«Te quiero, yo tampoco: Francia–Marruecos»: el réquiem de un documental para ingenuos

"Je t'aime moi non plus: France Maroc", documentaire réalisé par Benoît Bringer, diffusé le 5 avril 2026 sur France 5.

«Te quiero, yo tampoco: Francia–Marruecos», el documental de France Télévisions.

El 06/04/2026 a las 16h09

El pasado 5 de abril, la cadena France 5 dedicó una amplia franja de su programación a Marruecos y a las relaciones que mantiene con Francia. Esta vez, lejos de espectáculos humorísticos o musicales destinados a resaltar los lazos culturales entre ambos países, la velada estuvo compuesta por dos documentales y un debate cuyo contenido y oportunidad plantean interrogantes. Entre medias verdades, omisiones y atajos más que cuestionables, la noche franco-marroquí de France Télévisions incurrió en múltiples derivas, hasta rozar la propaganda anti-marroquí.

Por una vez, la película del domingo por la noche dejó paso a una velada centrada en la relación franco-marroquí a lo largo de la historia. Un tema que sin duda despertará interés a ambos lados del Mediterráneo, ya que hay mucho que contar. Te quiero, yo tampoco: Francia–Marruecos… El título, de inspiración gainsbourgiana, del primer documental dirigido por Benoît Bringer deja clara la intención: se abordarán cuestiones incómodas. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, esta noche especial se programa, según France Télévisions, «con motivo del 70 aniversario de la independencia de Marruecos». Aunque cabe señalar que dicha independencia se oficializó el 2 de marzo de 1956 y que estamos a 5 de abril… Pero no se le dice que no a un buen documental que mezcla historia y actualidad.

El programa de la velada resulta atractivo y promete repasar la historia de las relaciones franco-marroquíes, explorar «una historia de amor contrariada», desde el establecimiento del protectorado hasta la independencia y la actualidad, a través de dos documentales —el segundo dedicado a Mohammed V, padre de la independencia marroquí— y un debate.

Pero para condensar un siglo de historia común en apenas unas horas, es necesario definir un enfoque. Para ello, Benoît Bringer, director del primer documental —el que marca el tono de la noche— opta por utilizar la metáfora de una pareja que se ama y se enfrenta, regida por una dinámica de dominación y sumisión.

De hecho, según explica sobre el título elegido, este documental —que podría haberse titulado «Amor bajo influencia», confiesa— pretende relatar «la historia apasionada y poco conocida de un pulso de poder entre Francia y su antiguo protectorado, donde las heridas del pasado siguen presentes en las relaciones entre presidentes y reyes».

Presentado como «un relato cinematográfico tenso y encarnado», el documental se adentra así en la historia de dos naciones «condenadas a entenderse» y busca, sobre todo, responder a una pregunta: «¿Qué hay que sacrificar para evitar la ruptura?» O, como lo formula el propio director: «¿Qué precio hay que aceptar pagar para que el vínculo no se rompa?».

Que no haya equívocos: la pregunta no se dirige a Marruecos, sino a Francia. Desde el inicio, tanto en el documental como en el debate posterior, se parte de la idea de que Francia es siempre quien busca reconciliarse con Marruecos tras periodos de tensión. A partir de ese postulado, se plantea qué supuestos medios de presión tendría Marruecos para hacer ceder a Francia. Un tema que vende y que seduce a los aficionados a las teorías conspirativas. Sin embargo, lejos de ser inocentes, estas preguntas resultan problemáticas en muchos sentidos. A medida que avanza el documental, queda claro que ninguna de las respuestas está documentada y que todo se basa en rumores, sensaciones, impresiones y opiniones… pero nunca en hechos comprobados. Peor aún, para sostener el relato, se recurre a viejos asuntos de carácter polémico, reutilizados para añadir dramatismo a un contenido que, en última instancia, no aporta nada nuevo.

Un reparto que plantea dudas

Benoît Bringer elige el fútbol como punto de entrada para abordar este amplio tema, sumergiendo al espectador en la intensa atmósfera de la semifinal del Mundial de 2022 entre Francia y Marruecos. En off, un comentarista deportivo exaltado. En pantalla, París, en toda su modernidad, encarnando «Francia». A continuación, el contraste: niños jugando descalzos en un campo improvisado en la montaña, frente a una modesta casa de adobe. Una imagen pintoresca etiquetada como «Marruecos»… Como si el país careciera de infraestructuras deportivas, como si la Academia Mohammed VI de fútbol no existiera, como si Marruecos no acabara de firmar una de las mejores ediciones de la CAN de la historia del fútbol africano. Pero en fin… Jamel Debbouze, incapaz de elegir entre su madre y su padre, sirve como ejemplo para ilustrar el vínculo de los binacionales con sus dos países y para introducir un reparto destacado.

Para abordar las relaciones franco-marroquíes, el director reúne, por un lado, a personalidades franco-marroquíes como Tahar Ben Jelloun, Leïla Slimani, Nesrine Slaoui y Najat Vallaud-Belkacem, así como a figuras políticas francesas nacidas en Marruecos, como Élisabeth Guigou y Dominique de Villepin, además de los expresidentes Nicolas Sarkozy y François Hollande.

Cada uno aporta su visión, desde su trayectoria y su posición, sobre la naturaleza de las relaciones entre ambos países.

Para dar apariencia de equilibrio, el realizador incorpora también al poeta y escritor marroquí Abdellatif Laâbi, encarcelado en Marruecos entre 1972 y 1980 durante los años de plomo, presentado como exiliado en Francia sin mencionar que regresa regularmente a Marruecos.

Otro de los participantes es Hicham Mansouri, que se presenta como periodista de investigación y que fue encarcelado en Marruecos por adulterio —según él, un pretexto para silenciarlo—. Su versión no es ni cuestionada ni contextualizada, ni se examina su credibilidad. Más aún, en ningún momento se mencionan sus trabajos periodísticos ni las investigaciones que habría llevado a cabo, pese a que acusa al país de todos los males.

Por último, Laurent Richard, periodista y fundador de Forbidden Stories, uno de los principales intervinientes del documental, contribuye claramente a reforzar esta producción, que pretende volver a poner sobre la mesa el caso Pegasus.

Pero lo que realmente incomoda en la elección de este reparto, en apariencia equilibrado, es sobre todo el análisis que hace el periodista de las intervenciones de los distintos participantes. Porque cuando Tahar Ben Jelloun, Leila Slimani o Najat Vallaud-Belkacem evocan las relaciones franco-marroquíes y el vínculo que mantienen con ambos países, se procede inmediatamente a cuestionar sus verdaderas motivaciones, generando un clima de sospecha en torno a su presencia en cenas o fotografías oficiales que simbolizan el acercamiento entre Francia y Marruecos.

Pegasus, La Mamounia y Tazmamart… los ingredientes de una receta repetida

Para responder a la cuestión central sobre la que gira el documental, el director intenta identificar los supuestos medios de presión de los que dispondría Marruecos para «hacer ceder» literalmente a Francia. Ante la falta de hechos comprobados, recurre a viejos asuntos y los reinterpreta a su conveniencia.

El caso Pegasus ocupa un lugar central en este relato construido de forma previsible. Se utiliza como ejemplo para ilustrar una supuesta sumisión de Francia frente a Marruecos, al considerar que París habría optado por pasar página en una presunta operación de espionaje al normalizar sus relaciones con Rabat tras más de dos años de tensiones.

El realizador parte así del supuesto de que Emmanuel Macron fue efectivamente espiado por Marruecos. Al dar voz a Laurent Richard sin cuestionarlo en ningún momento, Benoît Bringer omite los resultados de las investigaciones realizadas desde que estalló este asunto, las cuales concluyeron que no existía implicación de Marruecos.

Tampoco se menciona el informe sobre el uso de Pegasus y otros programas espía, elaborado tras un año de investigaciones exhaustivas por la comisión de investigación del Parlamento Europeo. Silencio igualmente sobre las conclusiones de su presidente, el eurodiputado neerlandés Jeroen Lenaers, quien afirmó que no existía ninguna prueba que demostrara que Marruecos hubiera utilizado esta tecnología para espiar, en particular, a responsables europeos.

Pero como Pegasus no basta para explicar por qué Francia estaría dispuesta a pasar página y perdonar todo a su socio, el documental añade un nuevo elemento al relato al evocar esta vez «la diplomacia de La Mamounia», una expresión llamativa que se utiliza de forma recurrente para referirse a la diplomacia informal, es decir, a una supuesta corrupción de élites extranjeras en el lujo de los grandes palacios hoteleros.

«¿Ha estado usted alguna vez en La Mamounia?», se pregunta de forma directa a Nicolas Sarkozy o a Dominique de Villepin, partiendo de la premisa —bastante ridícula— de que cualquier persona influyente que haya pasado por este hotel ha sido, por tanto, corrompida por Marruecos. Por mucho que Nicolas Sarkozy intente explicar la cultura de la hospitalidad en Marruecos, así como la relación de amistad y confianza que existió entre la monarquía y algunos presidentes franceses, como Jacques Chirac, nada parece suficiente.

De este modo, para poner en duda la integridad de ciertos responsables políticos franceses durante el ejercicio de sus funciones, se opta por omitir «detalles» que, sin embargo, resultan fundamentales. Se insiste en la larga amistad entre Jacques Chirac, durante su mandato presidencial, y Hassan II, y posteriormente Mohammed VI, dejando planear sospechas injustificadas sobre la naturaleza de esa relación.

Sin embargo, se omite recordar que Jacques Chirac, con 81 años y ya retirado de la vida política, fue acogido en Marruecos en una residencia del rey en Agadir, cerca de un hospital militar, con el objetivo de garantizarle la mejor atención médica posible. Tampoco se menciona que fue repatriado a Francia a bordo de un avión privado del rey, ni que Marruecos no tenía nada que ganar mostrando ese nivel de hospitalidad hacia su invitado.

Por último, habría que explicar qué gana Marruecos desplegando tantos esfuerzos para seducir a las élites francesas. Según el relato del director, se trataría, por parte francesa, de cerrar los ojos ante supuestas vulneraciones de los derechos humanos en Marruecos a cambio de beneficios personales y contratos lucrativos. Para ello, el documental se remonta a la historia del país, concretamente a los años de plomo, y aborda de forma insistente las prisiones de Tazmamart y Kelaât M’Gouna, lugares de detención y tortura durante mucho tiempo mantenidos en secreto bajo el reinado de Hassan II.

Sin embargo, ya no existe ningún misterio en torno a estos centros, cerrados y desmantelados a principios de los años noventa, y cuyos antiguos detenidos fueron indemnizados por el Estado en el marco de un programa impulsado en 2004 por el rey Mohammed VI. A pesar de ello, Benoît Bringer presenta como revelación el hecho de haber visitado a poblaciones cercanas a estos antiguos centros, que, según él, seguirían hablando de ellos en voz baja, sin que se sepa muy bien por qué.

El documental dibuja así la imagen de un país donde las voces disidentes son encarceladas desde hace décadas, apoyándose en imágenes de la prisión abandonada de Kelaât M’Gouna, y donde, según el director, hablar de las víctimas de los años de plomo seguiría siendo un tabú. Se indigna incluso por lo que considera una falta de memoria hacia las víctimas y sus familias, omitiendo, una vez más, la abundante literatura existente sobre este periodo, así como el trabajo de la Instancia Equidad y Reconciliación (IER), creada el 12 de abril de 2004 por el rey Mohammed VI para esclarecer las violaciones de derechos humanos cometidas durante el reinado de su padre.

Tampoco menciona que la IER permitió no solo establecer la verdad sobre las graves vulneraciones ocurridas entre 1956 y 1999, sino también rehabilitar e indemnizar a las víctimas, además de proponer reformas destinadas a evitar su repetición. Ni hace referencia a las audiencias públicas retransmitidas por radio y televisión, en las que las víctimas pudieron relatar libremente sus experiencias.

Por último, para trazar un vínculo entre pasado y presente y sostener la idea de que nada ha cambiado en Marruecos en materia de derechos humanos, el documental, apoyándose en el testimonio de un «periodista» poco conocido, Hicham Mansouri, intenta imponer una narrativa según la cual los periodistas «independientes» y los «historiadores» serían encarcelados mediante expedientes fabricados por las autoridades. Las víctimas de depredadores sexuales que se amparaban en la condición de periodistas, como Omar Radi o Taoufik Bouachrine, ambos encarcelados en Marruecos, sin duda tendrán algo que decir al respecto…

Resulta inevitable establecer un paralelismo con el tratamiento mediático y judicial en Francia de escándalos sexuales que implican a políticos y periodistas, sin que ello haya supuesto necesariamente penas de prisión. Vienen a la mente casos como los de Patrick Poivre d’Arvor, Éric Zemmour, Jean-Marc Morandini, Jean-Jacques Bourdin, Olivier Duhamel o el periodista de investigación Jean-Philippe Desbordes —el único condenado a pena de prisión—. ¿Serían todos ellos víctimas de un complot para silenciarlos? Porque, al fin y al cabo, ¿quién puede garantizar que las acusaciones en su contra no hayan sido fabricadas?

Lo que sí queda es la afirmación de Laurent Richard, fundador de Forbidden Stories, quien sostiene desde el inicio, en referencia a Marruecos: «Es un país que fabrica escándalos contra todos aquellos que incomodan al poder… La vida de quienes intentan informar es casi imposible». Una afirmación que, cuanto menos, resulta difícil de tomar en serio.

Un momento que suscita interrogantes

Ante todas estas carencias —desde los temas omitidos hasta las licencias con la verdad histórica y científica— cabe preguntarse qué justifica el amplio eco mediático que ha acompañado la difusión de este documental en la prensa francesa.

¿De verdad se trata de conmemorar el aniversario de la independencia de Marruecos —con un mes de retraso, por cierto—? ¿Por qué optar por ofrecer una imagen tan distorsionada del país? ¿Por qué, en el segundo documental dedicado a Mohammed V, se omite su oposición a la aplicación de la legislación antisemita del régimen de Vichy contra los judíos marroquíes, uno de los hechos más destacados de su reinado?

Y, sobre todo, ¿por qué, justo cuando Francia y Marruecos han restablecido la excelencia de sus relaciones, se opta por poner en cuestión los vínculos entre ambos países? ¿No será más bien un intento de introducir interferencias en una dinámica que vuelve a funcionar a pleno rendimiento, precisamente en el momento en que se espera la firma de un tratado bilateral estratégico y sin precedentes, llamado a redefinir la cooperación entre ambos y a establecer un marco más estable, al margen de las coyunturas?

La firma de este acuerdo —el primero de este tipo entre Francia y un país no europeo— está prevista durante la visita de Estado del rey Mohammed VI a París, anunciada para el próximo otoño. En este contexto, la ofensiva mediática desplegada en todas direcciones suscita interrogantes sobre sus verdaderos objetivos.

Más aún cuando el debate emitido entre ambos documentales ha servido, sobre todo, para amplificar muchas de las inexactitudes difundidas en la película de Benoît Bringer. Desde la supuesta falta de libertad de prensa hasta la presentación de los medios como subordinados al poder —entre ellos, según se afirma, Le360 figuraría entre los tres principales—, pasando por el Sáhara marroquí representado con mapas incompletos y descrito como un territorio reclamado sin fundamento, o por las razones de la ausencia del rey Mohammed VI en las gradas de la CAN, sin olvidar las especulaciones sobre su estado de salud y el supuesto hermetismo que rodea su figura…

Todo ello bajo la conducción de la periodista Aurélie Casse, que llegó incluso a preguntar a sus invitados si el príncipe Moulay Hassan sucederá a su padre. Se esperaba algo más de una velada que, en teoría, debía conmemorar nuestra independencia.

Por Zineb Ibnouzahir
El 06/04/2026 a las 16h09