«Musulmán el que no salte», coreó una parte de los aficionados españoles en Cornellà, estadio del Espanyol de Barcelona, mientras la Roja se enfrentaba a los Faraones (Egipto), el pasado martes 31 de marzo, en un partido amistoso.
El cántico racista e islamófobo, acompañado de silbidos durante el himno nacional egipcio, fue denunciado tanto por el seleccionador Luis de la Fuente, que habló de «un asco total y absoluto» tras el encuentro, como por la estrella de la Roja, Lamine Yamal, él mismo de confesión musulmana, en sus redes sociales. Pero también recuerda una realidad: el racismo está con frecuencia presente en las gradas españolas, tanto a nivel de clubes como de selección.
Y no solo en las gradas. Sobre el terreno de juego, hace poco más de un mes, Omar El Hilali, internacional marroquí y defensa del Espanyol, denunció al árbitro insultos racistas por parte del delantero del Elche, Rafa Mir, durante la jornada 26 de LaLiga.
Poco después de este incidente, fue el jugador japonés Kazunari Kita, del filial de la Real Sociedad, quien acusó al futbolista del Castellón Alberto Jiménez Benítez de haberle insultado llamándole «maldito chino».
Si retrocedemos aún más, ni siquiera las grandes estrellas de los mayores clubes españoles se libran: Vinícius Jr es el ejemplo más evidente. En febrero pasado, durante el partido de ida del play-off de la Liga de Campeones de la UEFA entre Benfica y Real Madrid, Vinícius acusó a Gianluca Prestianni de haberle insultado llamándole «mono».
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Y no era la primera vez para el brasileño: el jugador se ha convertido casi en un objetivo recurrente de comportamientos racistas en España, después de haber denunciado en numerosas ocasiones insultos dirigidos contra él desde su llegada a Madrid en 2018.
«Desde la primera vez que me quejé de racismo en España, la situación no ha dejado de empeorar… Me insultan por el color de mi piel para que juegue peor en el campo», lamentó en una rueda de prensa.
Durante la temporada 2022-2023, la estrella brasileña denunció en repetidas ocasiones insultos desde las gradas, especialmente en partidos contra Mallorca y Valladolid. Sin olvidar uno de los casos más graves, en mayo de 2023 frente al Valencia, donde algunos aficionados multiplicaron las provocaciones contra el jugador. Más recientemente, en la derrota del Real Madrid ante el Albacete en la Copa del Rey el pasado mes de enero, el delantero recibió una banana lanzada desde la grada.
Lamine Yamal, Alejandro Baldé y otros jugadores del Barça también fueron víctimas de comportamientos racistas por parte de varios aficionados durante el Clásico contra el Real Madrid en 2024.
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La lista es larga y se extiende a distintas épocas: Idriss Carlos Kameni, portero camerunés que pasó por el Espanyol de Barcelona y el Málaga CF, ya fue insultado en 2004 por parte del público de Zaragoza y, cinco meses después, víctima del lanzamiento de bananas en el estadio del Atlético de Madrid. También Samuel Eto’o, Iñaki Williams (Athletic Club), Raphinha…
Pese a las investigaciones, los comunicados, los protocolos, las declaraciones de jugadores y las campañas, nada parece suficiente: el racismo persiste en las gradas y en los campos españoles. Cabe preguntarse cómo afrontará España esta situación cuando parte del Mundial 2030 se dispute en su territorio, junto a Marruecos y Portugal, y jugadores, delegaciones y aficionados de todo el mundo se reúnan en los tres países.
Lo cierto es que estos incidentes se repiten hasta tal punto que hoy el racismo parece casi formar parte del fútbol español, para pesar de sus instituciones.
