En proyecto desde 2018, la introducción de la facturación electrónica deberá, por fin, materializarse este año. La Dirección General de Impuestos (DGI), promotora del proyecto, está en todo caso decidida a culminarlo a lo largo de 2026. Su director, Younès Idrissi Kaitouni, estimó el 18 de febrero de 2026, en la sede de la Confederación General de Empresas de Marruecos (CGEM) en Casablanca, que el terreno ya está preparado para dar el paso.
«Varias medidas adoptadas en los últimos años (retención en la fuente, certificado de regularidad fiscal, garantías a la importación…) tienen como finalidad preparar el entorno para la facturación electrónica», señala, subrayando que ya es momento de pasar a la siguiente etapa.
La DGI también ha allanado el camino en el plano operativo. En efecto, realizó consultas en 2024 y, en 2025, inició la fase piloto del sistema de facturación electrónica con la participación de algunas empresas voluntarias. Encargó el desarrollo de la plataforma dedicada a la facturación electrónica a la empresa marroquí xHub.
Los responsables del proyecto optaron por el modelo denominado «clearance», o validación previa. En concreto, cada factura deberá transmitirse a la plataforma de la DGI para su validación antes de ser enviada al cliente. Sin esa validación, la factura no será jurídicamente válida. Esta elección sitúa a la administración tributaria en el centro de los flujos transaccionales, en tiempo real, a diferencia del modelo de «post-audit» aplicado en otros países.
El reto es importante. Para el Estado, esta reforma busca sobre todo combatir el fraude y la economía informal, ampliar la base fiscal y mejorar la gestión de la actividad económica. Debería permitir reducir un enorme déficit recaudatorio, en particular el asociado a las facturas falsas.
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Younès Idrissi Kaitouni declaró ante los miembros de la CGEM que las facturas falsas se estiman entre 40.000 y 50.000 millones de dírhams. Según él, los dispositivos ya implementados habrían permitido reducir este fenómeno en un 83%, y la facturación electrónica debería reforzar aún más esa tendencia.
Para las empresas, los beneficios serán, en particular, la automatización de procesos, la reducción de errores, el descenso de los costes de archivo y una mejora potencial de los plazos de pago. A largo plazo, la mayor transparencia debería instaurar una relación de confianza más sólida con la administración tributaria.
El director de la DGI precisó que el proyecto está concebido conforme a los mejores estándares internacionales, con enfoques diferenciados según el tamaño de las empresas. Incluso se prevé un sistema gratuito de facturación de la DGI para las muy pequeñas empresas. El arranque debería centrarse prioritariamente en el B2G, es decir, las empresas adjudicatarias de contratos públicos, ya familiarizadas con la digitalización, señala. La reforma también debería crear un nuevo segmento de actividad: el de los intermediarios de confianza en facturación electrónica.
No obstante, esta transición genera inquietud entre los operadores, que temen un escenario similar al despliegue del Identificador Común de la Empresa (ICE) en 2018, considerado difícil y todavía aplicado de forma incompleta. Por ello, piden ser asociados al despliegue de esta reforma.
«El verdadero desafío es organizativo»
Para medir el grado de preparación del tejido económico ante este cambio, Le360 consultó a Imad Moumin, experto en finanzas y gobernanza corporativa. Su diagnóstico es tajante: la madurez digital de las empresas marroquíes sigue siendo extremadamente heterogénea.
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«Los grandes grupos suelen disponer de sistemas informáticos robustos y de módulos contables capaces de gestionar flujos digitales estructurados. Pero la mayoría de las microempresas y pymes, que constituyen el armazón del tejido económico marroquí, todavía trabaja con procesos manuales o con programas inadecuados», explica. Por ello, la transición hacia la facturación electrónica se anuncia compleja y potencialmente costosa para estos actores, estima.
Para Imad Moumin, la dificultad va mucho más allá de la simple adquisición de un software. «El verdadero desafío es organizativo: hay que reorganizar los procesos, estandarizar las prácticas y elevar las competencias de los equipos financieros y contables. Sin eso, la herramienta tecnológica corre el riesgo de crear más rupturas que valor».
También subraya la incertidumbre ligada al marco técnico definitivo de la DGI, que obliga a las empresas a anticiparse manteniéndose ágiles para evitar ajustes costosos de última hora. «Las que lo lograrán serán aquellas que consideren esta reforma como una oportunidad estratégica de transformación, y no como una carga administrativa adicional».
El experto identifica varios sectores de riesgo. El comercio minorista y la restauración, donde predominan las transacciones en efectivo y los sistemas de facturación suelen ser rudimentarios, deberán emprender una transformación cultural y operativa profunda. La artesanía y las pequeñas industrias, marcadas por una baja estandarización de procesos, también están expuestas a dificultades de integración y de cumplimiento.
Los sectores del transporte y la logística, caracterizados por la multiplicidad de flujos y la fragmentación de facturas, afrontan desafíos de integración técnica más complejos. «La experiencia internacional demuestra que el éxito depende de la digitalización de los procesos de negocio, de la estandarización de las operaciones internas y de la capacidad para integrar flujos estructurados en cadenas de valor complejas. El cumplimiento normativo y la madurez digital deben avanzar de la mano», insiste.
Para evitar una ruptura brusca, Imad Moumin aboga por un acompañamiento estructurado en torno a un triple eje: financiero, técnico y organizativo. En el plano financiero, recomienda créditos fiscales, subvenciones específicas o ayudas para la integración de módulos certificados, especialmente dirigidas a pymes y microempresas.
En el plano técnico, la puesta a disposición de entornos de prueba (sandbox), API oficiales y el apoyo de expertos certificados serían esenciales para asegurar la integración con los sistemas existentes. Seminarios web, guías prácticas y experiencias compartidas contribuirían a transformar la percepción de la reforma, presentándola como una palanca de optimización más que como una obligación.
