Racismo en el fútbol español: «No es algo aislado», según Leyla Hamed

La periodista Leyla Hamed.

El 08/04/2026 a las 09h15

Las polémicas por los cánticos racistas durante el España-Egipto siguen generando reacciones en España. Periodista deportiva con una trayectoria internacional, Leyla Hamed responde a Le360 sin rodeos sobre lo ocurrido, el clima actual y lo que implica ejercer como profesional binacional.

Los ecos del España-Egipto siguen muy presentes. Los cánticos como «musulmán el que no bote» dirigidos a la selección egipcia y el contexto que rodea a jugadores como Lamine Yamal han reavivado un debate que, lejos de apagarse, continúa creciendo en el fútbol español. Varios periodistas han alzado la voz en los últimos días para denunciar lo ocurrido y cuestionar la respuesta institucional, considerada insuficiente por una parte del sector.

Entre ellos, Leyla Hamed. Periodista deportiva con una sólida trayectoria internacional, ha trabajado en The Athletic, ESPN, DAZN o Al Jazeera 360, conoce bien tanto el terreno mediático como el social. En paralelo a esta polémica, ella misma ha sido blanco de mensajes racistas en redes sociales, un episodio que conecta directamente con lo que denuncia en el ámbito deportivo. En esta entrevista con Le360, Hamed responde sin ambages ni concesiones. Desde su experiencia personal y profesional, analiza un fenómeno que, insiste, no puede tratarse como algo puntual, sino como el reflejo de un contexto más amplio que atraviesa tanto al fútbol como a la sociedad española.

Le360: ¿Cómo viviste, tanto como periodista como a nivel personal, los cánticos de «musulmán el que no bote» durante el España-Egipto?

Leyla Hamed: Fue un momento muy triste y doloroso, sinceramente. Como periodista intentas analizar lo que está pasando y contarlo con cierta distancia, pero hay cosas que no puedes separar de lo personal. No deja de ser violencia, aunque venga en forma de cántico.

Y en mi caso conecta directamente con mi propia experiencia. He sufrido racismo desde muy pequeña. Es verdad que antes se castigaba más a nivel institucional y no era algo que los centros educativos dejaran pasar por alto, pero aun así el microracismo estaba ahí, incluso dentro de tu propio entorno.

También hay algo que me marcó mucho a nivel profesional. Cuando terminé la carrera de periodismo, me costó encontrar trabajo en España. Sabía que, siendo mujer y musulmana de origen marroquí, no iba a ser fácil, y no lo fue. Fue entonces cuando empecé a trabajar en la Premier League inglesa. Y no fue hasta años después cuando conseguí encontrar un espacio para mí aquí, en España.

Y eso dice mucho. Porque te hace darte cuenta de que en ciertos aspectos vamos por detrás. ¿Cuántas mujeres con hijab ves trabajando en un estadio en España? Difícilmente. En Inglaterra, en cambio, la diversidad y la multiculturalidad forman parte del día a día en muchísimos estadios.

Por eso, cuando pasan cosas como esta, no las puedes ver como algo aislado. Forman parte de un contexto más amplio.

¿Crees que este tipo de incidentes son algo puntual o reflejan un problema más profundo dentro del fútbol español?

No creo que sea algo puntual. Es fácil decirlo cuando interesa, pero no lo es. Son episodios que aparecen en momentos concretos, pero responden a algo más profundo.

El auge de la derecha es una realidad imposible de negar, en toda Europa y también en España. El discurso de partidos de extrema derecha, que señalan a los inmigrantes como responsables de prácticamente todos los problemas, ha calado en una parte de la sociedad. Al final, hay formaciones que hacen política desde ahí: en lugar de asumir responsabilidades, desplazan el foco hacia fuera, intentando convencer a la población de que el problema no está dentro del país, sino en quienes llegan.

Y el fútbol no vive al margen de eso. Muchas veces actúa como un altavoz. Lo que se dice en la calle acaba llegando al estadio, y lo que ocurre en el estadio refleja bastante bien el momento social que se está viviendo.

Ahora bien, eso no puede servir como justificación del racismo. Nadie se vuelve racista únicamente por escuchar un discurso político. Pero sí es cierto que ese tipo de mensajes han envalentonado a personas que ya tenían ese prejuicio, dándoles una especie de legitimidad para exteriorizarlo con más seguridad, también en espacios como el fútbol.

Al mismo tiempo, también es importante no caer en una visión simplista. Existe una parte muy significativa de la sociedad española que se opone frontalmente a estos comportamientos, y eso también se refleja tanto en el fútbol como a nivel institucional.

España acogerá el Mundial 2030 junto a Marruecos y Portugal. ¿Qué impacto pueden tener estos episodios en la imagen internacional del país?

Hoy en día esto no se queda en un estadio, le da la vuelta al mundo en minutos. La imagen internacional de un país también se construye desde estos momentos.

Pero más que el incidente en sí, lo que realmente pesa es cómo se responde. Y en este caso, la respuesta fue claramente insuficiente.

No se tomaron las medidas que una situación así exigía. Un cántico como «musulmán el que no bote» no es algo anecdótico ni parte del ambiente, es algo grave. Merecía una reacción inmediata: parar el partido, señalar claramente lo que estaba ocurriendo y, si hacía falta, expulsar a ese sector del estadio. No hacer nada en ese momento también es una forma de permitirlo.

También eché en falta más solidaridad dentro del propio campo. Estamos hablando de compañeros de Lamine Yamal, y en un contexto así, un gesto, una reacción colectiva, habría sido muy significativa.

Y luego están las declaraciones posteriores, que para mí fueron igual de decepcionantes. Desde el presidente de la federación hasta el seleccionador, se condenaron los hechos, pero al mismo tiempo se insistió en describirlo como algo puntual. Y ese es precisamente el problema: seguir tratándolo como una excepción, cuando no lo es.

De hecho, Álvaro Arbeloa llegó a decir sin titubear que España no es un país racista, así, sin más. Y eso choca directamente con la realidad de muchos jugadores que sufren abusos de forma constante. No puedes negar el problema mientras está ocurriendo cada fin de semana.

Jugadores como Vinícius o Iñaki Williams llevan tiempo denunciándolo. No es algo nuevo. Lo preocupante es que, aun así, se siga intentando minimizar.

Y de cara a un Mundial compartido con Marruecos, esto cobra todavía más importancia. Porque no es solo una cuestión de imagen, sino de coherencia con lo que ese proyecto representa.

Desde tu experiencia en España, ¿cómo describirías la evolución del racismo en el fútbol en los últimos años?

Creo que ahora se habla mucho más del racismo que antes, hay más visibilidad, más denuncia y también más presión para que se actúe. Eso es un avance real.

Pero al mismo tiempo, también tengo la sensación de que hoy hay personas que se sienten más cómodas expresándolo abiertamente. Antes estaba más reprimido o socialmente más castigado en ciertos espacios; ahora, en algunos contextos, parece que hay menos miedo a decirlo o a hacerlo, especialmente cuando hay discursos que lo normalizan o lo legitiman.

En mi experiencia personal, el racismo nunca ha desaparecido. Yo nací en Málaga, mis padres en Ceuta y mis abuelos son de origen marroquí. Y aun así, nunca terminaban de verme como una más. Siempre había un «pero»: «pero tu nombre no es español», «pero ¿de dónde eres realmente?». Incluso recuerdo a compañeros que ni siquiera reconocían a Ceuta como parte de España.

Ese tipo de cosas siguen pasando. La diferencia es que ahora hay más gente señalándolo, más jugadores alzando la voz y menos tolerancia al silencio. Pero eso no significa que el problema sea menor — en muchos casos, simplemente es más visible, y en otros, más explícito.

Eres periodista deportiva en España y de origen marroquí. ¿Cómo influye esa doble identidad en tu forma de ejercer el periodismo?

Me atraviesa completamente. No es algo que pueda separar ni quiera hacerlo.

Haber crecido con esa dualidad me ha dado una sensibilidad distinta para entender ciertas realidades y también una responsabilidad a la hora de contarlas. Porque no lo vives desde fuera. Sabes lo que significan esas miradas, esos comentarios, esos «peros».

También te sitúa a veces en un lugar incómodo, porque no encajas del todo en una narrativa simple. Pero creo que precisamente ahí es donde está el valor, en poder contar las cosas desde un lugar honesto y complejo.

En un contexto como el actual, donde Marruecos y España compartirán la organización del Mundial 2030, ¿cómo vives ese cruce de identidades?

Para mí es algo muy personal. Yo he vivido ese cruce de identidades desde pequeña.

Porque si en España muchas veces sentía que tenía que explicarme, en Marruecos la experiencia era completamente distinta. Cuando veraneaba en Tetuán, a pesar de no haber nacido allí y de que mi darija no era perfecto, siempre me hacían sentir una más. Cuando decía que era de España, los chicos con los que jugaba al fútbol me decían: «da igual, eres una hermana marroquí». Y eso, para una niña, era una sensación de hogar muy fuerte.

Mi padre siempre me dijo que el lugar donde me abrirían los brazos sería Marruecos, y tenía razón.

Y eso no quita que quiera a España. Es el país donde he crecido, donde he tenido oportunidades educativas y laborales. Pero Marruecos, en términos de identidad, siempre me hizo sentir igual, sin condiciones.

También por eso intento no juzgar demasiado rápido lo que pueda pasar en 2030. Mi experiencia en la AFCON superó completamente mis expectativas. La imagen de la final, con toda la tensión que se vivió, para mí no representó ni a Senegal ni a Marruecos. Fue un momento muy concreto.

Pero el mes que pasé en Marruecos fue todo lo contrario. El ambiente en las calles, la hospitalidad, la hermandad entre países africanos… fue algo increíble. Marruecos fue un país anfitrión ejemplar, a pesar de todas las críticas. Y quien estuvo allí ese mes sabe perfectamente de lo que hablo.

Por eso creo que este Mundial puede ser algo muy potente, si se hace bien. Pero también exige coherencia: no basta con celebrar la diversidad si luego no se protege en la práctica.

Por Faiza Rhoul
El 08/04/2026 a las 09h15