«Movilizaremos a todas las instituciones y a todos los marroquíes para albergar la final de la Copa del Mundo 2030». El mensaje es claro: la entrega del Reino en torno al partido más importante de la competición será total.
Desde los inicios de la candidatura, los estamentos del fútbol y las distintas instituciones de Marruecos avanzan en la misma dirección, con la voluntad de convertir el expediente nacional en una propuesta de peso, tanto en el plano organizativo y logístico como en la perspectiva de albergar la final de 2030. Un choque decisivo llamado a celebrarse en Benslimane, en el flamante Gran Estadio Hassan II, con capacidad para 115.000 espectadores, arquitectura vanguardista y adaptado a las exigencias de las máximas competiciones.
Model of the Grand Hassan II Stadium in Benslimane.
Al otro lado, la división salpicaba en especial a las dos ciudades aspirantes a la final: Madrid, a través del Santiago Bernabéu, y Barcelona, con el Camp Nou. Enfrentadas ya en los terrenos político, institucional y futbolístico, ambas urbes reclamaban que «la final debe ser en España», sin llegar a ponerse de acuerdo para consensuar una sede.
Hoy en día, sin embargo, el discurso es muy distinto. Quienes antes se encontraban sumidos en la división parecen haber conformado un bloque sin precedentes desde el momento en que comprendieron que Marruecos y su estadio —que va tomando forma lejos del ruido mediático— podían hacer sombra a los dos recintos míticos.
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Así, de forma repentina, desde el Gobierno hasta la Federación, pasando por LaLiga y el Consejo Superior de Deportes, el partido supremo del Mundial 2030 se ha convertido en cuestión de semanas en un asunto de Estado. El último en sumarse a la contienda ha sido José Manuel Rodríguez Uribes. El presidente del Consejo Superior de Deportes español (CSD) afirmó este jueves que su país dispone de «argumentos suficientemente sólidos» para convencer a la FIFA de que le conceda la final del torneo organizado conjuntamente por Marruecos, España y Portugal.
Ante los supuestos «argumentos sólidos» de los vecinos, Fouzi Lekjaa aporta una respuesta tajante: Marruecos trabajará desde la unidad para hacer de la final en Casablanca un acontecimiento sin precedentes. Sin entrar en descalificaciones ni en guerras de declaraciones, el dirigente anuncia un firme compromiso institucional alrededor de este evento.
No se trata de la única réplica. Recientemente, tras meses de silencio por parte marroquí ante las incesantes declaraciones al otro lado del estrecho, el presidente de la FRMF ya había declarado durante una reunión del PAM en Bouznika que aspiraba a que la provincia de Benslimane tuviera «el honor» de acoger la final, respondiendo así a las reiteradas intervenciones de su homólogo español, Rafael Louzán, habitual en los medios de comunicación.









