Con la llegada del mes sagrado, los precios de los alimentos han repuntado en los mercados de la ciudad, rompiendo la relativa estabilidad que se había mantenido en las semanas anteriores.
Un recorrido realizado por Le360 por distintos puntos de venta —entre ellos el mercado de proximidad Saâda, el mercado Imam Ali y otros barrios populares— constata un aumento súbito de las tarifas. Los productos que más se consumen en el ftur (la comida con la que se rompe el ayuno) se han encarecido de forma visible en los puestos.
Los vecinos describen la subida como «brusca», especialmente en los artículos de primera necesidad. Si antes del Ramadán los precios se consideraban «razonables», desde el primer día muchos productos han sumado entre 4 y 5 dírhams más, presionando el presupuesto de los hogares de Fez.
«El pimiento ha pasado de 5 a 10 dírhams, y hay quien lo vende incluso a 20 el kilo. La lechuga ya está entre 8 y 10 dírhams. Para las familias con ingresos bajos es muy complicado», lamenta una residente ante la cámara. La tendencia también alcanza a la fruta, con incrementos de alrededor de 2 dírhams por kilo. «Antes del Ramadán, todo era más asequible; con el pico de demanda, los precios se han ido arriba», señala otra vecina. Mientras la clase media intenta ajustarse, la preocupación es evidente en los hogares más vulnerables.
En el mercado Saâda, los comerciantes aseguran que el ritmo de ventas se ha resentido por la pérdida de poder adquisitivo. «Los clientes que antes compraban cinco o seis kilos ahora se llevan dos o tres», explica Hicham, vendedor del mercado. Hassan, otro comerciante, añade que algunos consumidores «se conforman incluso con medio kilo».
Los precios actuales reflejan la magnitud del encarecimiento: la zanahoria ronda los 8 dírhams, el calabacín llega a 13, mientras que patata y tomate se sitúan en torno a 6. El pepino alcanza los 10 dírhams, la col se vende a 5, y las judías verdes se disparan hasta 20 dírhams el kilo. Los guisantes se ofrecen a 14 dírhams. «Hay una diferencia enorme respecto a la víspera del Ramadán; en algunos casos, más de cinco dírhams por un solo producto», resume un vendedor.
Desde el lado de los minoristas, la explicación apunta al mercado mayorista. Abdelwahab, comerciante en Saâda, sostiene que los márgenes son reducidos porque la mercancía ya llega cara de origen. «Compramos muy caro. La cebolla, por ejemplo, está a 8 dírhams al por mayor. Si la vendemos a 10 y descontamos transporte y manipulación, queda apenas un dírham o dírham y medio de beneficio», detalla.
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A los costes logísticos y de embalaje se suma un factor estacional: el patrón de consumo propio del Ramadán. En un mercado sujeto a la ley de la oferta y la demanda, un aumento repentino de las compras frente a un stock limitado provoca, de manera casi automática, un salto en los precios.
Además, comerciantes y profesionales del sector apuntan a otro fenómeno: algunos hogares compran más de lo necesario por miedo a la escasez, alimentando una presión adicional sobre los productos. «El ciudadano ya no puede soportar esto», concluye un vendedor, que reclama más control y una regulación más estricta para frenar la volatilidad y estabilizar el mercado.
