Periodismo prefabricado en España

Lahcen Haddad.

Lahcen Haddad

El 02/10/2026 a las 10h00

ColumnaLa cobertura de algunos periodistas españoles sobre el nombramiento de Fatima-Zahra El Mansouri muestra cómo una lectura previa puede convertir cada hecho en confirmación de una sospecha.

El nombramiento de Fatima-Zahra El Mansouri al frente del Gobierno marroquí es un acontecimiento histórico: por primera vez, una mujer dirigirá el Ejecutivo del país. Merece análisis, contexto y debate. Sin embargo, apenas se conoció la noticia, algunos comentarios ya parecían saber qué significaba y por qué había ocurrido.

En una publicación vinculada a El Confidencial, el nombramiento se presentó como un intento del rey de «mejorar la imagen» de Marruecos tras la tragedia de Ceuta. Desde El Independiente se habló de una «operación marketing diseñada en palacio», se describieron las elecciones como «sin votantes» y se calificó de espejismo la igualdad de las mujeres. Son juicios sobre las intenciones y la legitimidad del proceso, formulados antes de examinar con detalle la trayectoria de la nueva jefa del Gobierno, el resultado electoral y el marco institucional.

La crítica política es legítima. También lo es analizar la distribución de poderes en Marruecos, la participación electoral o la distancia entre las normas y la vida cotidiana de las mujeres. Pero una crítica rigurosa empieza por las preguntas y las pruebas; no convierte de inmediato una hipótesis sobre las motivaciones del rey en el titular que organiza toda la información.

También conviene distinguir entre el análisis institucional y la lectura de intenciones. Preguntar por las prerrogativas del monarca es pertinente; dar por probado que todo nombramiento responde a una operación de imagen es otra cosa. La diferencia está en la evidencia y en la disposición a revisar la hipótesis.

El problema es aún más profundo: cuando ya existe un relato sobre un país, cualquier acontecimiento puede convertirse en una nueva prueba para confirmarlo. Primero se coloca el hecho dentro del marco; después se buscan los argumentos. Así opera el periodismo prefabricado: una plantilla de interpretación que decide de antemano qué debe significar. Si hay elecciones, se las presenta como una fachada porque el poder estaría en otra parte. Si una mujer llega a la jefatura del Gobierno, el nombramiento se explica como una operación de imagen. Si Marruecos construye puertos o impulsa proyectos económicos, se lee como expansionismo. Si amplía sus vínculos con África, se interpreta como una maniobra geoestratégica contra España. Si estrecha relaciones con Estados Unidos o Israel, la conclusión anticipada es el rearme. Incluso una catástrofe natural puede atribuirse automáticamente a la concentración del poder, antes de investigar sus causas concretas y la respuesta de las autoridades.

No se trata de sostener que todos los periodistas españoles escriben de ese modo, ni de atribuirles coordinación. Tampoco de pedir un trato favorable a Marruecos. Se trata de advertir un hábito visible en ciertos comentarios: los hechos nuevos se incorporan a un relato ya cerrado. La noticia no modifica el marco; el marco absorbe la noticia.

El resultado es una cobertura que confunde información y veredicto. «Elecciones sin votantes» no es una descripción neutral: requiere explicar qué se quiere decir, qué datos la sostienen y qué aspectos del proceso quedan fuera. «Operación de marketing» atribuye una intención; para sostenerla hacen falta indicios, no solo la existencia de un beneficio reputacional posible. Todo gobierno espera obtener legitimidad de sus decisiones. Esa posibilidad, por sí sola, no demuestra que una decisión histórica sea únicamente una maniobra de comunicación.

Lo mismo ocurre con Ceuta. La crisis puede formar parte del contexto diplomático y merece un examen serio. Pero invocarla como explicación automática de cualquier decisión marroquí convierte un episodio en una llave maestra. ¿Qué evidencia conecta aquel episodio con este nombramiento? ¿Qué otras explicaciones ofrecen la trayectoria de El Mansouri, la dinámica de los partidos o la representación política de las mujeres? Sin esas preguntas, la referencia a Ceuta funciona como sospecha recurrente, no como análisis causal.

Una cobertura equilibrada no exige ocultar las tensiones ni suspender el juicio crítico. Exige separar los hechos de las interpretaciones, identificar las fuentes y medir cada conclusión con la evidencia disponible. En este caso, habría que informar de la dimensión histórica del nombramiento, explicar el proceso que condujo a él y examinar con precisión tanto las facultades del cargo como sus límites. Después, el lector podrá valorar si el gesto es simbólico, político, transformador o varias cosas a la vez.

Cuando una noticia llega y el titular parece escrito de antemano, conviene preguntarse si estamos ante una investigación o ante una plantilla. El periodismo no consiste en confirmar siempre la sospecha más familiar sobre un país. Consiste en comprobar, contextualizar y aceptar que la realidad puede ser más compleja que el guion. Marruecos merece ese rigor; también lo merecen los lectores españoles.

Por Lahcen Haddad
El 02/10/2026 a las 10h00