Desde hace algunos años, y aún más con cada crisis entre Rabat y Madrid, una expresión reaparece con sorprendente facilidad en el debate público español: «las concesiones de España a Marruecos». A fuerza de repetirse, ha terminado adquiriendo el estatus de una evidencia. España habría «cedido mucho», Marruecos habría «obtenido todo» y la relación bilateral se habría convertido en una sucesión de capitulaciones españolas. Pero ¿qué concesiones, exactamente?