Relaciones Marruecos-UE: «La asociación debe construirse ahora de igual a igual», estima Doha Lkasmi

Relations Maroc-UE: «Le partenariat doit désormais se construire d’égal à égal», estime Doha Lkasmi

Relaciones Marruecos-UE: «La asociación debe construirse ahora de igual a igual», estima Doha Lkasmi

El 17/03/2026 a las 14h47

EntrevistaLas relaciones entre Marruecos y la Unión Europea atraviesan una fase de redefinición, tras un periodo de tensiones ligado, en particular, a las decisiones del Tribunal de Justicia de la UE sobre los acuerdos comerciales que implican al Sáhara. Hoy, la asociación entre ambas orillas parece entrar en una nueva dinámica. Análisis con Doha Lkasmi, especialista en política exterior marroquí.

Las recientes tomas de posición europeas sobre el Sáhara y la adopción de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad en octubre de 2025 reavivan el debate sobre la evolución de las relaciones entre Marruecos y la Unión Europea. Con un respaldo internacional creciente a su plan de autonomía, Rabat aparece como un actor central en la región, mientras Bruselas busca consolidar una asociación más equilibrada.

Para descifrar estos cambios, Doha Lkasmi aporta su análisis. Especialista reconocida en política exterior marroquí y en la cuestión del Sáhara, esta doctora e investigadora afiliada al Centro de Investigaciones Internacionales (CERI) de Sciences Po París ha desarrollado su trayectoria entre el mundo académico, la consultoría estratégica y la diplomacia marroquí, con experiencias en Yale University y en la University of Oxford, así como en representaciones diplomáticas marroquíes en Europa. Con una trayectoria situada en la encrucijada entre el análisis geopolítico y la influencia estratégica, repasa el estado actual de la asociación Marruecos-UE y las perspectivas que se perfilan para los próximos años.

Le360: Las recientes posiciones de la Unión Europea sobre la cuestión del Sáhara han suscitado numerosas reacciones. ¿Qué lectura política y diplomática debe hacerse hoy de ellas?

Doha Lkasmi: En primer lugar, hay que recordar que la relación entre Marruecos y la Unión Europea ha atravesado recientemente un periodo de enfriamiento e incomprensión. Este estuvo vinculado, en particular, a las decisiones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea relativas a los acuerdos comerciales que implican al Sáhara, así como a ciertas críticas formuladas por la Comisión Europea hacia Marruecos. Estos elementos contribuyeron a tensar las relaciones entre Rabat y Bruselas. No obstante, teniendo en cuenta la riqueza y densidad de los vínculos que unen a Marruecos y a la Unión Europea —ya sean históricos, económicos, de seguridad o culturales—, ni Rabat ni Bruselas tenían interés en dejar que estas tensiones se instalaran de forma duradera. Por ello, ambas partes emprendieron esfuerzos para restablecer un clima de confianza.

¿Cómo se han traducido concretamente estos esfuerzos diplomáticos por ambas partes?

Por parte de Marruecos, la diplomacia, bajo el impulso del Rey, se ha mostrado más ofensiva y proactiva, multiplicando las iniciativas de explicación y pedagogía, tanto ante las instituciones europeas como ante los Estados miembros, con el fin de recordar los intereses vitales del Reino. Esta dinámica ha permitido a la Unión Europea volver a medir el papel central de Marruecos en su vecindad sur. Paralelamente, del lado europeo, se ha observado una actitud más abierta, marcada por la voluntad de comprender mejor a Marruecos y de integrar en mayor medida lo que el Reino considera sus intereses nacionales esenciales. Gracias a estos esfuerzos diplomáticos recíprocos, ambas partes han logrado superar ese periodo de tensión y reencauzar su asociación hacia una perspectiva más serena, basada en intereses compartidos.

¿Estas tomas de posición reflejan, en su opinión, una evolución de la postura europea respecto a Marruecos y a la cuestión del Sáhara?

Hoy, Marruecos y la Unión Europea han expresado claramente su voluntad de avanzar en el dossier del Sáhara. Durante el último Consejo de Asociación celebrado en Bruselas el 29 de enero de 2026, la Unión Europea se felicitó, en particular, de la adopción, en octubre de 2025, de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad. En este contexto, considera ahora que el plan de autonomía propuesto por Marruecos en 2007 puede constituir una base seria para alcanzar una solución política a este diferendo. Este plan es percibido como una opción justa, creíble y susceptible de generar consenso. La Unión Europea también ha valorado los esfuerzos de Marruecos por precisar los contornos de esta iniciativa, detallando lo que implicaría concretamente una autonomía del Sáhara bajo soberanía marroquí y la forma en que podría aplicarse.

¿Cómo explicar esta evolución de la posición europea?

Este giro se inscribe en un contexto internacional más amplio, marcado por un apoyo creciente al plan de autonomía marroquí. Dentro de la propia Unión Europea, un número cada vez mayor de Estados miembros ha expresado un respaldo explícito a esta iniciativa. Es el caso de socios históricos de Marruecos como Francia, España, Alemania, Italia o Bélgica, pero también de países más alejados geográficamente, como Letonia, que consideran ahora esta propuesta como la más creíble para estabilizar la región. Paralelamente, esta dinámica también se confirma a escala internacional. Estados Unidos, así como bloques regionales como los países del Golfo, mantienen un apoyo constante al plan de autonomía marroquí, contribuyendo así a reforzar su posición en la escena internacional.

En este contexto, ¿cómo caracterizar el estado actual de las relaciones entre Marruecos y la Unión Europea? ¿Estamos más bien en una fase de consolidación o de recomposición?

Diría que la relación entre Marruecos y la Unión Europea se sitúa hoy a la vez en una fase de consolidación y de recomposición. Por un lado, existe una voluntad clara de consolidar los logros alcanzados. El primer pilar sigue siendo el Acuerdo de Asociación, que este año cumple treinta años y constituye el marco jurídico fundamental de las relaciones entre ambas partes. A ello se suma un diálogo político de alto nivel, que permite a Rabat y a Bruselas intercambiar regularmente sobre sus prioridades respectivas y coordinar sus posiciones. La relación también se apoya en una base económica particularmente sólida: la Unión Europea sigue siendo el principal inversor en Marruecos y su primer socio comercial. Por último, la cooperación en materia de seguridad constituye otro eje central, con intercambios estrechos sobre cuestiones de seguridad y estabilidad regional.

¿En qué sentido puede hablarse, en paralelo, de una recomposición de esta asociación?

La recomposición se debe principalmente a la evolución de la naturaleza del partenariado. Ya no se trata únicamente de una relación en la que las orientaciones se definan principalmente en Bruselas y se trasladen a Marruecos, sino de un modelo que tiende a ser más equilibrado y más maduro. El objetivo es avanzar hacia una relación basada en la co-construcción de prioridades y programas de cooperación. Esto implica un verdadero cambio de paradigma, en el que Marruecos y la Unión Europea dialogan y deciden en pie de igualdad. En esta perspectiva, ambos socios están llamados a negociar y definir conjuntamente sus orientaciones, respetando las prioridades de cada uno pero también en torno a objetivos comunes, con el fin de construir una asociación más estratégica y equilibrada.

Más allá de la cuestión del Sáhara, ¿cuáles podrían ser los principales ejes de cooperación entre Marruecos y la Unión Europea en los próximos años?

Marruecos y la Unión Europea disponen de varios instrumentos clave para reforzar su cooperación. El primero se refiere a la seguridad y la estabilidad regional. La región euro-mediterránea se enfrenta a numerosos desafíos de seguridad, en particular los tráficos ilícitos y las redes criminales que operan entre ambas orillas del Mediterráneo. En este contexto, Marruecos ocupa una posición estratégica, en la encrucijada entre Europa y el Sahel, y puede desempeñar un papel clave en el refuerzo de la resiliencia y la estabilidad de este espacio, en estrecha coordinación con la Unión Europea.

Un segundo eje fundamental es el de la transición energética y el desarrollo sostenible. Marruecos se ha consolidado como uno de los países líderes en África en el ámbito de las energías renovables. Esta dinámica abre la puerta a un refuerzo de las inversiones europeas en sectores como la energía solar, la eólica, la desalinización del agua, la eficiencia energética o el desarrollo de infraestructuras más sostenibles.

Por último, un tercer ámbito de cooperación es el de la innovación y la investigación. Marruecos y la Unión Europea podrían intensificar los intercambios científicos y tecnológicos, en particular facilitando la movilidad de investigadores entre ambas orillas y desarrollando programas de investigación cofinanciados entre universidades marroquíes y europeas.

¿Qué perspectivas se perfilan para el futuro de las relaciones bilaterales entre Marruecos y la UE en un contexto geopolítico en transformación?

En un contexto internacional marcado por la multiplicación de las crisis y una creciente inestabilidad, ningún Estado ni ningún bloque regional puede hoy afrontar por sí solo los grandes desafíos económicos, de seguridad o humanos. El futuro se basa, por tanto, cada vez más en lógicas de cooperación reforzada y de asociaciones estratégicas entre actores regionales.

Las relaciones entre Marruecos y la Unión Europea podrían evolucionar hacia una asociación aún más estructurada, capaz de actuar como un verdadero polo de estabilidad frente a los desafíos de la escena internacional. Esto podría traducirse en el desarrollo de capacidades comunes de anticipación y gestión de crisis, con el fin de reaccionar con mayor rapidez ante situaciones de inestabilidad.

También se trataría de reforzar el diálogo estratégico entre Rabat y Bruselas, para poder, en determinados contextos, defender posiciones convergentes sobre las grandes cuestiones internacionales. Esta dinámica podría igualmente pasar por la puesta en marcha de proyectos más integrados orientados a fortalecer la resiliencia del espacio euro-mediterráneo, especialmente en los ámbitos económico, energético y de seguridad.

Por Camilia Serraj y Sifeddine Belghiti
El 17/03/2026 a las 14h47