España ha cruzado un umbral demográfico que ya condiciona su economía, con más de 10 millones de residentes nacidos en el extranjero. En ese nuevo mapa, Marruecos representa el 12,4% del total. No es una cifra simbólica. Es una fuerza de trabajo asentada que sostiene agricultura, construcción y servicios, y cuya huella se lee en dos planos a la vez, dónde vive y en qué trabaja. Ambos dibujan, con precisión, las zonas y los sectores que España no puede permitirse parar.