La publicación de la Dirección General de Migración y Asuntos de Interior de la Comisión Europea, fechada el 10 de abril de 2026, confirma la plena operatividad del Sistema de Entrada/Salida (EES). Tras un despliegue progresivo iniciado el 12 de octubre de 2025 en 29 países, la maquinaria biométrica europea funciona ya a pleno rendimiento en todas las fronteras exteriores del espacio Schengen.
El comisario europeo de Asuntos de Interior y Migraciones, Magnus Brunner, no oculta su satisfacción: «el sistema de entrada/salida plenamente operativo constituye un paso decisivo en la modernización y el refuerzo de la seguridad de las fronteras exteriores de Europa. Al registrar digitalmente quién entra y sale del espacio Schengen, estamos mejor preparados para identificar a las personas que exceden su estancia, prevenir movimientos irregulares y luchar contra el fraude documental y de identidad».
Si la ambición en materia de seguridad es clara, el impacto se deja sentir con especial intensidad en el continente africano. Los datos difundidos por las autoridades europeas permiten identificar con precisión los países más expuestos a este nuevo marco administrativo y técnico.
Marruecos, Argelia y Túnez en primera línea
«La adopción por parte de la Comisión Europea, a comienzos de 2026, de una primera estrategia unificada en materia de visados podría marcar un punto de inflexión en la gestión de las solicitudes para los ciudadanos marroquíes». Así lo indicó el ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero, Nasser Bourita, subrayando que esta reforma abre la puerta a una transición progresiva hacia un sistema de visado digital unificado.
En el plano económico y logístico, Marruecos se perfila como el país africano más impactado. Con 606.000 visados Schengen concedidos en 2024 y una tasa de denegación cercana al 20%, el Reino no solo lidera el continente, sino que también figura entre los dos principales beneficiarios mundiales de visados expedidos por Francia en 2025 (más de 300.000 visados franceses).
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Dado que el EES sustituye el sello tradicional por la captura de la imagen facial y cuatro huellas dactilares, los picos de tráfico en el aeropuerto de Casablanca o en el puerto de Tánger Med podrían generar tiempos de espera críticos. Varias fuentes apuntan a un alargamiento de los procedimientos debido al registro biométrico inicial (primera toma de huellas y fotografía facial), con estimaciones que varían según las autoridades.
La Guardia Fronteriza finlandesa señala hasta 4 minutos para el primer registro, es decir, cuatro veces más que un simple escaneo de pasaporte. Ensayos reales citados por ACI Europe sitúan el tiempo en más de 2 minutos. La Comisión Europea habla de una media de 70 segundos, aunque esta cifra no siempre refleja la realidad en horas punta. En definitiva, según las fuentes, el proceso puede durar entre 3 y 4 minutos.
Argelia le sigue de cerca con 441.839 solicitudes de visado registradas en 2024, lo que la sitúa entre los diez mayores solicitantes a nivel mundial. Túnez, por su parte, muestra una dinámica al alza con 177.951 solicitudes en 2024, un incremento del 11,4% en un año.
Para estas tres economías del norte de África, el desafío va más allá de la fluidez de los viajes de negocios o familiares. Como socios energéticos y comerciales clave de la UE, el EES introduce un factor de ralentización administrativa que podría afectar a intercambios estimados en unos 300.000 millones de euros anuales entre Europa y África.
Los datos también revelan un caso africano particularmente singular, casi una anomalía estadística: Nigeria. Según los datos de 2024, el país registró 111.201 solicitudes para solo 60.825 visados concedidos, es decir, una tasa de rechazo del 45,9%. El coste financiero para los ciudadanos nigerianos es considerable: en 2025, el gasto acumulado en tasas de solicitud (no reembolsables) alcanzó el equivalente a 300 millones de dólares.
En la era del EES, esta presión económica se suma a una presión biométrica. Países como la RDC, Egipto y Camerún también se ven afectados, dado que figuran entre los cinco países africanos que más solicitan visados belgas de corta duración en 2025.
El sistema ya no se limita a evaluar expedientes en papel; ahora compara los datos faciales y dactilares con bases centralizadas como el VIS (Sistema de Información de Visados) y el futuro ETIAS (European Travel Information and Authorization System; en español, Sistema Europeo de Información y Autorización de Viajes), una autorización electrónica destinada a viajeros que acceden a Europa sin visado Schengen.
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La dimensión biométrica y de seguridad encuentra en los comunicados oficiales una ilustración clara de la eficacia del sistema. Las autoridades europeas mencionan el caso de un viajero interceptado en Rumanía gracias al EES. Durante la toma de datos, el sistema detectó que la misma persona utilizaba dos identidades distintas con documentos emitidos bajo nombres diferentes. La investigación demostró que este individuo ya había sido rechazado en tres ocasiones por distintos Estados miembros.
Caza de reincidentes
Sin el Servicio Compartido de Comparación Biométrica (BMS compartido), este motor matemático que permite la interoperabilidad entre el EES y el VIS, este fraude habría pasado desapercibido. La Dirección General de Migración y Asuntos de Interior de la Comisión Europea señala que, desde el despliegue progresivo, de los 52 millones de entradas y salidas registradas, se han dictado 27.000 denegaciones de entrada, más de 700 de ellas relacionadas con personas consideradas un riesgo para la seguridad de Europa.
¿Qué establece exactamente el Reglamento 2017/2226 en materia de conservación de datos? Desde un punto de vista jurídico, el reglamento (UE) 2017/2226, citado expresamente como base legal, fija plazos de conservación muy estrictos que conviene recordar a los viajeros africanos.
Para una persona que haya respetado la duración de su estancia, el expediente individual se conserva durante 3 años y 1 día tras la última salida. En cambio, si se trata de una persona que ha superado el tiempo autorizado sin que su salida haya sido registrada, los datos se conservan durante 5 años a partir de la expiración de la estancia autorizada.
El texto oficial es claro en cuanto a los derechos: «si usted se niega a facilitar sus datos biométricos, no se le permitirá entrar en el territorio de los países europeos que utilizan el EES». Así, para los ciudadanos de los 54 países africanos, el visado Schengen deja de ser únicamente una autorización de viaje para convertirse también en un consentimiento obligatorio a la captación de datos biométricos.
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La innovación más estructural del sistema es la creación automática de una lista de «personas que han superado la duración de estancia autorizada». En cuanto un viajero excede los 90 días en un periodo de 180 días sin justificación válida, su identidad se incorpora a un fichero accesible para los agentes de control fronterizo, las autoridades de inmigración y el personal consular encargado de expedir visados.
Las consecuencias, recogidas en el marco normativo, son severas: expulsión del territorio, sanciones administrativas, detención y, sobre todo, posible prohibición de entrada futura en la UE. El único recurso previsto es la presentación de «circunstancias imprevisibles o atenuantes», como una hospitalización grave, que permita una corrección manual de los datos y la retirada de la lista.
No obstante, existen mecanismos de reclamación. El viajero africano puede solicitar el acceso a sus datos, su rectificación o su supresión en caso de tratamiento ilícito. Para ello, debe dirigirse al responsable del tratamiento del país Schengen visitado o recurrir al Supervisor Europeo de Protección de Datos (SEPD) en casos que impliquen a agencias europeas como eu-LISA (encargada de la infraestructura central) o Europol (con acceso con fines policiales).
Una arquitectura de recursos compleja, a menudo difícil de entender desde África, que sitúa a los viajeros en una posición de desventaja informativa. Costa de Marfil, Senegal, Camerún, la RDC y otros países deberán reforzar la información consular para evitar que sus ciudadanos sean incluidos por error en las listas de vigilancia europeas.
Así, a 15 de abril de 2026, el EES ya no es un proyecto legislativo abstracto. Es una realidad tangible para los viajeros de Casablanca, Lagos, Argel o Abiyán. El sistema cumple su función principal de seguridad, con resultados concretos en la detección de fraudes de identidad múltiple. Pero, para los países africanos con mayor volumen de movilidad, también puede percibirse como un filtro económico y un marcador geopolítico.
La fluidez de los intercambios con Europa, principal socio comercial del continente, dependerá en adelante de la capacidad de operadores económicos y viajeros para moverse en este entramado de controles biométricos, con la preocupación latente de que la tecnología, bajo apariencia de neutralidad, acentúe los desequilibrios heredados de la relación Norte-Sur.


