El índice Smart City Index 2026 mide tanto los aspectos económicos y tecnológicos de las ciudades inteligentes como sus dimensiones humanas, entre ellas la calidad de vida, el medio ambiente y la inclusión.
Una ciudad inteligente se define como un entorno urbano en el que la tecnología y la recopilación de datos contribuyen a mejorar la calidad de vida, así como la sostenibilidad y la eficiencia de los servicios municipales.
Estas tecnologías, que incluyen las TIC y el Internet de las cosas, desempeñan un papel cada vez más relevante en ámbitos como el transporte, la energía o las infraestructuras. La recopilación de datos se sitúa en el centro de estas iniciativas, permitiendo a los municipios optimizar la planificación urbana y la prestación de servicios, desde la gestión de residuos hasta el transporte público.
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Las soluciones inteligentes pueden, además, actuar como motor de crecimiento económico, al favorecer la innovación, la creación de empleo y nuevas oportunidades de negocio.
Para elaborar su clasificación, el IMD evalúa el rendimiento urbano en cinco áreas clave: salud y seguridad, movilidad, actividades (espacios verdes y cultura), oportunidades (empleo y educación) y gobernanza.
Cada ciudad se analiza en función de dos pilares: las estructuras (infraestructuras, servicios públicos y gobernanza) y la tecnología (servicios digitales y soluciones accesibles a los ciudadanos).
El índice se basa en encuestas a residentes de distintas ciudades. Para garantizar la fiabilidad de los resultados, se utiliza una media móvil de tres años y se ajustan los datos al contexto local mediante el índice de desarrollo humano a escala urbana.
Según el IMD, el rendimiento urbano depende de la interacción entre instituciones, ciudadanos e infraestructuras. En otras palabras, una ciudad inteligente requiere un equilibrio entre gobernanza, confianza e infraestructura.
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El índice pone así de relieve que el éxito de ciudades como Zurich, Oslo, Singapur o Dubái no se basa únicamente en la innovación tecnológica, sino también en la alineación entre políticas públicas, desarrollo tecnológico y expectativas ciudadanas.
En definitiva, el ranking mide menos la innovación tecnológica en bruto que la capacidad de las ciudades para responder a las necesidades cotidianas de sus habitantes, como la movilidad, la seguridad o el acceso a servicios.
Para establecer la clasificación de 2026, el IMD dividió las 148 ciudades en cuatro grupos según su nivel de desarrollo humano. Dentro de cada grupo, se asigna una calificación que va de «AAA» a «D».
En el ranking global, Zurich ocupa el primer puesto mundial, seguida por Oslo, Ginebra, Londres, Copenhague, Dubái, Lausana, Canberra, Singapur y Abu Dhabi.
La representación africana sigue siendo muy limitada: solo nueve ciudades aparecen en la clasificación y todas se sitúan en la parte baja del ranking.
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Rabat lidera el continente al ocupar el puesto 123 a nivel mundial, con una calificación «C» tanto en estructuras como en tecnología. La capital marroquí obtiene un 55,7% en estructuras y un 59,9% en tecnología.
Este reconocimiento se explica por la alineación de la ciudad con los criterios del índice, especialmente en gobernanza, infraestructuras y percepción de los ciudadanos.
Las políticas urbanas, la calidad de los servicios públicos y el acceso a infraestructuras han influido directamente en la valoración de los habitantes encuestados.
Rabat.
Entre las ciudades africanas, Rabat supera a El Cairo (125º), Ciudad del Cabo (127º), Argel (128º), Abuja (131º), Nairobi (136º), Lagos (138º), Accra (142º) y Túnez (146º).




