan en internet ha contribuido a confundir a parte del público.
Para el especialista en cuestiones sociales Mohssine Benzakour, este fenómeno puede explicarse por mecanismos psicológicos bien conocidos. «Cuando una persona sigue una obra dramática que aborda un tema sensible, especialmente si está relacionado con el miedo o con la imagen del niño, tiende a proyectarse en la historia e interpretarla como una prolongación de la realidad», afirma.
«En psicología, este mecanismo se denomina “proyección”. Hace que las personas estén más inclinadas a creer informaciones que coinciden con las imágenes mentales construidas a partir de la ficción», añade. «Hoy en día el público ya no se limita a ver una serie en televisión. Las escenas circulan, se vuelven a ver y se comentan constantemente en los teléfonos y en las redes sociales, lo que refuerza su presencia en el imaginario colectivo», explica.
Además, algunos internautas aprovechan este clima para generar lo que se conoce como buzz. «Algunas personas difunden deliberadamente contenidos impactantes o fabricados con el objetivo de atraer la atención y aumentar el número de visualizaciones y seguidores», señala. «Con las herramientas digitales y la Inteligencia Artificial, resulta cada vez más fácil crear imágenes o vídeos engañosos, lo que favorece la propagación de información falsa y la manipulación», añade.
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No obstante, el especialista considera que la responsabilidad no puede atribuirse únicamente a la ficción televisiva. «Este fenómeno es el resultado de varios factores, entre ellos la falta de educación mediática en una parte del público y la tendencia a compartir contenidos rápidamente sin comprobar su fiabilidad», continúa.
Según explica, muchos usuarios de internet actúan hoy en día siguiendo una lógica de reacción inmediata. «Muchos se limitan a hacer clic en “me gusta” y “compartir” sin pasar por las etapas esenciales de verificación de la fuente y análisis de la información», señala.
Ante esta situación, Mohssine Benzakour pide reforzar la educación mediática. «Es fundamental desarrollar el espíritu crítico y animar a los ciudadanos, especialmente a los jóvenes, a verificar la información antes de difundirla», concluye. El especialista insiste finalmente en la responsabilidad colectiva en la circulación de la información, recordando que la difusión de rumores falsos puede alimentar un clima de inquietud y presión psicológica dentro de la sociedad.
