Fès inaugura un museo que recorre 2.500 años de historia judía en Marruecos

Durante la inauguración del Museo de la Cultura Judía Marroquí.(Y.Jaoual/Le360)

El 13/10/2026 a las 12h15

VídeoRollos de la Torá, contratos matrimoniales, joyas de plata y trajes tradicionales narran más de 25 siglos de presencia judía en Marruecos. Inaugurado este lunes 12 de octubre en el histórico Mellah de Fès, el nuevo Museo de la Cultura Judía Marroquí invita a recorrer una parte esencial de la memoria del Reino. Un proyecto impulsado por el rey Mohammed VI que reivindica la diversidad cultural y religiosa como uno de los pilares de la identidad marroquí.

¿Cómo contar 2.500 años de historia sin limitarse a una sucesión de fechas? El Museo de la Cultura Judía Marroquí, inaugurado este lunes 12 de octubre en Fès, propone hacerlo a través de los objetos, las tradiciones y las personas que han dado forma a esa memoria colectiva. Sillas ceremoniales utilizadas en la circuncisión, ketubot o contratos matrimoniales judíos, rollos de la Torá y antiguas piezas de orfebrería permiten reconstruir una historia profundamente ligada a la del Reino. Una gran línea del tiempo completa el recorrido, desde los primeros testimonios de la presencia judía en Marruecos hasta nuestros días.

La inauguración reunió a numerosas personalidades que coincidieron en destacar el mensaje de paz y convivencia que representa este nuevo espacio cultural. Situado en el Mellah, el histórico barrio judío de Fès, el museo ocupa una superficie de 1.700 metros cuadrados y documenta más de 25 siglos de historia compartida.

Para la Fundación Nacional de Museos (FNM), se trata de un acontecimiento sin precedentes. «Es la primera vez en la historia que un país árabe-musulmán destina fondos públicos a la creación de un museo íntegramente dedicado a la cultura hebrea, parte integrante del patrimonio marroquí», subraya la institución.

El edificio, levantado sobre un terreno cedido por la comunidad judía de Fès, respeta la arquitectura tradicional de la medina. Zellige, yeserías talladas, madera pintada y una fuente de mármol forman parte de un conjunto que dialoga con su entorno histórico. El Mellah, fundado en 1438, es uno de los barrios judíos organizados más antiguos de Marruecos.

La Agencia para el Desarrollo y la Rehabilitación de la Medina de Fès (ADER-Fès) se encargó de la ejecución del proyecto, cuyas obras finalizaron en marzo de 2023. De los 1.700 metros cuadrados del edificio, 1.200 están destinados a espacios expositivos.

Los conservadores Zhor Rehihil y Abdelaziz El Idrissi supervisaron el proyecto junto a la Fundación Nacional de Museos. El comité del museo está integrado por Alae Fechtali, Abir El Ouafi y Yassir Salmi, mientras que la museografía lleva la firma de Isabelle Timsit.

Dos museos nacidos de una misma visión

El origen del proyecto se remonta a abril de 2019, cuando el rey Mohammed VI visitó Fès y puso en marcha la construcción del Museo de la Cultura Judía Marroquí, dentro del programa de rehabilitación de la antigua medina.

Ese mismo día, el Soberano impulsó también la restauración del Palacio Al-Batha, transformado en Museo de las Artes del Islam y abierto al público en 2025.

Ambas instituciones se encuentran a escasa distancia. «A unos 300 metros en línea recta del Museo de las Artes del Islam se encuentra el Museo de la Cultura Judía Marroquí», explicó Mehdi Qotbi, presidente de la Fundación Nacional de Museos.

Para Alae Fechtali, conservador del museo, se trata de «un proyecto científico, patrimonial y humano de profundo alcance», estrechamente vinculado a la visión del Rey sobre la preservación y transmisión de las distintas expresiones de la memoria marroquí.

El hecho de que ambos proyectos se iniciaran simultáneamente reviste, a su juicio, un significado especial. «Esta coincidencia refleja una visión integral del patrimonio marroquí, basada en la pluralidad de sus raíces y en la complementariedad de sus componentes», señaló.

La Fundación Nacional de Museos supervisó las dos iniciativas, apostando por una museografía que combina el rigor científico con una presentación accesible y atractiva para el visitante.

«Una página de nuestra historia común»

Mehdi Qotbi considera que la apertura del museo representa la culminación de un proyecto concebido para ofrecer una experiencia cultural de calidad.

El objetivo, explicó, es acompañar al visitante a través de «una página de nuestra historia común, judía y musulmana».

En un contexto internacional marcado por los conflictos, el presidente de la FNM quiso destacar el alcance simbólico de la iniciativa.

«Hoy, en el mundo en el que vivimos, donde hay guerras, es importante ver que desde Marruecos se envía un mensaje de paz, fraternidad y amor», afirmó.

En cuanto a las colecciones, Qotbi precisó que cerca de tres cuartas partes de las piezas expuestas pertenecen a la Fundación Nacional de Museos. Muchas fueron adquiridas directamente por la institución, mientras que otras proceden de donaciones particulares.

Para el responsable, esta participación refleja la confianza que la institución ha conseguido generar, tanto entre los visitantes como entre quienes deciden contribuir a la conservación del patrimonio nacional.

Un museo que pertenece a la memoria de todo Marruecos

Para Serge Berdugo, secretario general del Consejo de Comunidades Israelitas de Marruecos y presidente fundador de la Fundación del Patrimonio Cultural Judeomarroquí, la inauguración tiene un significado especialmente emotivo.

«Es un momento importante para la comunidad judía marroquí, pero también para Marruecos», declaró.

Berdugo insistió en que el museo trasciende la historia de una comunidad religiosa.

«Este museo no está dedicado únicamente a la memoria de una comunidad. Es un lugar de memoria nacional, un espacio de conocimiento, transmisión y diálogo. Da testimonio de una historia profundamente arraigada en el Reino y de una civilización marroquí construida sobre la diversidad de sus componentes», afirmó.

Recordó que, desde su llegada al Trono, el rey Mohammed VI ha situado la cultura en el centro de su proyecto de sociedad, convencido de que constituye un elemento fundamental de la identidad nacional y de la cohesión social.

Esta visión reconoce el carácter plural de la identidad marroquí, integrada por sus componentes árabe-islámico, amazigh, sahariano-hassaní, africano, andalusí, hebreo y mediterráneo.

El Soberano ha consagrado la identidad amazigh como «patrimonio común de todos los marroquíes sin excepción» y ha otorgado a la cultura judeomarroquí un lugar destacado dentro de esa misma concepción.

Para Berdugo, la inauguración del nuevo museo constituye así una expresión concreta de una política cultural moderna, inclusiva y profundamente arraigada en la historia del Reino.

Un recorrido por 25 siglos de historia

El museo se distribuye en dos plantas y organiza sus colecciones en torno a siete grandes ejes temáticos: «Marruecos, tierra de encuentros», «Referencias cronológicas», «Las instituciones comunitarias», «Personalidades ilustres», «El ciclo de la vida», «El ciclo del año» y «Los oficios tradicionales».

El recorrido aborda las dimensiones social, cultural, económica y espiritual de la presencia judía en Marruecos, así como los intercambios entre judíos y musulmanes en las diferentes regiones del país.

Para ello, reúne piezas arqueológicas, objetos etnográficos, obras artísticas, libros y manuscritos de gran valor histórico.

En la planta baja, una extensa línea cronológica introduce al visitante en más de 2.500 años de historia.

«Hemos presentado la presencia judía en Marruecos desde hace 2.500 años y también la historia del Mellah de Fès, fundado en 1438», explicó Alae Fechtali.

El recorrido comienza con los testimonios históricos más antiguos, pasa por la fundación del barrio judío de Fès y recuerda la llegada, en 1492, de los judíos expulsados de la península ibérica.

La exposición sigue después la evolución de las comunidades judías marroquíes, su actividad intelectual y comercial y su contribución a la sociedad del Reino hasta la época contemporánea.

Documentos históricos y recursos audiovisuales permiten comprender el papel que desempeñaron estas comunidades en la construcción de la identidad nacional.

Una sección está dedicada a los rabinos y a las principales figuras de la tradición religiosa judía marroquí, responsables de transmitir conocimientos, prácticas y memoria comunitaria a lo largo de las generaciones.

En esta zona, varias ventanas se abren directamente hacia el cementerio judío, estableciendo una conexión simbólica entre las piezas expuestas y los lugares donde permanece viva esa memoria.

El recorrido continúa con las instituciones comunitarias y la vida cotidiana en el Mellah. La sinagoga, la escuela hebrea y el tribunal rabínico aparecen representados mediante documentos, manuscritos y objetos que permiten acercarse a la experiencia cotidiana de las familias judías.

Entre las piezas litúrgicas destacan bolsas para guardar el talit, el chal de oración, ornamentos de plata y oro conocidos como rimonim, utilizados para decorar los extremos de los rollos de la Torá, y un ejemplar de este texto sagrado.

También se exponen lámparas inspiradas en las antiguas sinagogas y lápidas funerarias de piedra tallada con inscripciones en hebreo.

Cerca de 180 cementerios y santuarios judíos rehabilitados

La apertura del museo se inscribe en un esfuerzo más amplio de recuperación del patrimonio judío marroquí.

Serge Berdugo recordó el llamamiento realizado por el rey Mohammed VI en 2013 para restaurar los templos judíos del Reino y convertirlos no solo en espacios de culto, sino también en lugares de diálogo cultural y renovación de los valores que sustentan la civilización marroquí.

Desde entonces, se han desarrollado numerosas iniciativas.

En Tánger, la sinagoga Assayag alberga el museo judío Beth Yehouda. En Casablanca, la sinagoga Ettedgui acoge el museo judío de la antigua medina. En Essaouira, la sinagoga Attia se ha convertido en Bayt Dakira, mientras que en Meknès, la sinagoga Rabbi Baruch alberga un espacio museístico dedicado a la historia judía de la ciudad.

En Fès, las sinagogas Ibn Danan y Slat El Fassiyine están abiertas al público. También se desarrollan proyectos de conservación en El Jadida, Errachidia, Gourrama y Meknès.

Según Berdugo, una de las actuaciones más importantes ha sido la rehabilitación del patrimonio religioso y funerario judío, impulsada bajo el alto patrocinio del Rey.

Esta iniciativa ha permitido recuperar cerca de 180 cementerios y santuarios judíos en todo Marruecos, devolviéndoles su dignidad y facilitando el acceso de los investigadores a lo que Berdugo describió como «auténticos archivos al aire libre».

El responsable recordó que, a lo largo de más de dos milenios, la comunidad judía marroquí ha desarrollado un patrimonio cultural propio, profundamente vinculado a la civilización del Reino.

Una cultura que se ha expresado en árabe, hebreo, amazigh y haketía, variedad lingüística judeoespañola tradicional del norte de Marruecos, y que ha dejado su huella en la gastronomía, la música, la artesanía, los trajes tradicionales y las celebraciones religiosas.

Berdugo citó también unas palabras del ministro de Habices y Asuntos Islámicos, Ahmed Taoufiq, pronunciadas en Nueva York, en las que destacó la extraordinaria riqueza del patrimonio inmaterial del judaísmo marroquí, tanto en los ámbitos religioso, jurídico, teológico y místico como en los terrenos literario, musical y lingüístico.

No obstante, reconoció que la conciencia sobre la necesidad de proteger este legado llegó relativamente tarde.

«Tardamos en tomar plena conciencia de nuestra responsabilidad moral de preservar nuestro patrimonio, reforzar su arraigo en la tierra de nuestros antepasados y dar testimonio de esta civilización excepcional que es la civilización marroquí», lamentó.

Desde hace décadas, dos instituciones desempeñan un papel fundamental en esta tarea.

La Fundación del Patrimonio Cultural Judeomarroquí, reconocida como entidad de utilidad pública en 2001, trabaja en la conservación, valorización y transmisión de este legado. Ha restaurado más de veinte lugares religiosos, entre cementerios, sinagogas y santuarios, y ha contribuido a crear espacios museísticos en Casablanca, Tánger y Meknès.

Por su parte, el Museo Judío de Casablanca, inaugurado en 1997, fue durante casi tres décadas el único museo judío del mundo árabe-musulmán. A través de exposiciones, conferencias y actividades culturales y educativas, ha dado a conocer la contribución del judaísmo marroquí a la historia del Reino.

De las celebraciones familiares a los trajes tradicionales

La planta superior del nuevo museo está dedicada a los grandes acontecimientos que marcan la vida de las familias judías marroquíes.

El recorrido comienza con el nacimiento y la circuncisión, continúa con la bar mitzvá, ceremonia que simboliza la entrada en la edad adulta religiosa, y aborda después el matrimonio y los ritos funerarios.

Una silla ceremonial de circuncisión, colocada sobre una plataforma, recibe al visitante al inicio de esta sección.

Más adelante aparecen vitrinas dedicadas al matrimonio y a las prácticas religiosas. Entre las piezas expuestas figuran chales de oración, contratos matrimoniales enmarcados, cortinas utilizadas en las arcas sagradas de las sinagogas y un traje de novia tradicional conocido como keswa el-kbira.

La colección incluye también joyas, manuscritos y prendas características de diferentes regiones del país, como los akhnif, capas tradicionales masculinas, y diversos trajes del Tafilalt.

Otra sección aborda las festividades del calendario hebreo y la manera en que se celebraban en Marruecos.

Objetos litúrgicos y domésticos muestran cómo estas tradiciones formaban parte de la vida familiar y comunitaria. El museo presta especial atención al patrimonio inmaterial asociado a ellas, desde las prácticas religiosas y la música hasta la cocina, los conocimientos transmitidos entre generaciones y la memoria colectiva.

Entre las piezas expuestas destacan mantos de la Torá, conocidos como meilim, bolsas para guardar los chales de oración y ornamentos ceremoniales, junto a un rollo de la Torá desplegado.

El legado de los artesanos judíos marroquíes

La artesanía ocupa un lugar destacado en el museo, especialmente la joyería, una actividad históricamente vinculada a numerosas familias judías marroquíes.

Una de las salas recrea un antiguo taller de orfebrería, con figuras de artesanos rodeadas de sus herramientas de trabajo.

Las vitrinas exhiben collares, fíbulas, colgantes de plata y otras piezas que ilustran la destreza de estos profesionales.

El recorrido también incluye objetos relacionados con el tejido y la confección textil.

Trajes regionales, chalecos bordados, cinturones tejidos, túnicas, capas y tocados muestran la diversidad de las tradiciones vestimentarias judeomarroquíes y su relación con las identidades sociales y regionales.

La última sala, decorada en tonos burdeos, reúne bandejas de cobre, instrumentos musicales y un shofar, instrumento ritual elaborado tradicionalmente con un cuerno de carnero. En el centro, una figura vestida con un caftán ceremonial recuerda la importancia de la indumentaria en las festividades y celebraciones comunitarias.

El museo cuenta además con instalaciones adaptadas a las normas actuales de conservación, seguridad y gestión de colecciones.

La experiencia se completa con herramientas digitales y recursos audiovisuales que buscan ofrecer una visita inmersiva, interactiva y accesible.

También se han previsto espacios para actividades educativas y talleres destinados a niños y grupos escolares, con el objetivo de acercar este patrimonio a las nuevas generaciones.

¿Por qué Fès?

La elección de Fès como sede del Museo de la Cultura Judía Marroquí responde a su importancia histórica y espiritual.

«La elección de Fès no es fruto del azar», afirmó Serge Berdugo, quien recordó que la ciudad ha sido durante siglos un importante centro de conocimiento, espiritualidad, intercambios y creación cultural.

La presencia judía está profundamente arraigada en su historia y ha contribuido a configurar su identidad.

Durante su intervención, Berdugo quiso rendir homenaje al doctor Armand Guigui, expresidente de la comunidad judía de Fès y uno de los principales impulsores del proyecto.

Guigui, fallecido el 1 de diciembre de 2019 a los 85 años, había defendido con especial convicción la necesidad de crear un espacio dedicado a conservar, estudiar y transmitir la memoria judía de la ciudad.

«No tuvo, lamentablemente, la oportunidad de ver terminado este museo. Hoy, cuando sus puertas se abren, su ausencia se hace especialmente presente. Le debíamos este homenaje. Zikhono Li Brakha. Que su recuerdo sea una bendición», expresó Berdugo.

El responsable insistió en que la institución debe permitir al público conocer la contribución de los judíos de Fès y del conjunto de Marruecos a la vida económica, cultural, intelectual y social del Reino.

Más allá de las piezas expuestas, el objetivo es preservar una historia de tradiciones, conocimientos, celebraciones y convivencia entre judíos y musulmanes.

«El Museo de la Cultura Judía Marroquí es hoy una realidad llamada a convertirse en un escaparate vivo de la civilización marroquí en toda su pluralidad, un centro cultural de intercambio y transmisión, un lugar de diálogo y apertura, arraigado en la historia compartida de judíos y musulmanes en Marruecos», destacó.

Un mensaje de convivencia en tiempos de incertidumbre

El ministro de Habices y Asuntos Islámicos, Ahmed Taoufiq, también subrayó el significado de la inauguración.

A su juicio, el nuevo museo constituye una muestra del «apego de Marruecos a los valores de convivencia y al respeto de los valores comunes, incluso en períodos de incertidumbre».

«Esta iniciativa, arraigada en la historia, mira hacia el futuro y transmite un mensaje a favor de la vida y del acercamiento entre culturas», declaró.

El ministro destacó asimismo su dimensión simbólica, al contribuir a una mejor comprensión entre las comunidades y poner de relieve la diversidad de la cultura judía marroquí, especialmente en sus expresiones lingüísticas.

«El alcance de este proyecto reside en el reconocimiento de las diferencias humanas y en la capacidad de convivir respetando los valores comunes, de acuerdo con los principios espirituales del Reino», concluyó.

Por Hajar Kharroubi y Youssra Jaoual
El 13/10/2026 a las 12h15