Crisis en Ormuz: África ante el riesgo de escasez de fertilizantes y un nuevo choque alimentario

Las perturbaciones del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz ya empiezan a impactar en la agricultura africana.

El 14/03/2026 a las 10h23

La casi paralización del estrecho de Ormuz, provocada por la escalada militar entre Irán, Estados Unidos e Israel, no amenaza únicamente los flujos petroleros mundiales. El conflicto golpea también un eslabón estratégico de la economía agrícola: el comercio internacional de fertilizantes. Para África, cuya cadena de suministro depende en gran medida de productores del Golfo, esta ruptura logística llega en un momento crítico del calendario agrícola.

A la luz de la crisis, varios análisis de organizaciones internacionales advierten de que la perturbación simultánea de los mercados de la energía, el transporte marítimo y los insumos agrícolas podría traducirse rápidamente en una caída de los rendimientos y en una fuerte presión sobre la seguridad alimentaria del continente.

En el centro de la crisis se encuentra el estrecho de Ormuz, un paso marítimo estrecho que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico y por el que transitan flujos energéticos e industriales esenciales para la economía mundial. Un análisis publicado el 10 de marzo de 2026 por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) subraya la magnitud de la ruptura logística provocada por la escalada militar regional.

Según la nota titulada «Perturbaciones en el estrecho de Ormuz: implicaciones para el comercio mundial y el desarrollo», el tráfico marítimo en el estrecho se ha desplomado un 97 % en pocos días. El número medio diario de buques, que alcanzaba 129 tránsitos entre el 1 y el 27 de febrero, cayó a solo 4 buques el 7 de marzo, lo que refleja una interrupción casi total de los flujos comerciales.

Si los mercados financieros reaccionaron de inmediato al alza del precio del petróleo —el Brent superó los 100 dólares por barril, según los datos citados por la UNCTAD—, la organización advierte de que las consecuencias más duraderas podrían afectar al mercado mundial de fertilizantes.

Un tercio del comercio mundial de fertilizantes afectado

Antes de la crisis, cerca de un tercio del comercio mundial de fertilizantes transportados por vía marítima —unos 16 millones de toneladas— transitaba por el estrecho de Ormuz. El cierre de este corredor estratégico bloquea así un volumen considerable de insumos agrícolas esenciales para la producción alimentaria global.

África sigue siendo altamente dependiente de las importaciones de fertilizantes minerales para sostener su producción agrícola, en un contexto en el que el crecimiento demográfico y la urbanización intensifican la presión sobre los sistemas alimentarios.

Según el International Fertilizer Development Center (IFDC), cinco productores del Golfo han exportado históricamente al continente productos clave como urea, fosfato diamónico (DAP y MAP) y amoníaco, que constituyen la base de la fertilización nitrogenada y fosfatada necesaria para mantener los rendimientos agrícolas modernos.

Sin embargo, ante la crisis actual, varios grupos industriales del Golfo han anunciado la suspensión de sus envíos. La empresa QatarEnergy declaró fuerza mayor en sus contratos gasísticos el 4 de marzo, lo que provocó la paralización de la producción de urea y amoníaco en el complejo de Ras Laffan. Los grupos Industries Qatar y SABIC Agri-Nutrients también han suspendido entregas. Como resultado, África aparece entre las regiones más expuestas a un choque de suministro.

África oriental, especialmente vulnerable

El análisis de la UNCTAD revela una fuerte concentración de la dependencia africana respecto a los fertilizantes procedentes del Golfo. Entre los diez países más dependientes de las importaciones que transitan por esta región, cinco son africanos: Sudán (54 %), Tanzania (31 %), Somalia (30 %), Kenia (26 %) y Mozambique (22 %). Cuatro de ellos figuran en la categoría de países menos adelantados (PMA) según Naciones Unidas.

El caso de Sudán ilustra la magnitud del riesgo. Sumido en un conflicto interno desde abril de 2023, el país atraviesa lo que Naciones Unidas describe como la peor crisis humanitaria del mundo. Una interrupción en el suministro de fertilizantes podría agravar una inseguridad alimentaria ya extremadamente grave.

En África oriental, el calendario agrícola agrava aún más la vulnerabilidad. Las siembras de la temporada de lluvias —entre marzo y junio— requieren insumos ya disponibles en las cadenas de suministro. Cualquier retraso en la entrega de fertilizantes puede traducirse en una reducción de las superficies cultivadas o en una caída de los rendimientos.

El IFDC recordó el 10 de marzo que las decisiones de plantación se toman generalmente unas semanas antes de la siembra, por lo que una perturbación logística en este momento del ciclo agrícola puede tener efectos directos sobre las cosechas.

Una dependencia estructural

Más allá de estos casos nacionales, los datos de la plataforma AfricaFertilizer confirman el carácter estructural de la dependencia africana. Entre 2020 y 2022, cerca del 19 % de los fertilizantes importados por 18 países de África subsahariana procedían de Oriente Medio.

Esta dependencia se produce además en un contexto en el que el consumo medio de fertilizantes en África sigue siendo muy inferior a la media mundial, lo que significa que cualquier interrupción del suministro puede tener un impacto desproporcionado sobre la productividad agrícola.

El choque energético agrava la crisis

La crisis no se limita a la logística. También viene acompañada de un choque energético que amenaza con disparar los precios de los insumos agrícolas.

La producción de fertilizantes nitrogenados se basa en el amoníaco, fabricado a partir de gas natural mediante el proceso Haber-Bosch. Por ello, cualquier aumento del precio del gas se traslada directamente a los costes de producción.

Según datos recopilados por la UNCTAD a partir de la plataforma LSEG, el precio del gas natural en el mercado europeo aumentó un 74 % entre el 27 de febrero y el 9 de marzo, hasta alcanzar 55,8 euros por megavatio hora.

Al mismo tiempo, los precios de la urea granular en Egipto, uno de los principales hubs de suministro para África, subieron 60 dólares por tonelada desde el inicio de la crisis. En algunos mercados, los precios llegaron incluso a duplicarse en apenas 72 horas, según plataformas especializadas citadas por la UNCTAD.

A estas tensiones se suma el aumento de los costes del transporte marítimo. El informe señala que los índices de flete petrolero calculados por Baltic Exchange aumentaron entre un 54 % y un 72 % en una sola semana. Los combustibles marítimos también se encarecieron: en Singapur, el fuelóleo bajo en azufre subió 99 %, mientras que el de alto contenido en azufre aumentó 100 %.

Además, las primas de seguro por riesgo de guerra se han disparado. Según estimaciones del sector citadas en el informe, estas primas pueden cuadruplicar el coste de un viaje para un petrolero valorado en 100 millones de dólares.

Un insumo clave: el azufre

Otro factor de tensión es el azufre, elemento esencial en la fabricación de fertilizantes fosfatados. Según el Fertilizer Institute, cerca del 50 % de las exportaciones mundiales de azufre proceden de países situados en torno al estrecho de Ormuz.

El bloqueo del paso marítimo no solo limita los envíos de fertilizantes producidos en el Golfo, sino que también puede afectar a la capacidad de producción de otros países fertilizantes.

Este aspecto concierne especialmente a Marruecos, primer exportador mundial de fosfatos a través del grupo OCP, cuya producción de fertilizantes fosfatados depende en parte del suministro de azufre.

La UNCTAD advierte de que la crisis llega en un momento ya frágil para muchas economías en desarrollo. Numerosos países afrontan espacios fiscales limitados, presión sobre las finanzas públicas y elevados niveles de deuda. La subida simultánea de los costes energéticos, de los insumos agrícolas y del transporte marítimo podría alimentar nuevas tensiones inflacionistas.

Los mercados financieros reflejan ya esa inquietud. Los rendimientos de los bonos soberanos han alcanzado 7,1 % en Irak, 7 % en Bahréin y 6,4 % en Jordania, según datos citados por la UNCTAD.

A ello se suma la apreciación del dólar, tradicional refugio en periodos de incertidumbre, que encarece aún más el coste de las importaciones para las economías africanas.

El precedente de la guerra en Ucrania

La organización recuerda que crisis recientes ya demostraron la vulnerabilidad del sistema alimentario mundial a las tensiones geopolíticas. La pandemia de COVID-19 y el inicio de la guerra en Ucrania en 2022 provocaron una fuerte subida de los precios de los fertilizantes, lo que llevó a una reducción de su uso en África subsahariana y afectó directamente a los rendimientos agrícolas.

La crisis actual presenta, sin embargo, una particularidad: afecta directamente a un corredor marítimo estratégico, lo que limita las alternativas logísticas.

A diferencia de la crisis del mar Rojo, donde los buques podían rodear la zona por el Cabo de Buena Esperanza, el cierre de Ormuz bloquea directamente la salida del golfo Pérsico.

Ante este riesgo sistémico, varias organizaciones internacionales han pedido una coordinación urgente. El programa Sustain Africa, el IFDC y la plataforma AfricaFertilizer proponen crear sistemas de vigilancia en tiempo real del mercado de fertilizantes y desplegar mecanismos financieros de emergencia para apoyar a los importadores.

Entre las medidas sugeridas figuran facilidades de crédito documental, garantías públicas y herramientas de financiación del comercio destinadas a mantener abiertos los flujos de suministro.

A más largo plazo, la crisis reabre el debate sobre la necesidad de que África desarrolle su propia industria de fertilizantes. Algunos países cuentan con ventajas en este ámbito, especialmente Marruecos, Argelia y Nigeria, gracias a sus recursos en fosfatos o gas natural.

Sin embargo, las capacidades industriales actuales siguen siendo insuficientes para compensar rápidamente una ruptura global del suministro.

Para los organismos internacionales, el impacto final dependerá sobre todo de la duración de las perturbaciones. Pero para los países africanos más dependientes de los fertilizantes del Golfo, cada semana de bloqueo aumenta el riesgo de un choque agrícola y alimentario.

Por Mouhamet Ndiongue
El 14/03/2026 a las 10h23