Tasas: por qué Bank Al-Maghrib debería optar por mantenerlas sin cambios

Bank Al Maghrib

El 10/03/2026 a las 10h41

La guerra en curso en Oriente Medio reaviva las incertidumbres económicas y vuelve a situar la cuestión de la inflación en el centro de las preocupaciones nacionales. A medida que se acerca la reunión del Consejo de Bank Al-Maghrib del 17 de marzo de 2026, tres economistas analizan para Le360 los riesgos para la economía marroquí y las decisiones que se imponen en materia de política monetaria, entre la prudencia, el apoyo al crecimiento y la lucha contra las tensiones sobre los precios.

El conflicto que sacude a Oriente Medio no deja entrever, por ahora, ninguna señal de distensión. Esta situación alimenta la inquietud de los mercados y reaviva el temor a un nuevo shock económico mundial, especialmente a través de los precios de la energía y de las materias primas.

En Marruecos, esta guerra estalla en un momento en que la inflación parecía controlada y la actividad económica mostraba señales de mejora progresiva.

Para evaluar los riesgos que este conflicto podría hacer pesar sobre la economía nacional, en particular un posible regreso de las presiones inflacionistas y sus implicaciones para la política monetaria, a medida que se acerca la primera reunión trimestral del año del Consejo de Bank Al-Maghrib, prevista para el 17 de marzo de 2026, Le360 consultó a tres economistas: Omar Bakkou, Driss Effina y Ahmed Azirar.

Cabe recordar que el banco central mantiene su tasa directora en el 2,25% desde hace un año, un nivel que se mantuvo sin cambios tras la rebaja decidida en marzo de 2025. La cuestión ahora es saber si el nuevo contexto internacional impone un ajuste o, por el contrario, aconseja esperar.

Una visibilidad todavía insuficiente

Para Omar Bakkou, es prematuro extraer conclusiones definitivas, dado que el conflicto apenas acaba de comenzar. En ausencia de visibilidad sobre su duración, cualquier proyección sería arriesgada, subraya.

El economista considera así que el banco central debería, por el momento, actuar con prudencia para comprender mejor la naturaleza del conflicto: si se trata de un simple episodio geopolítico pasajero o de una crisis duradera capaz de perturbar profundamente la economía mundial. Mantener sin cambios la tasa directora aparece, por tanto, como la opción más probable a corto plazo.

En cuanto a la inflación, Omar Bakkou llama a la prudencia en el análisis. Recuerda que la dinámica de los precios depende de una pluralidad de factores, algunos de los cuales podrían contribuir a amortiguar las tensiones.

Señala, en particular, la perspectiva de una buena campaña agrícola, susceptible de provocar una bajada de los precios de los productos agrícolas y de contener parte de las presiones inflacionistas.

En lo que respecta al componente energético, el analista recuerda que los precios no dependen únicamente del mercado internacional, ya que una parte de ellos está condicionada por la intervención del Estado.

Reconoce que es probable un efecto inflacionista, pero su magnitud dependerá de la evolución real de los precios. A su juicio, una escalada duradera no constituye un escenario inevitable.

Entre los factores moderadores, Omar Bakkou cita la activación de la producción estadounidense de petróleo de esquisto cuando los precios alcanzan determinados umbrales elevados, así como la internacionalización del mercado del gas y la importancia de las reservas energéticas de Estados Unidos.

Considera, por tanto, poco probable un regreso a niveles extremos, al estimar que el barril no debería alcanzar máximos comparables a los registrados en anteriores grandes shocks petroleros.

A ello se suman la caída prevista de la demanda mundial en caso de recesión económica y la capacidad de ajuste de los países del Golfo, factores todos ellos susceptibles de favorecer una estabilización.

Déficit comercial y dilema monetario

Por su parte, Driss Effina insiste en la necesidad de una gestión rigurosa de la tasa directora, habida cuenta de que la política monetaria debe arbitrar entre el apoyo al crecimiento y el control de las tensiones inflacionistas.

El economista alerta sobre el riesgo de una nueva ola de inflación en los próximos meses si el conflicto llegara a prolongarse en el tiempo.

También pone de relieve otro factor determinante: la atonía de la demanda exterior dirigida a Marruecos. Esta debilidad pesaría con fuerza sobre las exportaciones y agravaría aún más el déficit comercial.

Según él, la prolongación del conflicto en Oriente Próximo acentuaría estos desequilibrios. El encarecimiento de los precios del petróleo vendría a aumentar la factura energética y a alimentar las tensiones sobre los precios.

En este contexto, se perfilan dos escenarios: mantener la tasa directora para preservar la dinámica económica o subirla para frenar la inflación y contener la demanda interna.

Inflación importada y estrategia de espera

Por su parte, Ahmed Azirar recuerda que, antes del estallido de esta guerra, se preveía mantener la tasa directora al menos durante el primer semestre de 2026.

Sin embargo, la situación cambió bruscamente con este shock geopolítico, cuyo desenlace sigue siendo incierto. Según él, la inflación debería volver a repuntar, impulsada por la energía, las materias primas, los productos alimentarios, los insumos industriales y numerosos servicios, en particular la logística y los seguros.

Esta nueva situación influirá inevitablemente en la decisión del Banco Central prevista para el 17 de marzo de 2026. El debate girará en torno a la elección entre una reacción inmediata, con el riesgo de frenar un crecimiento que venía mejorando, o una postura de espera.

Ahmed Azirar se inclina por la segunda opción. Considera que la inflación será primero importada antes de difundirse a escala nacional, por lo que aboga por mantener la tasa directora actual y fijar rápidamente una nueva reunión del Consejo en el mes siguiente.

Por Lahcen Oudoud
El 10/03/2026 a las 10h41