En España, la cuestión del estadio que acogerá la final de la Copa Mundial de la FIFA 2030 sigue alimentando el debate. En Girona, durante la presentación de su programa para la presidencia del FC Barcelona, Joan Laporta optó por entrar claramente en el juego mediático al evocar la hipótesis de un Camp Nou como escenario de la final.
El dirigente catalán no se limitó a un simple deseo simbólico. Reconoció la magnitud de las obras que aún quedan por realizar: adaptar no solo el estadio, sino también todo su entorno urbano.
Maqueta del Gran Estadio Hassan II de Benslimane
«En cuanto a la final del Mundial 2030, es perfecto que se juegue en el Camp Nou, pero queda mucho trabajo por hacer. El plan general de ordenación debe modificarse; ya lo hemos solicitado al ayuntamiento, pero no se trata solo de terminar el estadio. La FIFA exige que todo el entorno del estadio esté adaptado y que todo esté listo, incluido el campus universitario y la explanada», declaró el expresidente del Barça al medio catalán Mundo Deportivo.
Esta declaración se produce en un contexto en el que España multiplica las intervenciones públicas sobre la cuestión, buscando imponer la idea de que la final debe jugarse lógicamente en su territorio. El Camp Nou se suma así oficialmente al Santiago Bernabéu en la competición interna española, mientras que el futuro Gran Estadio Hassan II, anunciado como el más grande del torneo, constituye la principal alternativa fuera de España.
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Desde hace varias semanas, los responsables españoles adoptan un tono afirmativo. El presidente de la Federación Española, Rafael Louzán, ya había afirmado que la final se jugaría «en España», llegando incluso a invocar ciertos incidentes ocurridos durante una final continental africana para reforzar su argumentación sobre la imagen del fútbol mundial. Una comparación percibida como orientada, más política que deportiva.
La declaración de Joan Laporta se inscribe en esta misma lógica: ocupar el espacio mediático para instalar una evidencia antes incluso de que se adopten las decisiones oficiales. En un expediente en el que la FIFA suele pronunciarse muy tarde, influir en la opinión pública se convierte en un arma.
Por parte de Marruecos, el discurso es radicalmente distinto. Fouzi Lekjaa ha recordado en varias ocasiones que aún no se ha decidido ningún reparto de partidos y que la cuestión depende exclusivamente de las conversaciones entre los tres países organizadores y la FIFA.









