África, en particular su parte subsahariana, se ha convertido desde hace algunos años en un terreno de competencia estratégica para las potencias del Golfo, especialmente Emiratos Árabes Unidos, Catar y Arabia Saudí. Estos países han lanzado allí una auténtica ofensiva multidimensional que abarca dimensiones económicas, políticas y militares. Un interés que se manifestó con fuerza en 2025, con nuevas ambiciones económicas reflejadas en viajes de responsables y delegaciones y, sobre todo, en anuncios de inversión. Estos hechos marcan un punto de inflexión con respecto a los compromisos político-militares que dominaban las relaciones entre ambas regiones a comienzos de los años 2000.
Este renovado impulso se explica por varios factores. En primer lugar, la toma de conciencia, por parte de los países del Golfo, del fin anunciado de las energías fósiles (petróleo y gas), sobre las que se sostienen los Estados rentistas del «petrodólar». En consecuencia, estas monarquías se han embarcado en procesos de diversificación de sus economías. En segundo lugar, han extraído lecciones de las perturbaciones que provocó la Covid-19 en las cadenas mundiales de suministro e intentan blindarse ante una eventualidad similar. Además, conscientes de los retos de la transición energética, invierten en los minerales estratégicos del continente. Por último, también invierten en fuentes tradicionales de energía (gas y petróleo), que siguen siendo estratégicas para determinados países africanos, al tiempo que ponen el acento en las energías renovables (solar, eólica, etc.).
Por otra parte, esta orientación se explica por la disponibilidad de enormes recursos financieros en busca de oportunidades de inversión a largo plazo y, sobre todo, rentables. Para alcanzar sus objetivos, los países del Golfo se apoyan en sus colosales excedentes financieros. De hecho, la renta media per cápita de los países del Golfo es 25 veces superior a la de los países de África subsahariana.
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Además, estos países han creado fondos soberanos que hoy disponen de recursos colosales. En 2024, según Sovereign Wealth Fund, la mitad de los diez fondos soberanos más activos del mundo estaban vinculados ya sea a Emiratos Árabes Unidos (Mubadala, Abu Dhabi Investment Authority, Abu Dhabi Development Holding Company), a Arabia Saudí (Public Investment Fund) o a Qatar (Qatar Investment Authority).
Emiratos Árabes Unidos cuenta con algunos de los fondos soberanos más poderosos y más activos del planeta. Los fondos emiratíes disponen de una capacidad de inversión acumulada que supera los 2,3 billones de dólares. Abu Dhabi Investment Authority (ADIA), uno de los mayores fondos del mundo y encargado de gestionar el ahorro a largo plazo del emirato, administra activos que actualmente superan el billón de dólares. En síntesis, los países del Golfo disponen de medios financieros masivos que pueden invertirse a largo plazo, y eso es precisamente lo que le falta al continente africano.
Además, estos países ven en África una fuente de abastecimiento de productos agrícolas y de minerales estratégicos, e invierten en agricultura a través del arrendamiento a largo plazo de tierras cultivables, así como en recursos minerales clave.
Además, a estos factores se suma que los países del Golfo tienen la ventaja de una neutralidad poscolonial. Al no arrastrar un pasivo histórico con el continente, los Estados de la región proponen un enfoque business to business más atractivo para los países africanos, apoyado en importantes medios financieros, estrategias centradas en la inversión y modelos de desarrollo que se ajustan mejor a los objetivos de los países del continente.
Por último, África, con su reservorio demográfico, constituye un espacio de oportunidades para las monarquías del Golfo, que han comprendido que el Sur Global y los países africanos representan un horizonte de futuro para sus intereses.
África y sus tierras cultivables —el 60% de las tierras arables no cultivadas—, sus recursos mineros y su mano de obra barata ofrecen oportunidades a los países del Golfo, que buscan diversificar sus fuentes de ingresos y reducir su dependencia de los hidrocarburos, al tiempo que aseguran alimentos, energía e influencia política.
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Si bien estos países del Golfo comparten una orientación común hacia asociaciones geoeconómicas con África, sus estrategias divergen en función de sus capacidades económicas e industriales y de sus enfoques diplomáticos.
En este marco, Emiratos Árabes Unidos ha sido hasta ahora el actor más dinámico, al apostar especialmente por la gestión portuaria, la agricultura y, más recientemente, los minerales. Los cataríes, tras el aislamiento derivado de la crisis diplomática con otros países del Golfo —del 5 de junio de 2017 al 5 de enero de 2021—, que también afectó a algunos países africanos, decidieron tejer asociaciones geoeconómicas con los Estados de África subsahariana.
Sin embargo, 2025 marca una etapa crucial en las asociaciones geoeconómicas entre Catar y el continente. Y Arabia Saudí, por su parte, no quiere quedarse demasiado rezagada frente a unos vecinos del Golfo que hoy se muestran más activos.
Emiratos Árabes Unidos: el control de los puertos
Emiratos Árabes Unidos es, con diferencia, el actor regional más implicado en África. En menos de una década se ha convertido en uno de los líderes en el continente, con más de 110.000 millones de dólares invertidos, con una zona de predilección: África Oriental, donde se concentran proyectos valorados en torno a 50.000 millones de dólares. El emirato se ha consolidado como un gran financiador e inversor en África, en un contexto continental marcado por una recomposición de las alianzas comerciales y por la disminución de la ayuda pública al desarrollo.
Emiratos concentra sus compromisos en África en seis sectores principales: infraestructuras, energía, minería, desarrollo portuario, agricultura y seguridad. Estas inversiones se enmarcan en una voluntad de diversificar la economía emiratí más allá de los hidrocarburos, asegurando al mismo tiempo la cadena de suministro de materias primas estratégicas. Para alcanzar sus objetivos, Emiratos se apoya en sus numerosos fondos soberanos y en una potente red de empresas que actúan como verdaderas palancas de implantación duradera en África. Estas compañías suelen pertenecer a familias adineradas cercanas a los círculos de poder y, con frecuencia, el Estado emiratí posee participaciones del 20% al 30%.
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Entre los actores más implicados destaca el grupo portuario emiratí DP World, filial de Dubai World, que se ha convertido en un operador logístico de primer orden en África, con presencia en más de una decena de países africanos: Sudáfrica, Angola, Egipto, Senegal, Tanzania, entre otros.
En todos estos países, la empresa invierte masivamente para modernizar las infraestructuras portuarias, desarrollar la logística terrestre y facilitar los intercambios comerciales, incluidas las exportaciones de minerales. Gestiona numerosos terminales portuarios, entre ellos los de Angola, Mozambique, Marruecos, Argelia y Egipto, entre otros.
Actualmente, la compañía construye el puerto de aguas profundas de Banana en la RDC, con una capacidad de 450.000 TEU (EVP), y el de Ndayane en Senegal, con una capacidad de 1,2 millones de TEU. DP World compite con operadores ya bien implantados como APM Terminals (Maersk), TIL (MSC) y AGL (ex Bolloré Logistics).
Con todos estos proyectos, DP World, actualmente el tercer operador portuario mundial, aspira a consolidarse como un actor central del panorama portuario africano. Y para afianzar la presencia emiratí, otro actor del país opera en varios corredores logísticos del continente: AD Ports, de Abu Dabi, presente en Tanzania, la RDC y Egipto. La convergencia entre estos dos gigantes logísticos emiratíes ilustra una estrategia global de influencia en el sector marítimo.
Más allá de los puertos y la logística, Emiratos Árabes Unidos, para compensar la aridez de su suelo, ha adquirido tierras agrícolas en África con el fin de asegurar al mismo tiempo su abastecimiento de productos agroalimentarios. La empresa Al Dahra, especializada en agribusiness, está presente en numerosos países (Egipto, Marruecos, Namibia, entre otros). Esta firma negocia 81.000 hectáreas de tierras agrícolas con Kenia. Más recientemente, Al Dahra adquirió 10.000 hectáreas en Tanzania, con posibilidad de ampliación hasta 20.000 hectáreas. Además de estas adquisiciones, la empresa cubre un amplio abanico de actividades que va desde la producción hasta la comercialización de cereales, frutas y alimentos para el ganado.
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Otras empresas del país, como Masdar en energía y transición ecológica, desempeñan también un papel importante en esta expansión continental. Con la ambición de convertirse en actores mineros de primer orden en África, Emiratos ha invertido de forma masiva —a través de diversas compañías, entre ellas International Resources Holding (IRH), filial de International Holding Company de Abu Dabi— en cobre (Zambia), oro (RDC, Sudán, Malí) y bauxita (Guinea), así como mediante estructuras como Primera Group Ltd, entre otras. En 2025, Emiratos invirtió 1.900 millones de dólares en una empresa minera para desarrollar al menos cuatro minas en el este de la RDC. El objetivo es asegurar el suministro de minerales críticos para la transición energética.
Qatar: 100.000 millones de dólares en una decena de países
El emirato gasista ha estado, en términos generales, poco presente en África subsahariana. Solo recientemente —sobre todo desde la crisis diplomática que lo enfrentó a otros países del Golfo entre junio de 2017 y enero de 2021— Qatar decidió reajustar su diplomacia política y económica, reforzando su presencia en África subsahariana en un contexto de rivalidad regional.
Más allá del componente diplomático, el emirato se ha comprometido a transformar una renta gasista efímera en activos globalizados y duraderos, con el fin de preparar la era posterior a los hidrocarburos. En esta lógica, África subsahariana —que ofrece importantes oportunidades de inversión— figura entre las prioridades de los dirigentes cataríes.
Al igual que Emiratos Árabes Unidos, Qatar no busca un retorno financiero rápido, sino construir una presencia sostenible mediante asociaciones a largo plazo y la construcción de infraestructuras.
El año 2025 marca una clara ruptura en las relaciones entre Qatar y los países de África subsahariana, a raíz de la gira de Cheikh Al Mansour Bin Jabor Jassim Al Thani, dirigente de Al Mansour Holding, uno de los mayores conglomerados del emirato. Este primo del emir de Catar visitó una decena de países de África austral, central y oriental, y prometió más de 103.000 millones de dólares de inversiones en diversos sectores: energía, minería, infraestructuras, educación, agricultura, etc.
La República Democrática del Congo, rica en recursos mineros y con una población de alrededor de 116 millones de habitantes, figura como principal destinataria con 21.000 millones de dólares anunciados, por delante de Mozambique (20.000 millones), Zambia y Zimbabue (19.000 millones cada uno), y Botsuana y Burundi (12.000 millones cada uno).
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En el ámbito agrícola, Qatar negocia con Kenia el arrendamiento de 40.000 hectáreas de tierras en el delta del río Tana, con el objetivo de reforzar su seguridad alimentaria. Paralelamente, ambos países firmaron en noviembre de 2025 un acuerdo para la construcción de una mega presa destinada a permitir la irrigación de cerca de 800.000 hectáreas. A través de estas inversiones, Qatar pretende convertir África en un pilar estratégico de la era pospetróleo, al tiempo que refuerza allí su influencia.
Estas inversiones, una vez materializadas, deberían permitir reducir la dependencia de Qatar de los hidrocarburos, especialmente del gas, que representa el 60% del PIB del país.
Antes de esta gira, el compromiso más importante de Qatar en África subsahariana se limitaba principalmente a su presencia en Ruanda. En ese país, Qatar Airways ha comprometido 1.300 millones de dólares para la construcción del aeropuerto internacional de Bugesera —actualmente en ejecución— y posee una participación del 49% en RwandAir.
El Qatar Investment Authority (QIA) y otras empresas privadas cataríes también invierten en minerales (cobre, zinc, cobalto, estaño, manganeso, etc.) en la RDC y Sudáfrica. Estas firmas se interesan asimismo por la energía y los hidrocarburos a través de Qatar Petroleum en la RDC y Sudáfrica.
Con las inversiones anunciadas por el conglomerado Al Mansour Holding, Catar está bien posicionado para convertirse en un socio estratégico de numerosos países africanos, llegando incluso a superar a otros países del Golfo.
Arabia Saudí: un retraso que recuperar
Arabia Saudí, presente en África desde mediados de la década de 1970 a través de la diplomacia religiosa y del instrumento de la ayuda al desarrollo —canalizada por el Fondo Saudí para el Desarrollo, que ha destinado más de 50.000 millones de dólares al continente durante los últimos 50 años (1975-2025)—, no había tenido hasta ahora una presencia económica significativa en África subsahariana.
Su compromiso en este ámbito es tardío, y el Reino acumula retraso frente a sus dos competidores del Golfo, Emiratos Árabes Unidos y Catar. Para revertirlo, Arabia Saudí deja progresivamente de lado su modelo de proyección wahabí y adopta un enfoque que combina ambición geopolítica, intereses comerciales y diplomacia de influencia.
Al igual que Qatar y Emiratos, Arabia Saudí busca diversificar una economía basada en los hidrocarburos. Riad pretende asimismo invertir en mercados poco explotados —o explotados de forma muy limitada—, especialmente en energías renovables, infraestructuras y agricultura. El Reino ha invertido alrededor de 16.000 millones de dólares en África oriental, principalmente en estos tres sectores.
En esta línea se inscribe la celebración del primer Cumbre Arabia Saudí-África en 2023. En julio de 2025, el Reino anunció una estrategia de inversión de gran calado de 25.000 millones de dólares hasta 2030. Esta nueva estrategia africana saudí se centra en cuatro ámbitos: minerales estratégicos, agricultura, talento y soft power.
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A finales de octubre de ese mismo año, esta ambición se revisó al alza de manera significativa. El ministro de Finanzas, Mohammed bin Abdullah Al-Jadaan, anunció 41.000 millones de dólares de inversiones para el periodo 2025-2035 en África subsahariana, e instó al sector privado saudí a movilizar 25.000 millones de dólares durante la década.
Y esta ambición saudí en África subsahariana empieza a concretarse a través de empresas como ACWA Power (energía), SALIC (agroalimentario) y Ma’aden (minería). En el ámbito agrícola, el Reino busca contribuir al desarrollo de la agricultura africana y asegurar sus abastecimientos. Arabia Saudí ha invertido, en particular, en Sudán, un país que dispone de extensas tierras cultivables y recursos hídricos significativos.
Para acelerar su presencia en este sector, Saudi Agricultural and Livestock Investment Company (SALIC), filial del fondo soberano saudí (PIF, Public Investment Fund), adquirió participaciones mayoritarias del grupo singapurense Olam Agri en África.
Esta operación, finalizada en 2025 por un monto de 1.780 millones de dólares, permite a Arabia Saudí tomar el control de un actor especializado en cereales, oleaginosas, harina, alimentación animal, pastas, algodón y caucho. Estas operaciones fueron posibles gracias a activos clave ubicados en Camerún, Gabón, Nigeria, Senegal, Chad y Sudáfrica. Tres años después de esta transacción, SALIC pretende adquirir el resto del capital que aún permanece en manos de los accionistas del grupo singapurense.
Por su parte, Ma’aden amplía su presencia en África mediante una mayor penetración del mercado de fertilizantes fosfatados en el continente, donde compite con el líder marroquí OCP, y toma participaciones en sectores mineros de algunos países africanos, entre ellos Sudáfrica. Además, The Wall Street Journal reveló que Arabia Saudí y Estados Unidos han elaborado un acuerdo común con el objetivo de adquirir determinados activos mineros en países africanos (RDC, Guinea, Namibia, entre otros), para asegurar el suministro de minerales estratégicos y metales raros indispensables para la transición energética.
Asimismo, para facilitar las exportaciones saudíes —incluidos los fertilizantes—, Saudi Exim Bank apoya los intercambios comerciales con una dotación de 10.000 millones de dólares, destinada a facilitar asociaciones.
En el sector energético, ACWA Power extiende su red en el continente. El gigante saudí de la energía y la desalación se ha aliado con el Banco Africano de Desarrollo (BAD) para invertir hasta 5.000 millones de dólares en África durante el periodo 2025-2030, en energías renovables y agua.
Por último, para engrasar esta dinámica económica, el componente comercial irá acompañado de una expansión diplomática, con la apertura de 40 nuevas embajadas, con el fin de consolidar una presencia que se pretende estratégica en África.
El 10 de noviembre se celebró en Riad la primera cumbre Arabia Saudí-África. Marca el inicio de nuevas relaciones económicas entre ambos socios.
En definitiva, la ofensiva de los países del Golfo hacia África es clara y responde a objetivos precisos. Los países africanos también pueden beneficiarse ampliamente de estas inversiones, sobre todo aquellos que están relativamente bien gobernados, son menos corruptos y cuentan con estrategias de desarrollo bien estructuradas. Los Estados del Golfo ofrecen nuevos socios y acceso a nuevos flujos de inversión en un momento en que los canales tradicionales procedentes de Estados Unidos y Europa tienden a agotarse.
Esto es aún más relevante si se considera que las inversiones del Golfo suelen ser capitales «pacientes», debido a su horizonte de largo plazo, y por tanto menos condicionantes desde el punto de vista político, en la medida en que las monarquías del Golfo suelen mostrarse menos exigentes respecto a cuestiones vinculadas a la democracia o al respeto de los derechos humanos.
Estas inversiones cobran especial importancia en un momento en que los países africanos empiezan a calibrar el peso estratégico que representan. Así, en el ámbito minero, numerosos países están modificando en profundidad sus códigos de inversión para aprovechar mejor sus recursos, en particular los minerales estratégicos para la transición energética y las tierras raras.
Además de aumentar su participación en el capital de las empresas que explotan sus recursos, los países africanos exigen cada vez más la transformación local de sus minerales. Podrán lograrlo combinando sus recursos naturales con capitales del Golfo y con las tecnologías de las multinacionales occidentales.




