Del estrecho de Ormuz a las gasolineras de Casablanca: cómo el efecto dominó del choque petrolero se siente en Marruecos

ارتفاع النفط عالميا يثير قلق المغاربة بشأن أسعار الوقود
El 10/03/2026 a las 14h22

VídeoLa escalada militar en torno a Irán vuelve a situar las rutas energéticas del Golfo en el centro de los equilibrios económicos mundiales. Para Marruecos, importador estructural de energía pero economía abierta sólidamente vinculada a sus socios europeos y africanos, esta crisis actúa menos como un shock sistémico que como una prueba de resiliencia. Los primeros análisis coinciden: el alza de los precios de la energía podría ejercer presión sobre la inflación, ciertos sectores industriales y los costes logísticos, al tiempo que abre, paradójicamente, nuevas perspectivas de inversión y de reposicionamiento estratégico.

Las crisis geopolíticas en Oriente Medio han tenido históricamente una capacidad singular para propagarse rápidamente a la economía mundial. La guerra que se desarrolla actualmente en torno a Irán no es una excepción. Aunque geográficamente alejado del escenario de las operaciones, Marruecos observa con atención las primeras sacudidas económicas provocadas por las tensiones en la región.

En el centro de estas preocupaciones se encuentra el estrecho de Ormuz, corredor marítimo por el que transita una parte esencial del comercio petrolero mundial. Las perturbaciones que amenazan esta vía estratégica han reavivado de inmediato las tensiones en los mercados energéticos.

Según los datos de mercado observados en los últimos días, el precio del Brent supera ya los 100 dólares por barril, un nivel sensiblemente superior a los 65 dólares adoptados como hipótesis en la Ley de Finanzas de 2026, publicada por el Ministerio de Economía y Finanzas. Esta evolución ilustra la rapidez con la que las tensiones geopolíticas pueden traducirse en una prima de riesgo energético en los mercados internacionales.

Para una economía como la marroquí, la exposición a estas fluctuaciones sigue siendo estructural. El Reino cubre más del 90% de sus necesidades energéticas mediante importaciones, según los datos oficiales del Ministerio de Transición Energética y Desarrollo Sostenible. Esta dependencia constituye uno de los principales canales a través de los cuales las crisis energéticas internacionales pueden transmitirse a la economía nacional.

En Casablanca, el temor a nuevas subidas del precio del combustible es real. Basta un pequeño recorrido por las gasolineras del centro de la ciudad para comprobarlo y, perfectamente al tanto de los acontecimientos que se desarrollan en Oriente Medio, las personas entrevistadas por Le360 no ocultan su angustia. «Está claro que, si el conflicto se prolonga, nos veremos duramente afectados. Personalmente, mi pequeña moto es mi medio de vida. Hace poco ya pasé de pagar 50 a 60 dírhams por llenar el depósito. Y no me sorprendería que el precio subiera a 70 u 80 en los próximos días», relata este repartidor. Este automovilista, por su parte, espera una inflación generalizada. «Una subida del precio del combustible se traducirá sin duda en un aumento del precio de todos los demás productos, ya que el transporte es el motor de toda la economía. Pocos de nosotros estamos preparados para una escalada así», comenta.

¿Qué ocurre realmente? El economista y diputado Dr. Jamal Diwany, ex presidente de la Comisión parlamentaria de Sectores Productivos, considera que la situación actual pone a prueba el equilibrio macroeconómico del país, al tiempo que revela ciertas oportunidades estratégicas. «La guerra en curso en Irán sitúa a la economía marroquí frente a desafíos importantes. Aunque geográficamente alejado del teatro de operaciones, el Reino, como importador neto de energía y hub económico estable, sufre los efectos colaterales de esta crisis, pero también puede extraer algunos beneficios», explica.

Para este economista, los primeros días del conflicto ya permiten identificar tres principales mecanismos de transmisión: el choque energético, la reacción de los mercados financieros y un posible realineamiento geoeconómico.

La energía, primer canal de transmisión

El encarecimiento del petróleo constituye el primer efecto observable de la crisis. Cuando los mercados anticipan una perturbación de los flujos petroleros, incorporan de inmediato una prima de riesgo en los precios.

Para Marruecos, este aumento se traduce mecánicamente en un posible incremento de la factura energética y en una mayor presión sobre la balanza comercial.

Según Jamal Diwany, los efectos también pueden transmitirse a nivel interno a través de los precios de los combustibles.

«Esta presión podría reflejarse en el precio en las gasolineras. Los analistas consideran generalmente que un aumento de 10 dólares del Brent provoca una subida de entre 0,80 y 1,20 dírhams por litro de combustible», explica.

Una evolución así reavivaría el espectro de la inflación importada, fenómeno ya observado en numerosas economías importadoras de energía.

Sin embargo, el impacto real dependerá en gran medida de la duración de las tensiones geopolíticas. Históricamente, los choques petroleros temporales tienen efectos más limitados que las crisis prolongadas.

Inflación importada bajo vigilancia

El aumento del precio de la energía rara vez actúa de forma aislada. Se difunde progresivamente por toda la economía al encarecer los costes de transporte, producción y logística.

Para Oussama Ouassini, especialista en inteligencia económica, la economía marroquí sigue siendo particularmente sensible a este tipo de transmisión. «Marruecos importa alrededor del 90% de sus necesidades energéticas, lo que lo hace vulnerable a los choques en los mercados mundiales del petróleo y del gas natural», explica.

Esta dependencia energética puede traducirse en una inflación importada que afecte a varias categorías de bienes. Los combustibles y la electricidad son naturalmente los primeros productos afectados. Pero los efectos también pueden extenderse a los bienes transportados y a los insumos industriales.

Según Ouassini, algunos sectores podrían verse especialmente expuestos si los precios de la energía permanecen elevados durante mucho tiempo.

Los productos alimentarios importados o muy dependientes del transporte internacional podrían experimentar un aumento de los costes logísticos. Los bienes industriales y semielaborados también podrían verse afectados, especialmente las materias primas utilizadas en la industria alimentaria o en los procesos manufactureros.

«Los costes de producción y transporte pueden trasladarse progresivamente a toda la cadena económica», precisa.

No obstante, la magnitud de esta difusión dependerá esencialmente de la duración del conflicto.

«Si la crisis energética se prolongara más de tres meses, la inflación podría superar teóricamente el 10%», observa Ouassini, subrayando que se trata de un análisis prospectivo basado en escenarios de crisis prolongada.

También recuerda que Marruecos dispone de reservas estratégicas de algunos productos esenciales, en particular trigo y energía fósil, lo que puede amortiguar los efectos inmediatos de un choque internacional.

Mercados e inversiones ante la incertidumbre

Más allá de la energía, las tensiones geopolíticas también influyen en el comportamiento de los inversores. En periodos de conflicto, los mercados financieros suelen volverse más prudentes, especialmente en las economías emergentes. Los inversores adoptan entonces estrategias de espera, sobre todo en sectores sensibles al coste del crédito.

Según Jamal Diwany, esta prudencia podría afectar a sectores como la banca o el inmobiliario. Pero esta misma crisis también podría acelerar ciertas dinámicas de inversión.

En un contexto de recomposición geopolítica, la Unión Europea busca asegurar sus cadenas de suministro y diversificar sus socios industriales y energéticos. En este sentido, Marruecos podría beneficiarse de su posición geográfica y de su estabilidad institucional.

Según Diwany, algunos países exportadores de hidrocarburos también podrían buscar asegurar sus flujos logísticos diversificando sus infraestructuras de almacenamiento y tránsito.

«Los países exportadores de petróleo y gas podrían verse llevados a reposicionar parte de sus reservas en infraestructuras situadas en Marruecos para sortear los riesgos de bloqueo de las rutas marítimas», observa.

El desarrollo de nuevas infraestructuras portuarias, en particular el puerto de Nador, podría así reforzar el papel del Reino en los circuitos energéticos regionales.

Entre los sectores económicos potencialmente afectados figura el de la construcción y las obras públicas.

El economista y universitario Driss Effina subraya que esta industria sigue siendo muy dependiente de los costes energéticos. Para él, «el sector de la construcción es especialmente sensible al precio de la energía, especialmente en el transporte de materiales y en la producción de cemento, cuyas fábricas son muy intensivas en energía», explica.

Cualquier aumento duradero del precio de la energía podría, por tanto, encarecer los costes de producción en toda la cadena de la construcción. Sin embargo, los efectos no suelen manifestarse de inmediato.

«Históricamente, las repercusiones de este tipo de crisis aparecen después de varias semanas de tensiones en los mercados. El verdadero punto de observación se sitúa alrededor de un plazo de aproximadamente un mes de conflicto», precisa Effina. Las empresas del sector siguen, por tanto, muy de cerca la evolución de los precios energéticos.

Según él, el precio del petróleo ya se sitúa en torno a los 102 dólares por barril, una tendencia que alimenta las preocupaciones sobre una posible subida de los costes energéticos en las próximas semanas.

Esta situación se produce en un momento en el que el sector de la construcción comenzaba a mostrar señales de recuperación tras un periodo más difícil. Las próximas semanas serán, por tanto, decisivas para medir el verdadero alcance del impacto económico de la crisis.

La transición energética como amortiguador estructural

Si bien la dependencia energética sigue siendo elevada, la estrategia de diversificación del mix energético emprendida por Marruecos constituye un factor de estabilización a medio plazo. El Reino lleva varios años desarrollando una política de expansión masiva de las energías renovables.

Según los objetivos oficiales de la estrategia energética nacional, más del 52% de la capacidad instalada debería proceder de fuentes renovables en 2030, gracias especialmente al desarrollo de la energía solar y eólica.

Para Jamal Diwany, esta orientación constituye ya un auténtico escudo macroeconómico, ya que «la diversificación energética emprendida por Marruecos reduce progresivamente la exposición a las fluctuaciones de los hidrocarburos y refuerza el atractivo del país para las inversiones internacionales», estima.

Esta dinámica podría incluso acelerarse en un contexto de tensiones energéticas mundiales.

Las inversiones procedentes de China, de los países del Golfo o de socios europeos podrían reforzarse, pese a la volatilidad coyuntural ligada a la crisis actual.

Sin embargo, la crisis revela tantos riesgos como oportunidades. La guerra en Irán vuelve a recordar la vulnerabilidad de la economía mundial ante las tensiones geopolíticas. Y para Marruecos, el impacto de esta crisis dependerá ante todo de su duración y de su intensidad.

Las primeras señales indican que el Reino podría sufrir ciertas presiones sobre su factura energética y sobre la evolución de los precios internos. Pero los fundamentos macroeconómicos y la diversificación progresiva del modelo energético ofrecen márgenes de adaptación.

Para Marruecos, el desafío consiste ahora en transformar este periodo de incertidumbre en una palanca de consolidación económica y de reposicionamiento estratégico.

Por Mouhamet Ndiongue y Sifeddine Belghiti
El 10/03/2026 a las 14h22