Y el Rey nombró a una mujer Gramática de una puesta en escena de continuidad 1/2

Le roi Mohammed VI a reçu, mardi 29 septembre 2026 au Palais royal à Rabat, Fatima Ezzahra El Mansouri, coordinatrice de la direction collégiale du Parti authenticité et modernité, que le Souverain a nommée Cheffe du gouvernement.

El rey Mohamed VI recibió, el martes 29 de septiembre de 2026 en el Palacio Real de Rabat, a Fatima Ezzahra El Mansouri, coordinadora de la dirección colegiada del Partido Autenticidad y Modernidad, a quien el Soberano nombró jefa del Gobierno.

El 09/10/2026 a las 14h02

No hay atril, no hay banderas ostentosamente desplegadas, no hay decorado administrativo: la escena se sustrae a los signos habituales de la solemnidad institucional. Solo dos protagonistas, sentados frente a frente, a escasa distancia el uno del otro, ocupan un espacio que toma del universo doméstico su calidez y su intimidad: sillones labrados, una pequeña mesa, algunos pasteles, cortinas y una alfombra. El mobiliario, rico sin ser aplastante, participa de una estética de la mesura, donde la elegancia reside menos en la ostentación que en la armonía del conjunto.

La pequeña mesa central merece, a este respecto, una atención particular. A diferencia del vasto escritorio que, en otras puestas en escena del poder, materializa una separación entre los interlocutores, aquí no constituye ni una verdadera frontera ni un obstáculo. Delimita más bien un espacio compartido, propicio a la conversación, y contribuye a dar al encuentro un tono casi familiar, sin que este pierda por ello su alcance institucional.

Pues detrás de esta aparente sencillez se juega un acto político mayor: el Rey acaba de nombrar al frente del gobierno a la dirigente del partido que quedó en cabeza de las elecciones y de encargarle la formación del nuevo equipo gubernamental. El contraste entre el alcance del acontecimiento y la sobriedad de su representación invita entonces a interrogarse: no nos hallamos ante una paradoja semiótica, donde la discreción de la puesta en escena refuerza precisamente el significado de lo que da a ver? Cuanto más despojada parece la escena de demostraciones explícitas, más revela una manera particular de ejercer y de representar el poder, una autoridad que no necesita multiplicar sus signos ni exponerse ostentosamente para permanecer plenamente legible. El poder se manifiesta aquí menos por la acumulación de las marcas de su potencia que por el dominio de su presencia, la justeza de su disposición y la elegancia de su contención.

El Rey y la jefa del gobierno designada se encuentran prácticamente sobre un mismo eje visual, sus cuerpos orientados el uno hacia el otro. Esta disposición privilegia la gramática del diálogo a la del ceremonial, sugiere la escucha y el intercambio más que la solemnidad de una audiencia oficial. La proximidad de los cuerpos instaura así una forma de familiaridad visual, sin borrar por ello la jerarquía institucional, que permanece claramente inscrita en la naturaleza misma del encuentro: el Soberano nombra, la dirigente política es nombrada, Su Majestad confiere el cargo, la Sra. El Mansouri lo recibe.

Frente al Rey, la dirigente política adopta una postura igualmente distendida, el cuerpo orientado hacia su interlocutor, la cabeza descubierta y las manos visibles, sin que ningún gesto venga a subrayar ostentosamente su presencia. La escena da así menos a ver a una mujer que toma la palabra que a una mujer que recibe, escucha y se apresta a entrar en sus nuevas funciones. Sin embargo, aun cuando se convierte en la primera mujer llamada a dirigir el gobierno marroquí, nada en la escenografía de esta recepción busca poner de relieve esta ruptura histórica mediante una estética de la conquista o una demostración espectacular de modernidad. La fotografía muestra, por el contrario, a una mujer ya inscrita en el espacio institucional, sentada en el Palacio Real, vestida de manera culturalmente marcada, atenta a las palabras y a las orientaciones del Soberano.

Ambos protagonistas llevan la djellaba. Aunque los cortes y los detalles difieren, su vestimenta instaura una verdadera continuidad indumentaria. Otras elecciones habrían sido posibles - traje occidental, corbata o chaqueta - pero esta crea una forma de homología cultural. El Rey y la nueva jefa del gobierno se expresan en un mismo lenguaje vestimentario nacional. La djellaba se convierte así en el signo de una continuidad cultural que precede a las funciones políticas mismas. Despolitiza paradójicamente la escena al tiempo que la inscribe en una identidad nacional. La imagen no muestra solamente a un monarca y a una jefa de gobierno en el sentido institucional, da a ver a dos marroquíes en un espacio marroquí, cumpliendo un acto político marroquí. La función política se encuentra así engarzada en una gramática cultural.

La construcción visual de un hecho inédito

La fotografía difundida por la MAP no se contenta con documentar un nombramiento, participa de una verdadera puesta en escena del poder, pero una puesta en escena mesurada, casi discreta, donde nada parece espectacular y donde, sin embargo, cada detalle parece cuidadosamente pensado. La estética de la escena reside precisamente en esta alianza entre elegancia y sobriedad: el decorado, los sillones, los colores, las djellabas, las posturas, la distancia entre los dos protagonistas, hasta la pequeña mesa que apenas los separa, componen un conjunto cuya coherencia visual confiere a la imagen una fuerte densidad simbólica. Nada es ostensiblemente demostrativo, el poder no necesita aquí proclamarse para ser visible. La ruptura histórica es, ciertamente, considerable, la puesta en escena, en cambio, es notablemente la de la continuidad.

Esta imagen del Rey Mohamed VI recibiendo, el martes 29 de septiembre de 2026 en el Palacio Real de Rabat, a Fatima Ezzahra El Mansouri, coordinadora de la dirección colegiada del PAM, a quien nombra jefa del gobierno encargada de formar el nuevo equipo gubernamental, es particularmente rica en el plano semiótico. No se contenta con documentar un acto institucional: pone en escena, a través de los cuerpos, las posturas, las vestimentas, los colores, las distancias y el decorado, una cierta manera de representar y de dar a ver el poder. La elección de esta fotografía por la MAP participa ella misma de esta construcción visual.

La escena es tanto más significativa cuanto que acompaña un acontecimiento inédito: Fatima Ezzahra El Mansouri se convierte, en esta ocasión, en la primera mujer llamada a dirigir el gobierno marroquí. Una novedad de tal magnitud habría podido subrayarse mediante una escenografía de la ruptura, haciendo de la feminización de la función un signo espectacular de cambio. No es así. La imagen privilegia, por el contrario, una puesta en escena mesurada del poder, donde la novedad es cuidadosamente introducida sin oponerse a la continuidad. Los menores detalles parecen participar de este equilibrio: la elección de las vestimentas, la sobriedad de las posturas, la proximidad de los cuerpos, la contención de los gestos, los colores, el mobiliario y hasta la aparente sencillez del espacio.

Nada parece dejado al azar. La estética de la fotografía reside precisamente en esta elegancia de la mesura y esta sobriedad dominada. El poder no se da a ver en el énfasis del ceremonial, sino en el dominio tranquilo de sus signos. El encuentro aparece así menos como una ceremonia protocolaria que como una escena de transmisión institucional, inscrita en un registro cultural profundamente marroquí. La vestimenta tradicional, el decorado del Palacio, la djellaba y las posturas componen un lenguaje visual en el que el acto político contemporáneo viene a inscribirse sin romper con los códigos culturales de la representación monárquica.

Es precisamente esta tensión entre lo inédito y la continuidad, la modernidad y la tradición, la proximidad y la jerarquía, la que confiere a la imagen su riqueza. La primera accesión de una mujer a la cabeza del gobierno está bien marcada, pero no es teatralizada como una ruptura. Está, por el contrario, integrada en una continuidad simbólica. La fotografía parece así realizar un trabajo sutil, hacer visible el cambio al tiempo que vela por que no tome la forma de una discontinuidad. Hacer de la novedad un acontecimiento sin convertirla en una ruptura, mostrar el cambio sin deshacer los códigos de la continuidad. Es quizá en este dominio del equilibrio donde reside toda la fuerza de esta puesta en escena del poder.

De la información a la puesta en escena

Ciertamente, el nombramiento, por primera vez en la historia de Marruecos, de una mujer a la cabeza del gobierno constituye, por su sola novedad, un hecho histórico. Pero un mismo acontecimiento no se da a percibir de la misma manera según se lea, se oiga o se mire. La información transmitida por el texto o por la palabra establece el hecho, la imagen, ella, le confiere una presencia, una forma y una visibilidad particulares.

Desde entonces se impone una pregunta: qué añade al hecho del nombramiento Real la fotografía difundida por la MAP? Porque el nombramiento y su representación fotográfica, aunque remiten al mismo acontecimiento, no producen exactamente el mismo objeto de percepción. El hecho institucional se convierte, a través de la imagen, en un acontecimiento visual, está enmarcado, compuesto, encarnado y ofrecido a la mirada según una organización particular de los cuerpos, de los espacios, de los gestos y de los signos.

Es precisamente ahí donde reside el interés semiótico de la fotografía, no se limita a registrar un hecho ya constituido, propone una cierta modalidad de aparición. Dicho de otro modo, el texto nos dice lo que ha ocurrido, mientras que la imagen nos da a ver cómo debe aparecer este acontecimiento. Entre el hecho del nombramiento y su representación se abre así un espacio de significación donde se juega una verdadera puesta en escena del poder.

El nombramiento, cuando solo se lee o se oye, transmite una información institucional: Su Majestad el Rey Mohamed VI ha nombrado a Fatima Ezzahra El Mansouri jefa del gobierno. Establece un hecho, su novedad histórica y su alcance jurídico. Pero la imagen de la recepción en el Palacio Real no se contenta con informar sobre el nombramiento, lo pone en escena, a través de la producción de varias dimensiones suplementarias:

  • Da un cuerpo al acontecimiento. El nombramiento deja de ser una abstracción jurídica o política, se convierte en una escena visible, con dos personas, dos posiciones, una distancia, gestos y miradas.
  • Inscribe la novedad en una continuidad institucional. El hecho nuevo - una mujer a la cabeza del gobierno - aparece en un marco altamente tradicional y codificado: el Palacio Real, el protocolo, la sobriedad de la composición. La novedad no se representa, pues, como una ruptura con el orden institucional, sino como una novedad absorbida por su continuidad.
  • Muestra simultáneamente el cambio y la permanencia. El cambio está encarnado por la presencia de una mujer en esta función por primera vez en la historia de Marruecos, la permanencia se expresa por el marco monárquico y protocolario en el que esta primicia se consagra.
  • Transforma la información en representación del poder. Ya no se trata solamente de «una mujer ha sido nombrada», sino de «he aquí cómo esta mujer entra en el espacio del poder». La imagen informa, pues, menos sobre el contenido de la decisión que sobre la manera en que el poder entiende hacer visible esa decisión.
  • Por último, produce una forma de normalización visual de la excepción histórica, lo que es objetivamente inédito se muestra con una estética voluntariamente mesurada, sin énfasis espectacular. Es justamente esta sobriedad la que puede resultar significante.

El hecho del nombramiento constituye en sí mismo un acontecimiento histórico, pero su representación fotográfica añade al acontecimiento una segunda dimensión, propone una lectura visual. Allí donde el texto informa de que, por primera vez, una mujer accede a la cabeza del gobierno marroquí, la imagen muestra cómo esta novedad se inscribe en la representación del poder. No documenta, pues, solamente el nombramiento, lo pone en escena, le da una forma, un espacio, cuerpos, posiciones y una estética. Lo inédito aparece así en un marco marcado por la continuidad, el protocolo y la sobriedad. La fotografía parece entonces realizar un trabajo particular: hacer visible la novedad sin presentarla como una ruptura, inscribir el cambio en la continuidad de la institución.

Por Mohamed Benabdelkader
El 09/10/2026 a las 14h02