Petróleo y butano disparados: ¿quién paga la factura y por qué Marruecos no recurre al hedging?

Imagen difundida por la Marina Real tailandesa que muestra humo saliendo del carguero «Mayuree Naree» cerca del estrecho de Ormuz tras un ataque, el 11 de marzo de 2026.

El 12/03/2026 a las 19h22

La subida continuada de los precios del petróleo y del gas butano amenaza con agravar tanto los presupuestos de los hogares como los costes de las empresas. Ante esta volatilidad, una posible herramienta sería el hedging —o cobertura financiera—, que permite protegerse frente a las oscilaciones de los mercados. Sin embargo, recurrir a este mecanismo no es una decisión sencilla ni para el Gobierno ni para los operadores privados.

En un contexto marcado por la incertidumbre en los mercados internacionales —agravada por la guerra en Oriente Medio—, el hedging funciona como una forma de seguro financiero. Su objetivo es proteger a empresas o Estados frente a variaciones bruscas en el precio de materias primas, divisas o tipos de interés.

En la práctica, consiste en utilizar instrumentos financieros como contratos de futuros u opciones para fijar de antemano un precio de compra o de venta. Por ejemplo, una aerolínea altamente dependiente del queroseno puede asegurar el precio del combustible mediante un contrato que fija su coste con antelación. Si el petróleo se encarece posteriormente en los mercados internacionales, la empresa seguirá pagando el precio previamente acordado, estabilizando así sus costes operativos.

La última gran operación de cobertura realizada por Marruecos se remonta a 2013, durante el Gobierno de Abdelilah Benkirane. En aquel momento, con el barril cerca de los 110 dólares, el Estado decidió cubrir 1,6 millones de toneladas de petróleo durante tres meses, fijando un precio máximo de 120 dólares por barril.

La operación se llevó a cabo con el apoyo de varios bancos marroquíes —Attijariwafa Bank, BMCE Bank y BCP— así como de entidades internacionales como Morgan Stanley, Citibank y Deutsche Bank.

Sin embargo, el resultado fue decepcionante. Los precios del petróleo terminaron cayendo y el Estado pagó cerca de 70 millones de dólares por una cobertura que finalmente no necesitó.

«La experiencia no fue especialmente concluyente», recuerda Mostafa Labrak, experto en energía.

Desde la liberalización del mercado de los carburantes en Marruecos, el Estado ya no interviene directamente como en 2013. Hoy son los operadores privados los que importan y comercializan el petróleo, por lo que las finanzas públicas ya no están directamente expuestas a las fluctuaciones del precio del crudo.

De hecho, cuando suben los precios en las estaciones de servicio, el Gobierno puede incluso incrementar su recaudación fiscal a través del IVA y del impuesto interior sobre los carburantes.

La situación es distinta en el caso del gas butano, cuyo precio sigue estando subvencionado a través de la Caja de Compensación. Desde diciembre, su cotización ha pasado de 485 a 545 dólares por tonelada, lo que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre una posible cobertura.

Sin embargo, tomar esa decisión ahora sería complejo.«La pérdida o el sobrecoste ya está ahí. Pero si la crisis se prolonga, el Gobierno tendrá que asumir la factura», explica un responsable de sala de mercados de un banco marroquí especializado en productos derivados.

En otras palabras, todo depende del escenario geopolítico. Si el conflicto en Oriente Medio se alarga, cubrirse mediante hedging podría resultar acertado. Si se resuelve rápidamente, la cobertura podría terminar siendo innecesaria o incluso costosa.

En el caso de los carburantes, Houcine El Yamani, coordinador del Frente Nacional para la Salvaguarda de la Refinería Samir, considera que la responsabilidad recae en los operadores del sector.

«Los importadores no utilizan hedging. Se abastecen prácticamente al día, sin constituir los stocks reglamentarios. La cobertura tiene un coste adicional, pero permite protegerse frente a la volatilidad de los precios y garantizar el suministro sin riesgo de escasez», afirma.

La incertidumbre actual es especialmente elevada debido al papel del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial.

A ello se suma otra incógnita: el nivel real de reservas energéticas disponibles en Marruecos. El último dato oficial situaba el stock nacional en unas 617.000 toneladas, equivalente a apenas 18 días de consumo.

Además, las tensiones logísticas podrían complicar aún más la situación. El Yamani menciona el caso de un petrolero que el pasado viernes tuvo que abandonar el puerto de Mohammedia sin completar su descarga debido a condiciones meteorológicas adversas.

Según Mostafa Labrak, no todas las compañías están en condiciones de aplicar estrategias de cobertura.

«Implementar un hedging exige asesoramiento especializado y el acompañamiento de bancos o expertos con experiencia, porque es un proceso técnico que también implica riesgos», explica.

En la práctica, muchas empresas marroquíes optan por cubrir el riesgo de tipo de cambio dólar/dírham, ya que el petróleo se paga en dólares. Sin embargo, la cobertura directa sobre el precio del crudo es menos frecuente.

Esto se debe, en parte, a que los operadores pueden trasladar las subidas de precios al consumidor final en las estaciones de servicio, lo que reduce su necesidad de protección financiera.

Pese a ello, el hedging es una herramienta ampliamente utilizada por empresas importadoras de materias primas.

Los molineros, por ejemplo, se protegen frente a la volatilidad de los precios de los cereales. El Office national de l’électricité et de l’eau potable (ONEE) también recurre a mecanismos de cobertura para limitar el impacto de las fluctuaciones en el precio del gas natural licuado, el carbón o el fuel.

En el sector aéreo, compañías como Royal Air Maroc y Air Arabia aplican estrategias de cobertura tanto en divisas como en carburantes, especialmente en el queroseno mediante contratos indexados al B-Fuel.

El objetivo es claro: proteger la competitividad y evitar que las subidas del combustible se traduzcan automáticamente en un encarecimiento de los billetes.

«No existe una relación directa entre el precio del carburante y el del billete de avión», explica un alto directivo de una aerolínea que opera en Marruecos. «El precio final depende sobre todo del yield management, es decir, de una gestión dinámica de tarifas basada en la demanda, el nivel de ocupación de los vuelos y la competencia en cada ruta».

Por Wadie El Mouden
El 12/03/2026 a las 19h22