La Torre Mohammed VI redefine el horizonte de Rabat como símbolo de la ambición africana

Integrada ya en la «skyline» de Rabat, entre el Teatro Real y la línea de alta velocidad Al Boraq, la Torre Mohammed VI se consolida como un nuevo referente urbano.

El 15/04/2026 a las 12h49

Inaugurada oficialmente por el Príncipe Heredero Moulay Hassan, la Torre Mohammed VI, con sus 250 metros de altura, se erige como el edificio más alto de Marruecos y uno de los más emblemáticos del continente africano, combinando innovación tecnológica, sostenibilidad y una fuerte identidad cultural.

Rabat ya tiene un nuevo icono. Visible a más de 60 kilómetros de distancia, la Torre Mohammed VI se impone sobre el valle del Bouregreg y redefine la silueta de la capital marroquí, proyectando una imagen de modernidad que trasciende sus fronteras. Inaugurada recientemente por Su Alteza Real el Príncipe Heredero Moulay Hassan, la torre encarna «un mensaje universal de elevación y progreso social, económico y cultural», según destaca la presentación oficial del proyecto .

Con sus 250 metros de altura, este rascacielos no solo es el más alto del país, sino que se sitúa entre los más elevados de África. Su construcción, iniciada en noviembre de 2018, culmina casi ocho años de obras en los que han participado expertos y empresas de referencia internacional. El proyecto nace del impulso de Othman Benjelloun, presidente del Grupo O Capital, alineado con la visión estratégica del rey Mohammed VI.

La torre presenta una silueta inspirada en «un cohete en su base de lanzamiento», metáfora del impulso del país hacia el futuro . Esta apuesta arquitectónica se traduce en un edificio que combina estética contemporánea con referencias simbólicas, en un diálogo constante entre tradición y modernidad.

El complejo, distribuido en 55 plantas y más de 100.000 metros cuadrados, integra oficinas de última generación, apartamentos de alto standing, un hotel de lujo bajo la marca Waldorf Astoria, además de espacios culturales, galerías de arte, restaurantes y un observatorio panorámico. Este último, ubicado en las plantas superiores, ofrece una experiencia inmersiva que permite descubrir el patrimonio de Rabat y Salé a través de herramientas digitales avanzadas.

La torre destaca también por su apuesta por la sostenibilidad. Su fachada sur incorpora cerca de 3.900 metros cuadrados de paneles fotovoltaicos, capaces de generar energía limpia, mientras que su diseño optimiza el consumo de recursos hídricos y energéticos. Estas características le han valido certificaciones ambientales de prestigio internacional como LEED Gold y HQE Exceptionnel.

Más allá de su dimensión técnica, el proyecto reivindica el saber hacer marroquí. En su interior, cerca de 7.000 obras de arte firmadas por más de 140 artistas reflejan la riqueza cultural del país, en un recorrido que combina artesanía tradicional y diseño contemporáneo. Bajo la dirección del interiorista Pierre-Yves Rochon, artesanos y creadores han contribuido a dar forma a un espacio que es, al mismo tiempo, arquitectónico y artístico.

Integrada ya en la «skyline» de Rabat, entre el Teatro Real y la línea de alta velocidad Al Boraq, la Torre Mohammed VI se consolida como un nuevo referente urbano. Su imagen, incluso, ha sido incorporada a los nuevos billetes de 200 dirhams, confirmando su estatus de símbolo nacional.

Una firma a dos orillas: la arquitectura como lenguaje compartido

Detrás de la Torre Mohammed VI hay mucho más que un proyecto de ingeniería. Hay una colaboración entre dos miradas arquitectónicas que, lejos de oponerse, se complementan: la del español Rafael de la Hoz y la del marroquí Hakim Benjelloun.

El primero, una de las figuras más reconocidas de la arquitectura contemporánea española, ha construido su trayectoria sobre una idea clara: la arquitectura debe ser abierta, funcional y adaptable, capaz de dialogar con quienes la habitan. Formado en Madrid y heredero de una larga tradición familiar, su estudio ha desarrollado proyectos en Europa, Oriente Medio y África, siempre con una apuesta marcada por la luz, la sobriedad formal y la sostenibilidad .

En Rabat, esa filosofía se traduce en una torre estilizada, ligera en apariencia, donde la verticalidad no resulta agresiva, sino fluida. La fachada, concebida como una piel tecnológica, no es solo estética: regula la luz, optimiza el consumo energético y contribuye a la eficiencia global del edificio.

Frente a esta visión internacional, Hakim Benjelloun aporta el anclaje local. Arquitecto formado entre Casablanca, París y Estados Unidos, ha desarrollado una práctica marcada por la diversidad de proyectos desde hoteles y residencias hasta grandes complejos y por una constante: integrar el edificio en su contexto cultural .

Su enfoque se percibe en la torre en la atención a los espacios, a las secuencias interiores y a la armonía entre volúmenes, una lógica muy presente en la arquitectura marroquí tradicional. No se trata de reproducir formas del pasado, sino de reinterpretarlas en clave contemporánea.

Por la redacción
El 15/04/2026 a las 12h49