Las fluctuaciones de los precios de los carburantes en Marruecos han reaccionado a la tensión que sacude Oriente Medio y se inscriben en una dinámica global de recomposición del sistema energético mundial, marcada por una inestabilidad duradera de los mercados. Además, la sucesión de choques desde 2020 ha redefinido profundamente los equilibrios energéticos internacionales, introduciendo una mayor volatilidad en la formación de los precios del petróleo.
Este nuevo entorno internacional actúa como un amplificador de las tensiones sobre las economías importadoras netas de energía. Aboulhassane Ali subraya que «el mercado marroquí de los carburantes constituye un caso típico de transmisión directa de los choques externos», lo que refleja una fuerte sensibilidad a las variaciones de los precios internacionales. La evolución observada entre 2020 y junio de 2022 ilustra esta dependencia: el precio de la gasolina pasó de 8,60 dirhams a 17,78 dirhams por litro, es decir, un aumento superior al 100%. Una amplitud así confirma la casi inmediatez de la transmisión de las fluctuaciones mundiales al mercado interno.
Los niveles observados en 2026 prolongan esta tendencia. El gasóleo se sitúa en torno a 12,80 dirhams por litro y la gasolina en 13,95 dirhams, con variaciones que pueden alcanzar hasta 2 dirhams en pocos días según la evolución geopolítica. La relación entre el precio del barril y el precio en surtidor sigue siendo especialmente marcada: una subida de 10 dólares del barril se traduce mecánicamente en un aumento de alrededor de 1 dirham por litro. Esa elasticidad refleja la ausencia de mecanismos de amortiguación significativos.
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Sin embargo, la dependencia energética de Marruecos no se limita a una exposición coyuntural. El análisis propuesto por Aboulhassane Ali insiste en la dimensión estructural de esta vulnerabilidad. El Reino depende casi por completo de las importaciones de productos refinados, una situación agravada por el cese de la actividad de refinado nacional, lo que lo sitúa como un tomador de precios en los mercados internacionales.
Las limitaciones logísticas refuerzan esta fragilidad. Las capacidades de almacenamiento estratégico se estiman en unos treinta días, un nivel relativamente limitado en comparación con los estándares internacionales. Esta restricción reduce la posibilidad de amortiguar las variaciones de precios y acentúa la reacción inmediata del mercado doméstico. La evolución reciente de los precios confirma esta exposición.
Un mercado poco legible
El funcionamiento del mercado plantea, paralelamente, interrogantes recurrentes sobre los mecanismos de formación de precios. Las subidas se repercuten rápidamente sobre los consumidores, mientras que las bajadas parecen más progresivas. Esta asimetría alimenta el debate sobre la intensidad de la competencia en el sector. Los márgenes observados, estimados en alrededor de 1,48 dirhams por litro para el gasóleo y 2,10 dirhams para la gasolina, alimentan estas dudas. Aboulhassane Ali evoca «una configuración de mercado donde la transparencia sigue siendo parcial», señalando los límites de la regulación actual.
El papel del Consejo de la Competencia aparece, en este marco, limitado. El análisis pone de relieve una dificultad más amplia del Estado para ejercer plenamente su función reguladora en un mercado liberalizado, pero estructuralmente concentrado. Esta situación se inscribe en un arbitraje más amplio entre eficiencia económica y protección del consumidor, que sigue estando en el centro del debate público.
La dimensión presupuestaria añade una presión adicional. Los ingresos fiscales procedentes de los carburantes alcanzaron cerca de 6,86 mil millones de dirhams en el primer trimestre de 2025, de los cuales el 83% provino del gasóleo. Este peso fiscal crea una tensión estructural entre los imperativos de consolidación presupuestaria y la necesidad de preservar el poder adquisitivo. La cuestión del nivel de imposición se vuelve así indisociable de la de la regulación de los precios.
