Banco Europeo de Inversiones: Marruecos y Egipto, principales beneficiarios africanos de los desembolsos

Sede del Banco Europeo de Inversiones (BEI)

El 27/02/2026 a las 15h59

El análisis del informe de actividad 2025 del Grupo Banco Europeo de Inversiones (BEI) —brazo financiero de la Unión Europea— pone de relieve a varios países africanos y sectores que destacan por su atractivo para la financiación del desarrollo sostenible.

En 2025, el Banco Europeo de Inversiones (BEI), a través de su rama dedicada al desarrollo internacional, BEI Global, inyectó la suma de 3.100 millones de euros en África, lo que refleja una intensificación de su compromiso en el continente. Este volumen, que representa un tercio del total desplegado por BEI Global fuera de la Unión Europea (9.000 millones de euros), no constituye únicamente una operación de financiación, sino el despliegue de una estrategia estructurada.

Este esfuerzo financiero se orientó hacia proyectos de alto impacto, alineados con las prioridades nacionales y con la iniciativa Global Gateway de la UE. Marruecos y Egipto emergen claramente como polos de inversión e innovación. Más aún, las decisiones de asignación en 2025 —con Marruecos y Egipto a la cabeza, seguidos por Mauritania, Nigeria y Malawi, y con compromisos significativos en salud e innovación empresarial— dibujan un mapa de oportunidades y transformaciones en curso en el continente, donde las asociaciones basadas en proyectos concretos y alineadas con prioridades locales muestran su eficacia.

Escuela resiliente reconstruida en la región de Al Haouz (Marruecos), integrando normas antisísmicas y eficiencia energética gracias a fondos del BEI.

Marruecos se consolida como uno de los principales beneficiarios africanos de las inversiones del BEI en 2025, ilustrando una sinergia estratégica entre necesidades nacionales urgentes y la respuesta focalizada de BEI Global. Una cooperación estructurada en torno a dos ejes principales: la adaptación al cambio climático y la seguridad hídrica.

En este marco, el BEI financió proyectos de producción y distribución de agua potable, con el objetivo específico de reforzar infraestructuras resilientes al clima y garantizar un acceso equitativo en pequeñas ciudades y zonas rurales. Una intervención que responde directamente al aumento del estrés hídrico, un desafío crítico para la seguridad y el desarrollo sostenible del país.

Por otra parte, la reconstrucción posterior al sismo de Al Haouz y la modernización de infraestructuras: un programa de envergadura respalda la rehabilitación de escuelas, hospitales, carreteras e infraestructuras esenciales dañadas, integrando de manera sistemática diseños resistentes a riesgos climáticos, eficiencia energética y estándares sociales elevados.

Un proyecto que subraya la importancia de las alianzas público-privadas (APP) para «reconstruir mejor», incorporando desde la fase de diseño los imperativos de sostenibilidad y resiliencia frente a riesgos naturales agravados por el cambio climático.

Egipto, por su parte, consolida su papel central en la transformación energética africana, atrayendo financiaciones significativas del BEI para proyectos estructurantes alineados con sus prioridades nacionales. Tres palancas clave caracterizan este compromiso. La descarbonización industrial y la economía circular se benefician de una subvención de 21 millones de euros de la UE, canalizada a través del BEI, que respalda directamente la estrategia nacional de reducción de emisiones y el refuerzo de las capacidades de reciclaje.

La energía solar a gran escala recibe un impulso con el apoyo al proyecto fotovoltaico Obelisk, presentado como la mayor central solar de África con almacenamiento en baterías, un vector esencial para aumentar la cuota de renovables en el mix energético nacional y regional.

El sector privado, motor de innovación y creación de empleo, se reforzó mediante la inversión en el fondo RMBV North Africa Fund III, destinado a dinamizar el crecimiento de las empresas egipcias y norteafricanas. Iniciativas que posicionan a Egipto como catalizador de la transición verde en el continente.

Proyectos emblemáticos por país beneficiario de los 3.100 millones de euros del BEI.

Otras dinámicas regionales destacables: la distribución de las inversiones del BEI en 2025 revela un enfoque multidimensional que aborda retos específicos por región, con la salud pública como prioridad transversal. En Mauritania y Cabo Verde, situados entre los principales beneficiarios, el desarrollo de la economía azul constituye un eje estructurante, movilizando financiación para infraestructuras y gestión sostenible de recursos marinos. Un sector estratégico que combina crecimiento económico inclusivo y preservación ecológica, generando empleo local en regiones costeras vulnerables.

En África occidental, en particular en Costa de Marfil, Sierra Leona y Guinea, la intervención del BEI se centró en el refuerzo de las cadenas de valor agrícolas, con especial atención a la cadena del cacao. Este apoyo integra de forma sistemática un triple objetivo: consolidación de pymes locales, promoción de la igualdad de género y creación de oportunidades para la juventud. Inversiones que responden a un imperativo de estabilidad socioeconómica en zonas de fuerte presión demográfica donde la agricultura sigue siendo el principal medio de subsistencia.

Camerún ilustra, por su parte, el impacto transformador de las infraestructuras energéticas: la ampliación del acceso a la electricidad en comunidades rurales beneficia directamente a más de 1,6 millones de personas. Un proyecto que muestra cómo la electrificación rural actúa como catalizador del desarrollo humano y económico local, reduciendo desigualdades territoriales.

La salud pública se afirma como ámbito pionero a través de tres iniciativas principales. El acuerdo de garantía con MedAccess, operado en el marco del programa Human Development Accelerator (copilotado por la Comisión Europea, el BEI y la Fundación Gates), utiliza instrumentos financieros innovadores para facilitar el acceso a suministros médicos esenciales a escala continental.

En paralelo, el apoyo a la producción de vacunas ARNm en Ruanda con BioNTech, complementado por el refuerzo de capacidades de fabricación local en Senegal y Ghana, posiciona a estos países como referentes de la autonomía farmacéutica africana, un desafío crítico de soberanía sanitaria.

En Angola, la financiación de la primera campaña nacional de vacunación contra el cáncer de cuello uterino, dirigida a 2 millones de niñas, materializa el compromiso con la salud preventiva de las mujeres, con potencial para reducir de forma significativa la mortalidad a largo plazo.

Cabe subrayar que el BEI situó el apoyo al sector privado y a la innovación empresarial en el centro de su estrategia africana en 2025, desplegando instrumentos financieros avanzados para abordar el déficit histórico de financiación de startups. Este enfoque se concreta, en particular, a través del Africa Venture Finance Programme, alojado en la Universidad de Oxford, que formó y dotó de herramientas a más de 40 gestores africanos de fondos de capital riesgo en 2025.

Un programa estructurante que funciona como multiplicador de impacto: al reforzar las capacidades locales de gestión de inversiones de riesgo, acelera el despliegue de capital hacia empresas innovadoras, con atención especial a proyectos liderados por jóvenes y mujeres emprendedoras.

En paralelo, BEI Global comprometió más de 350 millones de euros en fondos de inversión panafricanos, en particular los gestionados por Amethis y Ardian, orientados específicamente a la financiación de pymes de alto potencial y proyectos emergentes. Mecanismos que cubren un vacío crítico en el ciclo de financiación —el «foso de las series A»— que hasta ahora frenaba la maduración de startups africanas prometedoras. Al actuar como inversor ancla, el BEI multiplica el efecto palanca al atraer capital privado internacional hacia ecosistemas emprendedores dinámicos pero subcapitalizados, transformando así la innovación local en motor de crecimiento inclusivo y creación de empleo sostenible.

La presidenta del Grupo BEI, Nadia Calviño, subraya la filosofía de acción: «en 2025, el BEI intensificó su apoyo a asociaciones de beneficio mutuo en África, basadas en el respeto recíproco. Como brazo financiero de la Unión Europea, propiedad de sus 27 Estados miembros, marcamos la diferencia donde más importa: en proyectos de alto impacto que las poblaciones pueden percibir de manera concreta y en los que las comunidades de toda África pueden confiar».

Este compromiso se inscribe en el éxito de BEI Global, que alcanzó su objetivo de movilizar 100.000 millones de euros (incluidos 20.000 millones para Global Gateway en 2025) mucho antes del horizonte de 2027.

Así, como puede constatarse, conviene señalar el papel central del BEI, a través de BEI Global y de instrumentos como la base de datos GEMs (copilotada con el Banco Mundial), no solo como financiador, sino también como catalizador de conocimiento y de capital privado para el desarrollo sostenible de África.

Por Modeste Kouamé
El 27/02/2026 a las 15h59