Algoritmos: los nuevos árbitros de la competitividad económica

Las reglas algorítmicas organizan la difusión de los contenidos e influyen directamente en la circulación de la información.

El 23/03/2026 a las 10h47

Los algoritmos ya no son simples herramientas técnicas. Convertidos en auténticas infraestructuras estratégicas de la economía digital, organizan la circulación de la información, estructuran los mercados de la atención e influyen ya en la competencia económica a escala mundial. En una entrevista con Le360, Ismaïl Benjelloun, experto en estadística de Meta, analiza el papel de estos mecanismos invisibles en las relaciones de poder económico, así como los desafíos que representan para las economías emergentes, como Marruecos.

En la economía digital contemporánea, los algoritmos constituyen ya una verdadera palanca para la distribución de la información y de los flujos económicos. Ya no se limitan a funciones de optimización informática, sino que actúan como auténticos árbitros, e incluso censores, de la circulación de la información.

Ismaïl Benjelloun, Staff Data Scientist en Meta en Estados Unidos, subraya que los sistemas de recomendación, de búsqueda o de segmentación publicitaria determinan hoy qué es visible y qué no lo es en el espacio digital. Esta capacidad de jerarquización estructura lo que los economistas describen como los mercados de la atención, donde la visibilidad se convierte en un recurso escaso y estratégicamente disputado.

En este contexto, las plataformas digitales operan como grandes intermediarios económicos. Las reglas algorítmicas que organizan la difusión de los contenidos influyen directamente en la circulación de la información, en la asignación de los presupuestos publicitarios y, por extensión, en la dinámica competitiva entre las empresas.

«Toda infraestructura que controla la distribución tiene un peso estratégico. Hoy, los algoritmos controlan la distribución de la información», observa el data scientist.

Esta transformación marca una ruptura en la organización de las economías contemporáneas. Allí donde las infraestructuras tradicionales —puertos, carreteras, redes energéticas— estructuraban históricamente los flujos físicos, las arquitecturas algorítmicas estructuran ahora los flujos de información que sustentan la economía digital mundial.

Esta capacidad de jerarquizar la información también tiene implicaciones políticas y sociales.

Cada día, miles de millones de decisiones algorítmicas determinan qué contenidos aparecen en los resultados de búsqueda, en los feeds de las redes sociales o en las recomendaciones automatizadas. Según Benjelloun, estas decisiones técnicas influyen mecánicamente en la formación de la opinión pública, no dictando lo que las personas deben pensar, sino determinando la información a la que están expuestas.

Este mecanismo produce efectos sistémicos sobre la circulación de la información a escala mundial. Los algoritmos amplifican ciertas dinámicas sociales, económicas o políticas ya presentes en las sociedades.

«Un algoritmo decide qué es visible y qué no lo es. Esa decisión se toma miles de millones de veces al día», explica.

El impacto sobre la estabilidad de los Estados sigue siendo indirecto, pero real. Las campañas de manipulación de la información explotan a veces las lógicas de distribución algorítmica para amplificar determinados contenidos. No obstante, el investigador insiste en la necesidad de evitar una lectura determinista de la tecnología: los algoritmos amplifican dinámicas existentes sin ser necesariamente su causa primera.

Asimetrías digitales

El auge de las plataformas algorítmicas va acompañado también de nuevas formas de asimetría entre las economías desarrolladas y los países emergentes.

Los sistemas de inteligencia artificial y de recomendación se diseñan mayoritariamente en unos pocos polos tecnológicos mundiales, principalmente en Estados Unidos y China. Los datos utilizados para entrenar estos modelos reflejan en gran medida las prioridades lingüísticas, culturales y económicas de esos mercados.

Según Benjelloun, esta situación crea una asimetría estructural en el funcionamiento de las plataformas digitales.

Los comerciantes o las empresas de las economías emergentes utilizan las mismas herramientas digitales que sus homólogos de las grandes economías, pero las arquitecturas algorítmicas suelen estar optimizadas para contextos distintos.

«Los modelos de lenguaje, los sistemas de recomendación y las herramientas publicitarias reflejan las prioridades de los mercados en los que se diseñan», subraya.

Para las economías emergentes, esta configuración puede limitar la visibilidad de ciertas lenguas, de determinados mercados o de algunos comportamientos digitales en los sistemas globales de inteligencia artificial. En la economía digital, la visibilidad algorítmica se convierte en un factor determinante del rendimiento económico.

Las plataformas digitales funcionan según mecanismos de indexación y recomendación que jerarquizan los contenidos y las ofertas comerciales. Para las empresas, esta jerarquización puede condicionar el acceso a los consumidores.

Benjelloun subraya que la posición de un contenido en los resultados de búsqueda o en los flujos de recomendación puede tener un impacto directo en la facturación de una empresa.

Las grandes empresas internacionales suelen disponer de equipos especializados en optimización algorítmica, que movilizan competencias avanzadas en posicionamiento, análisis de datos y experimentación digital. Sin embargo, las empresas locales rara vez cuentan con recursos comparables, lo que puede crear una ventaja acumulativa en favor de los actores globales. No obstante, algunas evoluciones recientes de los sistemas de recomendación también abren oportunidades para las empresas locales.

Los contenidos geolocalizados y las búsquedas asociadas a un anclaje territorial ganan importancia en los sistemas de búsqueda y recomendación. Según Benjelloun, «las búsquedas geolocalizadas registran un crecimiento claramente más rápido que las búsquedas genéricas, lo que puede favorecer los contenidos con una fuerte dimensión local».

Seguridad informativa

Los algoritmos también desempeñan un papel central en la gestión de los riesgos informativos. Las plataformas digitales utilizan sistemas automatizados para detectar comportamientos inauténticos, redes de manipulación o campañas coordinadas de desinformación.

En Meta, explica Benjelloun, estos sistemas procesan diariamente miles de millones de señales para identificar actividades sospechosas.

Sin embargo, esta arquitectura de defensa sigue enfrentándose a una asimetría estructural. Los actores malintencionados adaptan continuamente sus métodos, mientras que las nuevas tecnologías, en particular la inteligencia artificial generativa, reducen el coste de producción de contenidos engañosos.

Los sistemas de procesamiento del lenguaje natural suelen optimizarse prioritariamente para las lenguas más utilizadas en los entornos tecnológicos globales, especialmente el inglés. Las lenguas menos representadas en los corpus de entrenamiento reciben menos inversiones en investigación.

Benjelloun destaca que algunas lenguas regionales, como la darija o el tamazight, siguen estando todavía poco cubiertas por estas tecnologías. Por ello, las campañas de manipulación dirigidas a estas comunidades pueden ser detectadas con mayor retraso.

Para un país como Marruecos, estas transformaciones plantean la cuestión de la soberanía algorítmica.

Según Benjelloun, esta noción no significa reconstruir localmente el conjunto de las infraestructuras digitales mundiales. Una estrategia así sería económicamente irrealista.

Marruecos dispone de varias ventajas en esta perspectiva. La presencia de una importante diáspora técnica, el crecimiento de las universidades científicas y la posición geográfica del país como interfaz entre Europa y África constituyen factores favorables.

No obstante, el principal desafío sigue siendo la retención del talento. Muchos ingenieros y data scientists formados en Marruecos continúan su carrera en los grandes polos tecnológicos internacionales.

El auge de la inteligencia artificial generativa acentúa los desafíos de responsabilidad y transparencia en la gobernanza de los sistemas algorítmicos. Cada recomendación, cada moderación de contenido o cada respuesta generada constituye una decisión algorítmica.

Según Benjelloun, la transparencia algorítmica no significa necesariamente publicar el código fuente de los sistemas, ya que eso podría exponer a las plataformas a intentos de elusión. Sin embargo, el desarrollo de marcos jurídicos adecuados sigue yendo por detrás de la velocidad de evolución de las tecnologías.

Por Mouhamet Ndiongue
El 23/03/2026 a las 10h47