El horno tradicional «Rif Sebanine» se alza en el corazón del barrio de los orfebres, en Chefchaouen, cerca de la célebre fuente de Ras El Ma. Constituye uno de los principales referentes históricos de la ciudad azul, impregnado de una herencia andalusí que sigue visible tanto en su arquitectura como en su funcionamiento.
Construido bajo el reinado del emir Mohammed Ben Rachid, entre 1540 y 1560, este edificio de más de 520 años continúa prestando servicio a los habitantes, al tiempo que preserva su autenticidad.
Mientras que la mayoría de los hornos tradicionales que antaño daban vida a las callejuelas de la medina han desaparecido, y hoy apenas subsiste un puñado de los 18 censados originalmente, el horno «Rif Sebanine» sigue siendo uno de los últimos testigos de la época del exilio andalusí.
Funcionando exclusivamente con leña, este horno perpetúa un método tradicional de cocción del pan y la repostería, ofreciendo un sabor particular que seduce tanto a los vecinos como a los turistas extranjeros en busca de autenticidad.
Pese al paso de los años, el lugar sigue siendo frecuentado a diario por decenas de visitantes que acuden a comprar pan fresco o a descubrir de cerca las técnicas artesanales de elaboración, transmitidas a lo largo de varias generaciones. Mohammed, trabajador del horno, da testimonio de esa continuidad: «Trabajo aquí desde hace cinco años, pero antes de mí ya hubo maestros artesanos. Este horno tiene una larga historia, transmitida de generación en generación».
Leer también : Chefchaouen: un recorrido por la Casa de la Dieta Mediterránea
Pero tras esa vitalidad aparente, la realidad es más preocupante. Hoy, el horno sufre una evidente falta de mantenimiento que amenaza directamente su continuidad.
«El horno tiene más de 500 años, es un patrimonio antiguo… pero no ha habido ninguna rehabilitación. La fachada debe rehacerse, todo debe restaurarse, aunque el alma del lugar debe permanecer intacta», advierte Mohammed. También lamenta la falta de interés por este tipo de patrimonio: «Por desgracia, nuestra historia no se valora como debería. Lugares como este tendrían que ser restaurados y protegidos, pero no es el caso».
Aunque el horno sigue atrayendo a clientes, la actividad ha evolucionado. «Hoy nos limitamos a cocer y vender pan. El barrio ha cambiado, ya no es como antes», explica, aludiendo a una disminución relativa de la afluencia local.
Muchos sitios patrimoniales en Marruecos afrontan el mismo desafío: una notable riqueza histórica frente a la falta de valorización.
Símbolo vivo de un pasado andalusí arraigado en la identidad de Chefchaouen, este horno sigue resistiendo al paso del tiempo. Pero, sin una intervención rápida, corre el riesgo de desaparecer, llevándose consigo una parte de la memoria colectiva de la ciudad.
