El retraso del proyecto de la Ciudad del Cine en Uarzazate ya no es un simple expediente administrativo acumulando polvo. Se ha convertido en un terreno de batalla política. La chispa surgió a raíz de una pregunta escrita de Rachid Hammouni, del PPS, que interpeló al ministro de Cultura sobre la inercia de esta obra estratégica, al tiempo que se hacía eco de temores persistentes: ¿habría sido trasladado discretamente el proyecto a la periferia de Rabat para confiarlo a la productora Khadija Alami?
Saïd Akdad, miembro de la dirección política del PPS, no escatimó críticas. La indignación no se limita al calendario. También apunta a los rumores sobre una posible «extracción» del proyecto fuera de Uarzazate. Para quienes defienden a la ciudad, alterar la ubicación de esta ciudad del cine equivale a cuestionar directamente el principio de justicia territorial. Uarzazate no es solo un decorado cinematográfico. Es una ciudad que vive de esta industria y que la necesita para subsistir.
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Según Rachid Hammouni, el expediente, sin embargo, está cerrado: los estudios técnicos y económicos están finalizados y el suelo ya ha sido identificado. Pese a ello, diecinueve años después de su presentación oficial ante el rey Mohammed VI, el proyecto sigue estancado. Este bloqueo, a su juicio, plantea interrogantes sobre la capacidad del ministerio para materializar sus compromisos ante los grandes inversores y realizadores internacionales, para quienes Ouarzazate sigue siendo un plató natural insustituible.
Contactada por Le360, una fuente del departamento de Cultura desmiente categóricamente estas versiones y apunta a una confusión, voluntaria o no, entre dos proyectos distintos. Por un lado, el proyecto estatal de Ouarzazate: una iniciativa estratégica impulsada por el ministerio en colaboración con los departamentos de Interior y Turismo, para la que el Gobierno habría reservado una partida específica en la Ley de Finanzas de 2026. Un proyecto que se enmarca en la visión de Mehdi Bensaïd de convertir el cine en una verdadera industria cultural al servicio del equilibrio territorial.
Por otro lado, existe un proyecto privado. «Ahí es donde reside el malentendido: el proyecto Argan Studios de Rabat está promovido por la productora Khadija Alami con financiación privada. Se trata de una inversión de 700 millones de dirhams sobre 80 hectáreas», confirma nuestra fuente. Y subraya: «Esta inversión no tiene absolutamente ninguna relación con el proyecto nacional de la Ciudad del Cine de Ouarzazate».
Dos proyectos, dos lógicas y dos territorios. Queda por ver si el presupuesto de 2026 bastará para sacar al «Hollywood marroquí» de la sala de espera.
