En un contexto marcado por la guerra en Oriente Próximo, Han Zheng ha arrancado una gira que le llevará a Sudáfrica y Kenia, dos países estratégicos. El dirigente chino también visitará Seychelles, un país que, aunque de menor peso económico, forma parte del tablero diplomático de Pekín.
Este triple desplazamiento tiene como objetivo profundizar la cooperación con los países africanos en sectores clave como la agricultura, las infraestructuras, el comercio o la inversión.
Con esta gira, China muestra su intención de materializar los compromisos asumidos durante la cumbre China-África de 2024, en la que el presidente Xi Jinping anunció más de 50.000 millones de dólares en financiación para el continente en un plazo de tres años.
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La primera etapa del viaje tiene lugar en Kenia, uno de los pesos pesados económicos del continente y, sobre todo, un nodo logístico fundamental para África Oriental.
Esta visita tendrá un marcado carácter económico, centrado en las infraestructuras. En un contexto donde los países sin salida al mar dependen de corredores eficientes, Kenia aspira a consolidarse como plataforma logística para Etiopía, Uganda, Sudán del Sur, así como para países como la República Democrática del Congo y Ruanda.
Sin embargo, para desempeñar este papel, el país necesita infraestructuras portuarias, ferroviarias y viarias de calidad que permitan canalizar el comercio regional. A pesar de los avances, estas infraestructuras siguen siendo insuficientes.
Con uno de los puertos más dinámicos del continente, el de Mombasa, Nairobi impulsa diversos proyectos para conectarlo con los países vecinos mediante redes ferroviarias y autopistas.
La visita del vicepresidente chino coincide además con la reactivación del proyecto ferroviario de ancho estándar que unirá Mombasa con Kampala, la capital de Uganda. Se trata de una infraestructura estratégica destinada a reducir los costes logísticos y aliviar la congestión vial, con la posibilidad de extenderse en el futuro hacia Ruanda y la RDC.
Kenia, además, compite con Tanzania, que también aspira a convertirse en el gran hub logístico de la región. En este contexto, las empresas chinas juegan un papel clave en el desarrollo de estas infraestructuras.
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Tras su paso por Kenia, Han Zheng viajará a Sudáfrica, primera potencia económica del continente y principal socio comercial de China en África, por delante de Nigeria, Angola y Egipto.
En 2025, el comercio bilateral entre ambos países alcanzó los 53.700 millones de dólares, lo que representa el 15,43% del total de intercambios entre China y África.
Sudáfrica registra además un superávit comercial de 8.000 millones de dólares frente a China, impulsado en gran medida por el aumento de los precios de las materias primas en 2025.
China importa principalmente de Sudáfrica recursos naturales como hierro, cobre, cobalto o platino, así como productos agrícolas, bebidas como el vino, productos siderúrgicos y bienes manufacturados. Estos flujos alimentan directamente su industria.
Por su parte, Pretoria busca incrementar sus exportaciones hacia China con el objetivo de reducir su dependencia del mercado estadounidense, en un contexto de tensiones políticas con Washington, especialmente en torno a los BRICS.
Más allá del comercio, Pekín financia también proyectos de infraestructuras en el país, como ocurre en otros puntos del continente.
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La última etapa de la gira será Seychelles, el país africano más pequeño en términos de población, con apenas 130.000 habitantes y una economía fuertemente dependiente del turismo. En esta visita, el foco estará puesto principalmente en inversiones en infraestructuras turísticas.
Más allá de su peso económico, esta escala envía un mensaje claro: ningún país africano queda fuera del radar de la diplomacia china.
A través de esta gira, China —primer socio comercial de África desde hace más de 15 años— busca consolidar su posición a largo plazo.
En 2025, las exportaciones chinas hacia África alcanzaron los 225.000 millones de dólares, frente a los 123.000 millones de exportaciones africanas hacia China. El resultado es un superávit chino de 102.000 millones de dólares, reflejo de un desequilibrio estructural en detrimento de las economías africanas, pese a los esfuerzos anunciados por Pekín para corregirlo.
En este contexto, la gira se produce a poco más de un mes de la entrada en vigor, el 1 de mayo de 2026, de la eliminación de barreras arancelarias para 53 países africanos. Con esta medida, China busca reequilibrar parcialmente sus intercambios comerciales con el continente.
Sin embargo, persisten importantes desafíos. Mientras China exporta productos manufacturados con alto valor añadido, África sigue exportando principalmente materias primas de bajo valor. Este desequilibrio alimenta un déficit comercial estructural.
Además, el acceso libre de aranceles podría frenar el desarrollo de la transformación local de materias primas, especialmente cuando muchas de estas explotaciones están controladas por empresas extranjeras, incluidas compañías chinas, en países como Sudáfrica, la RDC, Zimbabue o Zambia.
En definitiva, sin una mayor diversificación industrial y una apuesta decidida por la transformación local, el acceso preferencial al mercado chino podría terminar beneficiando más a las empresas chinas que a las economías africanas.
