La polémica ha cobrado fuerza en los últimos días, después de que un grupo de estudiantes presentara una denuncia ante la dirección de la institución para alertar sobre prácticas que, según su testimonio, se habrían prolongado durante cerca de 15 días en el internado de la escuela.
Según el contenido de la denuncia, los nuevos estudiantes habrían sido sometidos a diferentes formas de presión, entre ellas privación de sueño, ejercicios considerados humillantes, posturas degradantes, utilización de lenguaje ofensivo y determinadas actividades impuestas por estudiantes de cursos superiores. Los denunciantes también mencionan el rapado colectivo de los alumnos varones y otras prácticas que, a su juicio, afectan a la dignidad, el descanso y la seguridad de los nuevos estudiantes.
Los estudiantes sostienen además que negarse a participar en determinadas actividades podía generar presión social o dificultades para integrarse en algunas dinámicas de la vida estudiantil. Algunas de las prácticas denunciadas habrían tenido lugar en espacios visibles dentro de la institución y del internado.
Una tradición que divide
El «bizutage» suele presentarse en las grandes escuelas como una forma de bienvenida e integración de los nuevos alumnos. Sin embargo, el problema aparece cuando las actividades dejan de ser voluntarias y recurren a la presión, la humillación o la degradación. Y es precisamente esa frontera la que vuelve a generar debate en la Escuela de Minas de Rabat.
En redes sociales, numerosos internautas han expresado su rechazo a unas prácticas que consideran incompatibles con el entorno de una institución de formación de ingenieros. El debate no se limita a la ENSMR, ya que este tipo de prácticas también ha suscitado críticas en otras escuelas y centros de enseñanza superior del país. Otros usuarios, incluidos algunos que aseguran haber estudiado en la ENSMR, defienden la tradición y sostienen que las actividades forman parte de la vida estudiantil y favorecen los vínculos entre promociones.
La dirección niega algunas de las acusaciones
Ante la polémica, el director de la ENSMR, Omar Oussouaddi, rechazó algunas de las acusaciones más graves difundidas en los últimos días, especialmente las relacionadas con supuestas prácticas de carácter sexual.
En declaraciones recogidas por medios nacionales, Oussouaddi aseguró que determinadas imágenes difundidas en relación con el caso no corresponden a la escuela y explicó que las actividades organizadas durante el periodo de integración son limitadas y no obligatorias.
El director también señaló que la institución recibió algunas quejas y que se había intervenido en relación con un episodio vinculado a la falta de sueño.
La controversia queda así marcada por dos versiones: la de los estudiantes que denuncian prácticas que consideran degradantes y la de la dirección, que niega parte de las acusaciones y defiende el carácter limitado y voluntario de las actividades de integración.
La polémica no es completamente nueva para la Escuela de Minas de Rabat. En 2019, otra controversia relacionada con el «bizutage» provocó una fuerte reacción después de que circularan vídeos en redes sociales vinculados a un enfrentamiento entre estudiantes. El episodio volvió a abrir entonces el debate sobre los límites de estas prácticas en las instituciones de educación superior.
Siete años después, la cuestión vuelve a aparecer sobre la mesa: ¿hasta dónde puede llegar una tradición de integración antes de convertirse en una práctica de humillación?
Más allá del caso de la ENSMR, la polémica vuelve a poner el foco en estas prácticas en los centros de enseñanza superior. Una tradición no debería convertirse en una obligación ni en una fuente de presión para quienes la viven, especialmente cuando están en juego la dignidad y el respeto entre estudiantes.
