Al sur de la ciudad, en la zona industrial conocida como Soduco, una start-up ha decidido afrontar el problema de frente —y con determinación. En Revadac, el plástico ya no termina su recorrido en el desembocadura: es triturado, molido y luego renace bajo una forma inesperada.
«Cuando todo funciona, llenamos 30 sacos al día»
En medio de un zumbido sordo, las trituradoras devoran botellas, bolsas y envases. Tony Biteghe Melame vigila la máquina con ojo experto. Con casco en las orejas y movimientos precisos, es uno de los eslabones esenciales de esta cadena de supervivencia de los residuos.
«Nuestro trabajo es recuperar todo eso, triturarlo, meterlo en sacos y luego vuelve a salir para ser transformado de nuevo. Fabricamos barreños, cubos…», explica.
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Aquí, el plástico nunca está realmente muerto. Solo cambia de traje. «Al día, cuando la máquina funciona bien, podemos llegar a 30 sacos. Este trabajo nos alimenta. Nos da libertad.»
Libres, como esos residuos que ya no terminan en la naturaleza. Porque detrás de esta cadena virtuosa hay una ambición: sacar a Gabón de la cultura de lo desechable y, sobre todo, crear una economía circular que beneficie a todos.
«El plástico es un recurso»
Paul Alogui Lavoula es cofundador y gerente de Revadac. Prefiere hablar de «valorización» antes que de reciclaje. La diferencia es importante.
«La contaminación por plástico es una cuestión internacional —afirma de entrada—. Pero no debemos mirar este residuo como un simple desecho. Es un recurso valorizable, que crea empleo y genera ingresos.»
Su modelo es sencillo e implacable: los pre-recolectores rastrean los residuos hasta el vertedero de Mindoubé, uno de los pulmones negros de Libreville. Luego los trasladan a la planta de trituración, donde son clasificados, reacondicionados y revendidos.
¿A quién? A empresas de transformación de plásticos, pero no únicamente. «Una parte se transforma directamente en adoquines», confiesa Paul Alogui Lavoula. Adoquines de plástico reciclado: una alternativa a la vez resistente, duradera y más respetuosa con el medio ambiente.
Lejos de los estereotipos, Revadac no se limita a limpiar lo que otros ensucian. Propone una auténtica respuesta industrial a un problema sanitario y medioambiental. Aquí, el plástico no termina en el mar. Retoma el camino, de otra manera.
Un laboratorio de esperanza para Gabón
Mientras las playas del norte siguen sufriendo bajo el peso de los residuos plásticos, el sur de Libreville podría tener parte de la solución. A la sombra de los vertederos, hombres y mujeres construyen, saco tras saco, una economía paralela limpia. Una economía donde el residuo se convierte en recurso, y donde la conducta irresponsable de unos podría transformarse en la materia prima de otros.
El círculo aún no es perfecto. Pero a fuerza de triturar, clasificar y reinventar, quizá algún día las playas de La Sablière no sean más que un mal recuerdo. Y que los adoquines del mañana lleven la huella de nuestras botellas de ayer.
